"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

31 dic. 2010

Sexo por compasión y feliz 2011


De vuelta al hogar después de 47 días de hospital y con un brazo -de momento- inútil se abre un abanico de posibilidades prácticamente infinitas para aquello que denominamos "sexo por compasión". Para ser sinceros, el sexo por compasión no acostumbra a funcionar. Es un truco demasiado burdo que siempre es descubierto en la primera frase- ¿Que a ustedes les ha funcionado el sexo por compasión? Entonces es que realmente estaban ustedes casi muertos o bien la otra persona se habría acostado con ustedes con o sin compasión. Por eso al volver la infecta ratonera que tengo por piso, lo primero que pasó por mi cabeza no fue "¿como diablos me las apañaré ahora con un solo brazo?" sino... "¡por fin tengo un argumento de peso para conseguir sexo por compasión!". Así que comencé a llamar  todas mis amigas pero la única que tengo me contestó algo así como que no pensaba acostarse conmigo ni aunque me faltasen las dos piernas y los dos brazos. Ten amigos para eso. Ahora quedan unas horas para el fin de año y he decidido ampliar mi plan "sexo por compasión" al ablandamiento de  los corazones de las féminas debido a la fecha pero sobretodo a la desmedida ingesta de alcohol.

Y ahora pregunto, lisiado en mi cama, solo y en los albores de una nueva década: ¿alguna puede ofrecerme sexo por compasión? (también se acepta sexo sin compasión e incluso remunerado siempre que no sean ustedes muy caras).

Sea la respuesta que sea... feliz 2011 y espero que el nuevo año les sea mas ventajoso que el que abandonamos. En mi caso será fácil.


26 dic. 2010

Es de bien nacidos....


Existen diferentes maneras de felicitar la navidad, mas aun en la era de las nuevas tecnologías que nos ha tocado malvivir. Donde antes llamábamos a la puerta del vecino o descolgabamos un teléfono ahora enviamos sms o correos electrónicos con nuestra cara pegada encima de una foto de Brad Pitt en smoking felicitando lo que sea (quien no haya photoshopeado una foto suya con un famoso que levante la mano). Todo es más fácil y también pierde parte de su valor...

Mi intención este fin de año especialmente difícil era felicitar a todos y cada uno de esos ángeles que me han hecho de enfermeras en el hospital por casi dos meses, así que me hice con los correos electrónicos de todas y cada una de ellas (sabido es que los enfermeros no celebran la navidad, son demasiado hombres para eso) y les envié a ellas el mail que a continuación reproduzco.

"Queridos ángeles. Nunca podré agradeceros lo suficiente cuanto me habéis cuidado, soportado, olido o manipulado en estos 47 días de hospital. Gracias a todas, sois la mejor medicina. Os deseo lo mejor para el 2011 y si alguna quiere que le devuelva el favor aquí me tenéis para oleros o manipularos si fuese menester. Mil gracias."

Entiendo que para algunos de ustedes, mis queridos e insensibles animales de compañía, el final del mensaje pueda ser interpretado de manera indecente. No era mi intención. Dejen de pensar siempre en lo obvio y abran sus corazones a la ternura en estas fechas... no siempre tengo porque ser un gilipollas.

Bueno... no exactamente.

Lo malo es que mis hechos reafirman mi apellido. Hay algo que no los he contado pues como bien saben, todo texto de agradecimiento tiene una firma y donde debía decir "un saludo, Fernando gilipollas", el cansancio de escribir con la mano izquierda me hizo escribir "un salido, Fernando gilipollas". ¿A quien se le ocurrió hacer los teclados con la U junto a la I?

Curiosamente todas me han contestado y ninguna parece haberse dado cuenta del error. ¿Por qué será?

Felices fiestas a ustedes también, mis queridos animales de compañía.

Un salido...






Mil gracias a todos esos ángeles que me han cuidado todo este tiempo: Sandra, Laura, Natalia, Rosa, Silvia y muchas otras (y otros) de los que me cuesta recordar sus nombres pero nunca olvidaré sus sonrisas. Y un agradecimiento especial a Elena, mi maravillosa "enfermera" de ayer, de hoy... de siempre, la única persona en todo el pais (aparte de abogados y ONGs) que sigue enviando felicitaciones navideñas (por correo) año tras año.

21 dic. 2010

Gilipollas accidentado (15) De vuelta a casa.

Sigo en el hospital. Pero ni se apenen ni tampoco se preocupen (si es que alguna vez lo hicieron) he descubierto una vena masoquista en mi que hace que disfrute (hablo de placer) cuando una enfermera me pincha, corta, agujerea, hurga en mis heridas o simplemente ignora mis continuas insinuaciones sexuales.

