"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

28 abr. 2011

La mujer que cerraba los ojos al besar



No me han besado demasiadas veces, quizás las mismas que yo he besado. Acostumbra a suceder así. No fueron demasiadas, eso seguro. Y ha sucedido que la otra persona (una mujer, casi siempre) disponía la boca cerrada y los ojos abiertos. ¿Cerrar los labios para besar a otra persona? Siempre. Una mujer decente que haga gala de tal condición solo permitirá que alguien con la profesión de odontólogo traspase tal férrea barrera bucal, nadie más. Esa raza de mujeres que aprietan los dientes para evitar indeseables intromisiones, se casan de blanco y hacen tapetes de punto de cruz. Pero todas besan todas con los ojos abiertos. O un ojo abierto, como una suerte de guiño cómplice.

Pero eso cambió con la última mujer que me besó. O la besé yo a ella. No alcanzo a comprender como se define la propiedad de un beso. ¿Quien tímidamente comienza? ¿Quien apasionadamente finaliza? Sucede lo mismo con una mascota o un libro comprados a medias con tu pareja. ¿A quién pertenece? Por cierto, no me imagino cómo se compra un perro a medias. ¿Uno compra los cuartos traseros y el otro el resto del animal? ¿Y el libro? ¿Uno se queda con las 200 primeras páginas y el otro se queda con el resto? Ahora entiendo por que nunca he podido acabar un libro.

Volvamos a la historia. La última mujer que conocí utilizaba ese lenguaje universal que es el beso transmutado en el contrasentido de quien abre la boca y cierra los ojos. Con la inconsciencia de quien se lanza en paracaídas por primera vez en su vida.

Por cierto, si alguna vez practican paracaidismo recuerden cerrar la boca a no ser que quieran saborear todas las variedades de insectos conocidas. No son especialmente sabrosas.

La pregunté el motivo por el que cerraba los ojos. ¿Saben cuál fue su indigesta respuesta? "Eres demasiado feo". ¿Demasiado? Sé que no soy un apolíneo representante de los perfectos cánones estéticos. ¿Pero a que venía eso de "demasiado"? ¿Si hubiésemos sido pareja debería vivir ella en una permanente y voluntaria ceguera? No me imagino viviendo con esa mujer y un perro guía a nuestros pies. Y después tener la casa llena de libros y mascotas todo partido por la mitad.

¿Realmente soy tan feo? Estéticamente puedo serlo, lo reconozco. Pesar 187 kilos, ser completamente calvo y vestir a la ultima moda de 1975 no ayuda demasiado. Y a pesar de ello la mayoría de ustedes -mis queridas y fieles lectoras- están enamoradas de mí. No es ahora el momento de discutir eso, se que están enamoradas de mí porque han visto mi interior a pesar de no trabajar ustedes en una sala de autopsias. Nos enamoramos de un ideal estético que -precisamente por ideal- no existe. Buscando, vagamos de una persona a otra, besando con los ojos cerrados, y sucede entonces que al abrirlos nos desenamoramos. Dijo Marcel Proust que para el beso, la nariz y los ojos están tan mal colocados como mal hechos los labios. Ningún beso es perfecto. Como las personas mismas: nadie somos perfectos. Como la vida misma también. Besos, vida y belleza. Y es que no hay mas ciego que el que cierra los ojos. O que el que padece conjuntivitis.

Yo siempre beso con los ojos abiertos pero eso es porque no me creo que esté besando realmente a una mujer.