Cuando ingresé en el hospital todo parecía un suplicio, yo soy de esos que debe emborracharse para reunir el valor con el que enfrentarme a una mujer o a una aguja, el resultado siempre es el mismo, las mujeres me rechazan con un amable "aparta borracho de mierda" y el análisis de sangre da "leves restos de leucocitos en el alcohol".

Pero el 4 de Noviembre tuve un accidente con mi burro José, como ustedes bien saben (o deberían, ingratos seguidores).

Al principio fue terrible pero pronto comenzó la rutina: desayuno, ducha, curas, recuperación con el fisioterapeuta, comida, siesta, pinchazo, mas recuperación con el fisioterapeuta, merienda, ver webs porno, cena y drogas para dormir. Una rutina parecida a la de mis ultimas vacaciones en Mallorca (drogas y dolor incluido). El problema viene en los últimos días pues cuando médicos y enfermeras me preguntan como me encuentro siempre digo que mal, muy mal... terriblemente mal.

Porque en todo este dolor estoy descubriendo un infinito placer.

Lo mas terrible es que precisamente ahora que estaba disfrutando me acaban de decir que hoy o mañana ya tendré el alta. ¿Dónde diablos voy a encontrar el mismo dolor/placer sin tener que pagar? Creo que voy a entrenar a mi burro José para que tengamos otro serio accidente y volver al cálido hogar de las agujas y los enemas a medianoche. Al agradable aroma del alcohol y el desinfectante. Volver a contemplar la sonrisa de las enfermeras mientras hurgan con sus preciosos deditos en mis heridas. Debo ser un completo gilipollas pero ahora que estoy curado es cuando necesito quedarme.

Si en los próximos días no publico demasiados posts no se preocupen, no es que haya recaído sino que estaré jodidamente sano y melancólico.


18 dic. 2010

Gilipollas accidentado (14)

Sala de rehabilitación del hospital. 9.30 de la mañana. Una dominatrix se está cebando en mi hombro con la excusa de no que narices de movimientos pasivos y mientras mis gritos inundan la sala, en una mesa contigua a un recién operado de menisco lo están colocando en una máquina que a intervalos regulares le dobla la rodilla de manera automática.


Esta es la conversación (totalmente real)

Fisioterapeuta 1: ¿A cuantos grados le ponemos? (refiriéndose a los grados que la máquina debe doblar la rodilla)
Fisioterapeuta 2: (preguntando al paciente) ¿Cuantos grados te pusieron ayer?
Paciente (con cara de no entender nada): No bebo alcohol.
Todos reímos menos el paciente.
Fisioterapeuta 1 (obviando el  bochornoso momento): Pongamos 100.
Fisioterapeuta 2: Eso es mucho. A ver si le van a quitar 6 puntos por exceso de velocidad (haciendo broma con un exceso de velocidad por encima de los 100 Kms/h y la consiguiente pérdida de puntos del carné de conducir).
Todos reímos menos el paciente.
Paciente: Mejor, que me han puesto 12 puntos y así ya se me quitan la mitad, que tengo miedo. Ponlo a 100.
El paciente se refería a los puntos de sutura, claro.

En lo que respecta a mis puntos he perdido 3 puntos en el ataque de risa... que aun me dura. Puntos de sutura, aclaro.

Y luego resulta que soy yo el gilipollas...

16 dic. 2010

Gilipollas accidentado (13)


Creo que me he enamorado de todas y cada una de las enfermeras que hay en este hospital, incluso de una cuya profesionalidad está en entredicho por el simple hecho de limpiar las heridas con escupitajos y papel de periódico en vez de con gasas y suero desinfectante.  No seré yo quien la juzgue pero incluso de esa me he enamorado. Soy perfectamente consciente que hablar de amor en el post número 13 -desde que estoy ingresado- es tan arriesgado como tener de pareja a Belén Esteban en el Scrabble. Pero como dicen en la guerra:antes de la última carga: "la victoria será para los valientes o los gilipollas".

Cada vez que entra una enfermera a mi habitación, en vez de sentir miedo ahora siento un infinito amor que crece en mi interior hasta convertir las sábanas bajo las que me escondo en una tienda de campaña para 12 plazas. De acuerdo, lo reconozco, quizás confunda amor con sexo. Quizás lo que en realidad deseo es fornicio con todas y cada una de ellas. Pero recuerden que las enfermeras son mis ángeles y los ángeles carecen de sexo. Además, las pastillas de colores y los ponies rosas que observo revoloteando a mi alrededor no ayudan a distinguir entre amor y sexo.

A no ser que encontrase un ángel caído. ¡Claro! Ahí estaba la solución, convertir a una de las enfermeras en Lucifer, el ángel caído. Un ser vicioso y malicioso que en la oscuridad de la noche corrompe el alma de los benditos. Justo lo que necesitaba. Convertir el amor inducido por las drogas en sexo.

Para mi plan escogí a Gumersinda, una hermosa (y simpátiquisima) enfermera rubia del turno de tarde. Gumersinda no es si nombre real pero atendiendo a lo sucedido prefiero utilizar este discreto seudónimo.

¿Cómo hacer caer a un ángel del cielo? Haciéndola caer literalmente al suelo y figuradamente en mis brazos. Cada tarde a eso de las 4, Gumersinda aparece por la puerta de mi habitación con su mejor sonrisa y empujando un carrito que alberga varios paratos para tomarme la temperatura, la presión arterial, el ritmo cardíaco, la saturación de oxigeno en sangre y no se que mil zarandajas mas. Lo extraño es que en la pantalla digital del aparatito aparecen números de colores en vez de un gran corazón rojo que diga "Gumersinda, te amo". o "Gumersinda deseo fornicar contigo", vamos. Suerte que esos aparatitos no miden la presión sanguínea en... bueno, ahí abajo.

Mi plan para hacer caer a Gumersinda en mis brazos consistó en robar una larga venda que enrollé alrededor de una lámpara, una pata de mi cama, alrededor también de un grifo de servicio, del televisor, de un suero y de los pomos del armario. De esta manera y con tan solo estirar de la venda se tensaba una serie de tiras  entrecruzadas que harían caer a la víctima en mi tela de araña. Un ángel caído en toda regla. Y yo la araña con mi aguijón llenito de... veneno.

Pero hubo algo que no contemplé en tan perfecta ecuación y esto fue que mi rapidez y reflejos después de 3 operaciones y 42 días de hospital no son las de siempre.

Gumersinda cayó... y tanto que cayó. Pero no en mis brazos. No llegué a tiempo. Ahora Gumersinda está internada en una habitación contigua a la mía con su hermosa nariz fracturada, uno de sus bellos hombros dislocado, tres de sus finos dedos rotos y los ligamentos de su esbelta pierna derecha destrozados.

He intentado visitarla para comprobar si mi hábil plan de convertir el amor en sexo ha prosperado pero no está especialmente receptiva a mis palabras. Mi ojo morado puede atestiguarlo. 

Seguiremos informando...


13 dic. 2010

Gilipollas accidentado (12) "El dichoso arbolito de navidad"

A alguien en el hospital se le ha ocurrido la genial idea de poner un árbol de navidad junto a la sala de descanso, de camino a los ascensores, para que todos podamos contemplar tan magnifico recuerdo de las fiestas que se acercan. Yo seré un completo gilipollas pero a quien se le ha ocurrido la idea del arbolito es un absoluto cretino. ¿Quién puede pensar que a un enfermo hay que recordarle todo el día las fiestas que va a perderse y las borracheras que este año nunca alcanzará?

Mi plan es perfecto, a un amigo le he dicho que me traiga una botella de colonia barata, a otro amigo unas cerillas y al tercer amigo una revista porno. Ya se que lo de la revista es innecesario para mi plan pero es que llevo demasiados días encerrado aquí, diablos.

En breve las enfermeras del turno de noche aprenderán a manejar los extintores. Seguro que no quedará nada del arbolito navideño. Con la crisis lo han comprado de plástico.





7 dic. 2010

Gilipollas accidentado (11)


Cestas de frutas, ramos de flores, bombones, libros o revistas. Cuando estás en un hospital tus amigos o familiares traen todo aquello que nunca se atrevieron a regalarte cuando estabas sano. ¿Que necesita alguien como yo en un hospital? Una mujer, claro. A poder ser que no sea de plástico. ¿Creen que un tipo después de 34 días de hospital y una erección de caballo puede solucionar tal ansia carnal con un ramo de flores o una caja de bombones o un dragón de peluche? Y encima las enfermeras provocando con esos uniformes blancos y transparentes donde puedes adivinar hasta la marca de la etiqueta. ¿Alguien ha visitado la tienda de regalos de un hospital? ¿Cómo puedes regalarle un osito de peluche a alguien que lo único que necesita es aparcar el autobús del amor en alguien que respire y repita "mas adentro, mas"? No quedan peluches vírgenes en las habitaciones de hospital. ¿Acaso en los hospitales no hay peluqueros o psicólogos o señoras de la limpieza? ¿Y el sexo no es una necesidad para alguien postrado en una cama de hospital? Siempre caminando en la dirección equivocada. Se preocupan mucho del dolor, lo entiendo... ¿pero y el placer?