26 abr. 2011

Fútbol



Nunca entenderé qué interés puede tener para un hombre ver a otros 22 hombres corriendo con animoso desespero tras una balón. No consigo entenderlo a no ser que el espectador haya perdido medio cerebro devorado por un zombi. O bien su tendencia sexual le mueva al deseo de entrar en las duchas con esos mismos 22 hombres. El fútbol siempre me ha parecido el ejercicio de estupidez más grande desde que en 1938 la revista Time escogió "hombre del año" a un intelectual llamado Adolf Hitler. Tampoco intenten educarme en la verdad que el fútbol es un deporte de inteligencia y fuerza. No veo inteligencia en vestirse como un colegial y correr tras de una balón y aun menos veo fuerza en alguien que ha de correr cada día para poder continuar corriendo los domingos. Me parecería mas inteligente ganar dinero y que otros corrieran en tu lugar. A esos tipos se les llama “representantes deportivos” y se llevan un porcentaje de lo que gana el jugador. Curiosamente nadie pagaría por ver a 22 representantes deportivos sudando tras un balón. Aun menos me vengan con eso de que el fútbol es sentimiento. No me creo eso de que sentir algo muy dentro tuyo para entenderlo. Muchos de ustedes están contra los toros y nunca han acudido a una corrida. De toros, me refiero. Muchos de ustedes están contra los políticos y nunca han ejercido la política. No hace falta conocer de algo para argumentar una crítica. Vivimos en un país donde la ignorancia es un valor en alza, la envidia también, incluso el mango importado de la India. Vivimos en un país donde los defectos y las frutas tropicales cotizan mas que la cultura o el arte.

Ahora me dirán que el fútbol es el ejemplo de los mejores valores del ser humano. Suscribo eso, claro. Suscribo que unos pocos se embolsen cientos de millones de monedas de oro por correr tras un balón mientras la mayoría de las personas pasan apuros para llegar a fin de mes. Suscribo que las aficiones se odien entre si y lleguen a matarse los unos a los otros. Suscribo que los futbolistas se golpeen, escupan, insulten y menosprecien a sus rivales. Claro que sí. Suscribo todos esos maravillosos valores que conviven en el fútbol. Pero resulta que como es un deporte sin mujeres, me aburre. Debo ser un completo gilipollas pero me aburre ver a 22 jóvenes ricos y guapos pegándose por una pelota.

Para aquellos incultos que solo saben llamar "hiopua" al árbitro deben saber que el Fútbol lo inventó Sir Charles Soccer en 1812 cuando una mujer lanzó un melón pasado por la ventana al grito de "que se lo coma tu padre" y Mister Soccer remató de cabeza marcando un gol por la puerta de una tienda de comestibles sin que la vendedora consiguiese detener el esférico alimento. Además de anotar el primer tanto de la historia del balompié también consiguió estar 2 meses en cama con conmoción cerebral. Siglos después a Mister Soccer le cambiaron el nombre y le llamaron "Don Limpio".

Una cosa que me divierte sobremanera del deporte inventado por "Don Limpio" es acudir a un partido de fútbol para, a los cinco minutos del comienzo, simular que duermo con fingidos pero sonoros ronquidos que sobrepasan los decibelios permitidos por ley. Simular que, haciendo caso omiso de tal magno ejercicio balompédico, leo o escucho la radio o catalogo a los desaforados hinchas insultando a todo cuanto se pone por delante. Y siempre, en todos estos casos, el resto de espectadores me observan con miradas de censura como si yo debiese comulgar con ruedas de molino por el simple acto de haber entrado en un molino.

Las mujeres aficionadas al fútbol, esa es otra. ¿Quien encuentra atractiva a una fémina vestida con una masculina camiseta de fútbol que le va dos tallas mas grandes y que mueve la cabeza de un lado a otro verbalizando espumarajos y escupiendo insultos en arameo? La hermana tonta de la niña del exorcista, vamos. No hay nada mas agresivo que una hincha de fútbol, como si con toda esa agresividad hacia 11 hombres (y otro de negro) quisiesen vengar años de machismo. Encuentro atractiva a cualquier mujer, menos cuando grita viendo a 22 tíos corriendo tras la pelotita. Imaginen que poco atractivas las encuentro.

Debo ser un completo gilipollas pero mañana que hay importante partido de fútbol en televisión (Madrid-Barcelona) pienso meter una buena película de Chuck Norris en mi clásico vídeo Betamax y ver algo moderno e inteligente. Para variar.

Dijo Jorge Luis Borges que "el fútbol es popular porque la estupidez es popular” y aunque no sea yo de citar frases que no entiendo, el completo gilipollas lo suscribe completamente.

22 abr. 2011

Consultorio del doctor gilipollas (8)


Una vez mas aquí vuelvo con el consultorio que tanto les gusta leer. Siempre resulta divertido reirse de las desgracias ajenas ¿verdad animales sin corazón? No se preocupen. Si alguien proclama en voz alta que la tiene pequeña es lícito que nos riamos de ellos. Así pues, comencemos una vez mas con la vergüenza ajena.