Acabo de visualizar la idea del siglo. Cuando salga del hospital montaré una franquicia de sex-shops en las recepciones de los hospitales o incluso clubs de alterne. Hasta que eso suceda traiganme muñecas hinchables o mujeres que fuman y tarifican el amor por horas. A poder ser lo segundo y que conserven todos los dientes. Aliviar la tensión sexual con un ramo de rosas con espinas es demasiado doloroso... necesito placer. ¿Quien no?


2 dic. 2010

Gilipollas accidentado (10)


Desde que vi la luz al salir del túnel materno siempre he intentado evitar cualquier forma de ejercicio físico. 44 años evitando moverme mas de lo estrictamente necesario, en cualquier dirección además. No entiendo a esas personas que corren por la calle sin perseguir a nadie ni ser perseguidos, tampoco a esos que nadan a toda prisa como si les persiguiese un tiburón. No hay tiburones en las piscinas municipales, lelos. El ser humano fue concebido para dormir, comer y fornicar. Ese es todo el ejercicio que deberíamos permitirnos. Algunos ni fornicamos y compensamos eso comiendo y durmiendo el doble que el resto de los sanos y estúpidos mortales. ¿Entienden ahora por qué peso 187 kilos?

Pero aquí en el hospital las normas no siguen un orden lógico. Cuando tuve el accidente lo primero que se me pasó por la imaginación fue unas eternas vacaciones en una cama donde hermosas enfermeras me darían de comer y me frotarían con jabonosas esponjas. Nada mas lejos de la realidad. A diario me obligan a levantarme de la cama, me hacen caminar, bajar a la planta de rehabilitación que es lo mas parecido a uno de esos gimnasios que despiertan mis instintos mas pirómanos. No hay cerveza ni bollos de crema ni ollas de cocido. Aqui todo es yogur, espinacas, pescado hervido y agua. Y además cuando pido que me enjabonen el cuerpo me señalan el baño y dicen “no estás tan mal, dúchate tu mismo y además hazlo cada día, gilipollas”.

De repente el hospital se ha convertido en una mezcla de campo de concentración y gimnasio (siempre han sido lo mismo) y esas angelicales enfermeras de las que he hablado en anteriores post ahora son crueles celadoras vestidas con mallas de aerobic.

Deben de haberme cambiado la medicación y ni me he enterado.

Lo único positivo es que en un mes he conseguido adelgazar 125 gramos. Cuando salga de aquí no me reconoceran ustedes. Porque no me conocen, claro.



1 dic. 2010

Gilipollas accidentado (9)

No tenía pensado volver a escribir hasta que saliese de esta condena hospitalaria, no obstante las circunstancias hacen que no siempre las cosas salgan como uno imagina. Lo dice alguien que lleva 26 años pensando que algún viernes por la noche alcanzaré el Olimpo sexual y lo único que he conseguido hasta ahora es que me rompan 43 botellas en la cabeza, me abofeteen 269 mujeres, 12 costillas rotas, 3 veces la nariz fracturada, he perdido la cartera 5 veces y me han roto 3 dientes además de cientos de escupitajos, insultos o empujones. Violencia de género, del género femenino hacia mi, claro. Nunca he conseguido fornicio un viernes noche pero continuo imaginando que algún día coronaré el Everest (alguna noche de viernes, mejor dicho). Por eso asegurar algo es siempre obligarse a superar el inevitable fracaso. Porque ni el amor, ni el sexo, ni la medicina... son ciencias exactas. En un hospital 2 + 2 no siempre suman 4. Y en la copula no siempre un hombre y una mujer son tornillo y tuerca. Creemos que podemos controlarlo todo y hay noches de borrachera que no contenemos ni la lengua ni los esfínteres. Eso si... que bonitas son las drogas aunque vengan en forma de botellín de cerveza o de pastillita rosa que te hace sonreír estúpidamente aunque un doctor esté hurgando en tu herida. 

Aunque una mujer te haya roto el corazón.

No es este post una apología de las drogas. Cada uno que se meta en su cuerpo lo que desee. Aunque después tengan que acudir a urgencias con una botella en el recto. Solo afirmo algo que todos sabemos: cuando estamos drogados el resto del mundo -ustedes: las personas- es mucho mejor.