Estimado Doctor Gilipollas. Mi problema es que mi mujer, a sus 57 años, se empeña en vestir todos los días como Lady Gagá con un modelito diferente fruto de su propia (y senil) imaginación. Al vestido de filetes de carne ha añadido un vestido de bombillas recicladas y ayer mismo fuimos a comer a casa de unos amigos vestida ella con un traje confeccionado con 10.000 barritas de incienso de lavanda. ¿Qué puedo hacer? 
Querido amigo. Desnúdese usted y póngase una careta con la cara de George Clonney, vestido tan solo con ese elemento coja a su mujer y arrástrela hasta un espejo de cuerpo entero. Cuando ella observe el rostro del apolíneo actor acompañado de las carnes blancas y fofas de usted, ella cambiará -con toda seguridad- su rostro de la sorpresa al desagrado. Es entonces cuando usted debe decir “¿Verdad que resulta desagradable? Pues tu también”. Si esto no funciona, la próxima vez que su mujer se vista con el traje de barritas de incienso, péguela fuego y cambie de ciudad.

Amigo Gilipollas. Me llamo Marta y mi problema es que mi novio se empeña en contarme chistes mientras hacemos el amor.
Querida Marta, mejor reírse en la cama con su novio que de su novio. Si le molesta demasiado pruebe a contraatacar contándole recetas de cocina mientras hacen el amor.

Doctor gilipollas. Creo que mi marido me pone los cuernos con el vecino del primero. A veces salen de noche a tomar unas cervezas vestidos tan solo con unos minishorts tejanos y camiseta sin mangas. Además mi marido se ha dejado bigote y comienza a frecuentar los gimnasios. ¿Qué puedo hacer?
Querida amiga. Hágase lesbiana y déjeme mirar.

Querido Doctor. Me llamo Manuel y el caso es que ahora, en Semana Santa, mi mujer se niega a hacer el amor conmigo diciendo que debemos guardar castidad. Yo soy una persona muy sexual y no creo que pueda aguantar 4 días de abstinencia. ¿Qué me recomienda?
Querido Manuel. Desnúdese por completo, póngase un capirote en la cabeza y entre erecto en el dormitorio conyugal al grito de “¡enciéndeme la palmatoria!”. Si no fornican al menos van a reírse ustedes un rato. Ya sabe, la procesión va por dentro.

Estimado Doctor Gilipollas. Creo que me he enamorado de mi jefa en el trabajo. El problema es que ella solo me grita y me llama idiota porque le entrego informes con sospechosas manchas blancas. No puedo evitarlo. ¿Qué debo hacer?
Nada, está abocado usted al más absoluto de los fracasos. Además de imbécil es usted un salido. Al menos consuélese con que su jefe le aumenta algo aunque no sea el sueldo. No todos podemos decir lo mismo.

Estimado doctor. Me llamo Francisca y estoy dudando si comenzar en el mundo del amor tarificado. No lo haría por dinero sino por vicio. Me gusta acostarme con desconocidos y si además puedo conseguir un poco de dinero y dejar mi trabajo de inspectora de hacienda, creo que eso me haría feliz.
Querida amiga, si es usted inspectora de hacienda puede perfectamente ser meretriz. De hija de meretriz a meretriz no hay demasiado trecho. Respecto a lo de cobrar dinero por acostarse con desconocidos espero que no se aplique a mi persona. Mis consejos son gratis, espero que su conejo también. 






Envíen sus preguntas a completamente.gilipollas@hotmail.es o déjenlas en los comentarios. Y recuerden: cuenten siempre la verdad aunque sea mentira.

19 abr. 2011

Mi nombre es Gilipollas, Fernando Gilipollas.



Siempre he admirado esas películas donde un tipo repeinado con gomina y vestido con impecble smoking se lleva al catre a todas las mujeres que se le ponen por delante, sean amigas o villanas. Incluso a las mujeres que se le ponen por detrás. Exacto: las películas de James Bond. Y jugando  ser  invidente podría ahora preguntarme que tiene ese atractivo agente secreto que no tenga yo. Puede que tan solo gane en volumen al personaje en cuestión pero eso se debe tan solo a que he descuidado algo mi apariencia en los últimos 44 años. Pero, como dice un amigo mio (que cumple condena en la cárcel modelo por atracar bancos): el secreto está en la actitud. Es guapo el que se cree guapo. Sobretodo dentro de un smoking y dentro de un casino. 

La primera parte de mi plan consistiría en conseguir un smoking, atuendo que –aunque actualmente en desuso- resulta indispensable para calzarse apariencia de agente secreto. Aunque sea la apariencia del Anacleto, el agente secreto patrio también merece una oportunidad. Y para ello ya no hace falta acudir a un sastre de renombre que te mide sospechosamente la entrepierna con una cinta métrica. Ahora cualquier chino te alquila un segunda mano de la boda de su primo Lu-Chin y problema solucionado. Puede que sean smokings para enanos que brillan como un faro en plena tormenta. Pero son baratos. Una vez dentro del atuendo me miré en el espejo del ”todo a 1 euro” y -aunque me asemejaba a una morcilla que hubiese pasado demasiado tiempo en la barbacoa- decidí que cumplía los mínimos estéticos para emprender mi aventura. Lo cual, viniendo de mi, no es decir demasiado. Y de esta guisa, con un smoking de tergal dos tallas mas pequeño y los zapatos de charol de mi abuelo, me dirigí al Casino de Barcelona con paso decidido aunque no demasiado firme. Los zapatos me apretaban y el smoking me rozaba en mis partes mas vergonzantes.

Reconozco que hubiese resultado mas aparente llegar al casino montado en un Aston Martin pero sucede que ni tengo coche ni tampoco creo que cupiese en uno así por lo que me monté en el autobús y media hora mas tarde ya estaba en la entrada del casino mostrando mi carné de identidad a un tipo de expresión aburrida que se escondía tras un ordenador.

-Pollas. Gilipollas -dije darme cuenta de la obscenidad que resultaba mi apellido convertido al mito Bond.

El tipo me miró con desgana y me devolvió el carné.

-¿Sabe cuanta gente me hace la misma broma? -preguntó.
-¿Todos?
-Casi todos, pero reconozco que ninguno con su apellido. ¿De donde ha sacado ese traje?
-Bonito ¿eh?
-Yo no me atrevería a decir tanto.
-Dentro de poco me verá salir con dos mujeres del brazo. Eso es lo que importa.
-Ardo en deseos de ver eso.
-Hasta ahora amigo -dije despidiendome de mi nuevo amigo con un gesto como si disparase un arma con los dedos.
-Hasta luego señor Pollas.

Dentro de la sala del casino todo era moqueta del siglo pasado, tipos aburridos con pantalones a cuadros jugando a las tragaperras y algún que otro turista bebiendo en el bar. ¿Dónde estaban las rubias? Cambié 20 euros en fichas y me dirigí a una de las mesas donde podía verse una brillante ruleta dorada rodando sobre si misma. Las fichas eran de 1 euro. O sea, 20 fichas que con el primer movimiento se me desparramaron todas por el suelo. Al agacharme a recogerlas escuché el característico sonido de la tela rasgándose. Alguien rió a mi espalda. Me di la vuelta y vi a una mujer de mediana edad embutida en un traje de color rojo y con un bolso dorado. Puede que no fuese una de esas hermosas mujeres que aparecían en las películas del agente secreto. Pero era una mujer.

-¿Quiere acompañarme? -le pregunté- Quizás me de usted suerte.

La mujer se encogió de hombros y me acompaño hasta la ruleta mientras un sospechoso aire frío se colaba por mi entrepierna. Acababa de descubrir que parte del smoking había perdido su textil integridad.

Aposté un euro al numero 23. Después otro euro al numero 2. Y así los otros 18 euros restantes a números que parecían ni existir en aquella ruleta. A los cinco minutos me había quedado sin fichas. Y entonces sucedió el milagro. La mujer se acercó a mi oído y me susurró lo que sigue.

-Frente al casino hay un hotel, te espero en media hora en la habitación 223.

Y diciendo esto desapareció.

¿Y ahora qué? ¿Acaso el completo gilipollas no puede estar tocado de un breve instante de brillantez en toda su vida? Por fin los cielos se habían abierto y el mismismo Dios me señalaba con su dedo acusador.

Hoy fornicarás, hijo mio.

Media hora más tarde estaba aporreando la puerta de la habitación. La mujer abrió y me invitó a sentarme en un sofá. Yo obedecí inmediatamente. Si me hubiese invitado a arrancarme la piel con un abrelatas oxidado habría obedecido también con igual rapidez.

-Primero tenemos que hablar de dinero -dijo ella.

Dios, en su infinita sabiduría me había enviado a una mujer que además de pretender sexo con el que suscribe iba a pagarme. Imaginé que era una de esas mujeres ricas que aparecían en los realitys de la televisión. Para que luego digan que James Bond es un personaje de ficción. En ese momento levanté de nuevo la cabeza a los cielos y guiñé un ojo. Gracias.

-Son 300 euros la hora -dijo ella.
-Bueno, me halaga usted. Acepto esos 300 y le haré una rebaja del 10%, se lo dejo en 270 euros.
-¿Que estás diciendo?
-De acuerdo, 250 euros y no hablamos mas. Acepto cheques y efectivo.
-Tu me tienes que pagar a mi, imbécil.

Levanté de nuevo la vista al cielo e imaginé al mismo Dios revolviéndose se entre sus nubes acompañado de grandes carcajadas. Gracias señor. Gracias James Bond. Gracias prostituta de lujo.

Iros todos a pasear a la playa. 




15 abr. 2011

Sin ánimo de lucro


Siempre he considerado que todas esas organizaciones de ayuda nacidas sin el más mínimo ánimo de lucro no son más que organizaciones pandilleras que gestionan dinero ajeno y salvan conciencias propias. No hay demasiada diferencia entre el que aparece en la puerta de tu casa pidiéndote dinero para salvar las focas del amazonas de quien aparece en la puerta de tu casa con una pistola exigiéndote todo el dinero. Después de dar cada domingo 30 céntimos al tipo de la ONG de las focas he descubierto que no hay focas en el amazonas. Recuerden siempre este consejo: no crean lo que asegura un tipo que lleva un cucurucho de papel en la cabeza. Pero es este desencanto sobre la generosidad ajena lo que me llevó a imaginar que también yo podía aprovecharme de los demás. ¿Por qué no crear una ONG a favor de mi mismo? No creo ser menos desgraciado que cualquier otro colectivo pues merezco tanto ese dinero como cualquier otro ser humano que se haya equivocado al escoger su camino. Es más, la naturaleza me ha dotado de unos penosos genes que me impiden la vida normal de la que ustedes disfrutan. Ser calvo, pesar 187 kilos y tener el cerebro de un gilipollas no es el mejor regalo de Dios. Lo primero debía ser encontrar un nombre aparente. Después de un exhaustivo estudio de siete minutos y medio decidí bautizar mi nuevo proyecto como "Fundación internacional de apoyo a Gilipollas". Había pensado en añadir "apoyo carnal" pero al final lo descarté para evitar confusiones con el gremio cárnico. Lo de "internacional" es como las gafas de sol para un ciego: innecesarias pero imprescindibles. Atendiendo a que toda ONG o Fundación debe estar registrada para conseguir ayudas y gestionar legalmente sus fondos, me dirigí a la administración donde, ante mi asombro, rechazaron la inscripción porque contenía una palabra "no autorizada".

-Usted sepa disculpar el malentendido -dije plantando mi carné de identidad a escasos centímetros del rostro de la funcionaria- Gilipollas es apellido, no condición.
-Lo siento, el sistema no permite registrar esa palabra.
-¿Acaso creen que si pongo el nombre "gilipollas" en el nombre de una ONG sobrevendrá el apocalipsis?
-No se permiten nombres de asociaciones sin ánimo de lucro que contengan palabras ofensivas. Eso dice el ordenador.
-¿Me está diciendo que mi apellido es ofensivo?
-Lo dice el ordenador.

La experiencia me ha demostrado que puedes intentar convencer a una persona armándote de mucha paciencia o mostrando mucho dinero pero difícilmente podrás conseguir eso con un ordenador a no ser que utilices una lata de gasolina y una cerilla.

-Pruebe con otro nombre -dijo ella en tono condescendiente.
-De acuerdo, entonces "Asociación internacional de auxilio a Gilipollas".
-Creo que no nos estamos entendiendo. Tiene que cambiar la palabra "gilipollas".
-¿Por qué palabra?
-La que quiera -contestó resignada la funcionaria.

El hecho es que salí de allí después de cuatro horas de discusión y después también de que la funcionaria tuviese que ser trasladada en ambulancia por una crisis nerviosa. No había conseguido registrar aun mi ONG (sus ahorros están a salvo) pero conseguí darme cuenta que la estupidez humana no conoce fronteras.

Volví a casa y comencé a escribir los estatutos que quedaron como sigue:

  1. Todo el dinero es mío
  2. Si se presenta fornicio asociado con hembras en las recaudaciones, también es mío. Si el fornicio está asociado a hombres, esas particulares donaciones serán transferidas al bar “Las locas en la jaula”.
Firmado: El tesorero, presidente, vocal y jefe de todo esto. Fernando Gilipollas

Ahora solo debía encontrar un escenario donde exponer mis amargas quejas, ablandar los corazones ajenos y coleccionar monedas de oro cual Ebenezer Scrooge para financiar mis vicios (que son demasiados). De repente, la solución la tuve ante mis propios ojos: este blog.

Desde aquí hago un llamamiento a que contribuyan ustedes de forma monetario y con escaso sentido de la economía a la ONG "Fundación internacional de apoyo a Gilipollas".

El nunca lo haría.


11 abr. 2011

Biografía gilipollas -3- (de 1978 a 1982)


Si son ustedes seguidores de mi biografía recordarán que el último capítulo finalizaba en 1978 con un escenario tan ingrato como una hermana con éxito en la vida, una madre que comenzaba a ignorarme y un padre que danzaba a todas horas alrededor de animales exóticos y electrodomésticos de gran tonelaje. Fue entonces cuando a los doce años tomé una de las decisiones más importantes de mi vida. 

Decidí teñirme el pelo de rubio platino.

Impresionante ¿verdad? De acuerdo, puede que ustedes que viajan a la India para apadrinar pueblos enteros o hacen operaciones a corazón abierto a dos manos, teñirse el pelo es una nimiedad que provoca vergüenza ajena en cualquier biografía. Pero para alguien cuya máxima aventura hasta el momento había sido pillarme el dedo con una puerta y perder una uña, convertirme en un émulo de Marilyn Monroe parecía toda una aventura. Y no confundan este deseo con la fantasía de todo hombre de pararse en una salida de aire del metro y que las faldas vuelen y muestren todo el mondongo a los pasajeros de la ciudad.

¿Por qué fue tan importante ese pelo teñido de rubio? En primer lugar yo tenía doce años y en mi ignorancia confundí el tinte de pelo con amoniaco. En efecto, soy completamente calvo desde entonces y fue en esta infantil desgracia que decidí compensar tal revés comiendo como un animal de circo hasta llegar a los 154 kilos cuando cumplí trece años. 

Fui el único niño que acudió a mi cumpleaños, no cabía nadie más. 

Pronto las ropas ya no me cabían y me vi obligado a improvisar una especie de túnica con unas cortinas antiguas que encontré en el desván.

Mi padre, al verme un día completamente calvo y vestido de tal guisa, decidió que yo resultaría mejor objeto de culto que lavadoras, animales o improvisadas hogueras que ponían los extintores repartidos por toda la casa. Me situó en el centro del comedor y comenzó a danzar a mi alrededor. Mi madre al vernos de tal guisa no pudo menos que exclamar "menudo par de completos gilipollas". 

Había nacido la leyenda.

Pronto acabé el colegio y comencé a trabajar como “niño-agua” en una imprenta. El trabajo consistía en cargar todo el día con una gran garrafa de plástico llena de agua que iba sirviendo entre los pobres operarios de las grandiosas maquinas de impresión los cuales levantaban una mano y gritaban “¡Niño Agua!” y yo acudía presto a servirles tal liquido elemento. Por desgracia el hecho de que no pudiesen moverse me enseñó para que servía la otra garrafa vacía que me habían dado. El “niño-agua” era también el “niño-lavabo”. Perdí el trabajo el día en que confundí una garrafa con la otra. 

Esto sucedió cuando en 1982, con 16 años recién cumplidos y 166 kilos recién ganados. Justo el momento en que se celebraban los mundiales de fútbol en España. ¿Recuerda? Exacto, también el año en que por primera (y única vez) descubrí el sexo. Pero eso forma parte de otro capítulo.



8 abr. 2011

El giro copernicano



Aseguran que solo hay dos maneras de contemplar este mundo que nos ha tocado vivir: la del vaso medio lleno o medio vacío. Después venimos los indefinidos, o lo que es lo mismo, aquellos que cambiamos constantemente nuestro discurso para evitar ser etiquetados o bien para conseguir un objetivo. También -como es mi caso- porque carezco de criterio y me dedico a disparar frases sin sentido para impresionar a mi compañía. Se nos conoce como "chaqueteros" o "sangre de horchata". O simplemente "gilipollas".

Pondré como ejemplo la conversación que he mantenido esta mañana con una vecina.

-Buenos días Fernando -ha dicho ella de manera mecánica con la misma pasión de un hombre heterosexual que llega a consulta del proctólogo.
-Buenos días mi bella y lozana vecina del quinto primera.
-¿Que pretendes saludándome así?
-No quería decir bella y lozana. Lo siento.
-¿Ah... me estás llamando fea?
-Tampoco. ¿Desea usted que la llame fea? Será un placer menospreciarla.
-¿De qué vas, imbécil?
-Intentaba ser amable. Pero si lo desea puedo ser más estúpido aún.
-Eso es imposible.

Primera lección: nunca intenten decir lo que realmente piensan pero aun menos lo que los otros quieren escuchar. Olviden las supuestas virtudes de la sinceridad. Nadie es sincero y aun menos siempre. La sinceridad es como David Bisbal, un bien absolutamente prescindible.

Ir girando nuestra conversación para agradar a la otra persona también es un error.

Una posible solución sería lo que se denomina "conversación espejo". Utilicemos el mismo ejemplo de antes.

-Buenos días Fernando.
-Buenos días vecina del quinto primera (cabe decir que funcionaría mejor si recordasen su nombre)
-¿Cómo estás?
-¿Cómo se encuentra usted?
-Pregunté yo primero.
-Pregunté yo en primer lugar.
-Vete a la mierda.
-Váyase usted a defecar.

Como pueden comprobar, la táctica del espejo no siempre resulta efectiva. Sobre todo porque las mujeres siempre desconfían de nuestras intenciones. Hacen bien.

Es entonces cuando el giro copernicano se presenta como la mejor solución. Observen y aprendan un poco.

-Buenos días Fernando.
-Buenos días, vecina.
¿Cómo estás?
-Como siempre, soñando con sus muslos.
-¿Pero qué dices?
-Le queda a usted de maravilla de nuevo corte de pelo.
-No me he cortado el pelo.
- Ah... entonces hola. ¿Tomamos un café?
-No sé qué decir...
-Claro que lo sabe, hábleme del amor o del corte de pelo de Justin Bieber.
-¿Que pretendes?
-¿Que pretende usted señorita? Solo soy el vecino amable del primero primera. Hablábamos de cortes de pelo. No se confunda.
-Tengo prisa.
-Yo también, prisa por enfundarla en un traje de neopreno y que nademos juntos entre delfines.

Llegados a este punto debo decir que el giro copernicano solo funciona si el giro se produce hacia elementos imposibles y/o contrarios lo cual obliga a nuestra victima a bajar la guardia. Yo enfundado en un traje de neopreno es un elemento imposible, por ejemplo. También es un elemento contrario: contrario al buen gusto.

Se preguntaran ustedes como finalizó la conversación. Esto es solo un ejemplo. Teoría. Ya saben que mi relación con las féminas se basa un 99% en teoría. La práctica se la dejo a las personas más atractivas que yo que curiosamente también son el 99% de la población. O más aún.

De nada.


5 abr. 2011

CHINA (Crónicas de Viajes)




Después de mis dos últimas experiencias en el mundo de los viajes (Italia y Cuba) decidí que la agencia de viajes donde trabajaba “Don Tasas e Impuestos No Incluidos” no era el mejor lugar para planificar mis futuros viajes. Siempre he pensado que para tener éxito en cualquier empresa hay que acudir a las fuentes. No me refiero a las de agua, pandilla de incultos. Es por eso que para mi siguiente viaje decidí acudir al restaurante “La muralla laqueada” que hay junto a mi casa. En efecto, había planificado ir a China. ¿El motivo? Bueno, es un lugar como cualquier otro y siempre me ha parecido fascinante como se comportan esas gentes. En el restaurante salió corriendo a recibirme el camarero que aunque vio que venía solo preguntó “¿mesa para dos?” que son las únicas tres palabras que conoce de nuestro idioma. China. El milenario país donde todos miran mal. A los cinco minutos ya había conseguido trabar amistad con Bruce Lee. Aclaro que no era el Bruce Lee auténtico, que ese hace años que cría algas chinas, pero todos los gilipollas llamamos “Bruce Lee” a cualquier chino. Bruce Lee era otro camarero a quien accedió a darme un par de consejos para viajar a china que eran algo así como “tu mucho guapo” y “mujeres chinas mucho guapas”. De acuerdo, no eran los mejores consejos pero al menos estaban exentos de impuestos aunque he de reconocer que el primer consejo me pareció realmente sospechoso.


Cogí la carta y eché un vistazo al menú. Lo de siempre (bebida, postre y abanico de madera incluidos). Por cierto… ¿por qué hay un plato al que llaman “familia feliz” si aquel revuelto de cosas imposibles de catalogar harían cualquier cosa a una familia menos feliz? A una familia se le hace feliz con un billete de lotería, premiado a poder ser. Bueno, quizás a las familias chinas no. ¿Y qué me dicen del “arroz blanco”? ¿Han visto alguna vez algún arroz que sea azul o morado? Pues eso. Y lo del colmo es el “arroz tres delicias”. ¿Han visto lo que lleva además de arroz? Yo se lo diré: lleva jamón, tortilla, gambas, zanahoria y guisantes. Y si alguien sabe contar eso son cinco delicias, no tres. Y así todos y cada uno de los platos del menú. Puede que no fuese tan buena idea viajar al otro lado del mundo a visitar un país donde eran incapaces de poner un nombre lógico a sus platos. Pongamos un ejemplo con un plato que había en la carta de “El Bulli”: “erizo de mar gratinado”. Aunque sea complejo de hacer un “erizo de mar gratinado” es eso: un erizo de mar gratinado. Lo entienden todos. Un erizo, un mar y un gratinado. ¿Y la tortilla española? Pues eso, española: huevos, patatas y cebolla. No hay nada más español que eso. Que aprendan los chinos.

Es por ello que comencé a desconfiar de aquellas personas pero sobretodo del viaje que iba a emprender. Así que después de la comida en el restaurante y de aprender algunas costumbres ancestrales de tan magno país como gritar, hablar rápido y escupir constantemente, me dirigí a una agencia de viajes para preguntar por los precios de los viajes a china. Calculé que tardaría más de diez años en reunir el dinero solo para el billete de ida. Y sumido en la depresión del marginado fue cuando se me ocurrió la feliz idea para viajar a china gratis: casarme con una China y que sus padres costeasen el viaje. Y mi barrio estaba lleno de chinas, de peluquerías chinas, vaya.

Media hora más tarde me estaba cortando el pelo una amable y servicial china que aunque solo sabía decir “tu muy guapo” conseguimos que el amor se impusiese a las palabras pues me ofreció a pasar a la trastienda a hacerme un masaje y allí, por unos cuantos euros más, se selló nuestro amor de forma amor manual. Debo volver para seguir enamorando a la chinita pero sobretodo porque, a diferencia de todos mis días, aquel día tuvo un final feliz. ¿Para que ir a China cuando tengo lo mejor de China junto a mi casa? Además, ahora que comienza la primavera podríamos llamar a esta incipiente historia de amor como un "rollito de primavera"...

1 abr. 2011

Si no puedes vencer al enemigo, únete a él.



A tenor de los deshonrosos resultados es evidente que estoy perdiendo mi batalla contra las féminas, una derrota abrumadora donde la superioridad numérica y la variedad de las letales armas empleadas por ellas me han llevado a sacar la bandera blanca aunque para ello me haya visto obligado a adelantar 15 días la colada de Abril. Me rindo. Ustedes ganan. Y soy consciente de que las mujeres, a modo de mantis religiosa, no hacen enemigos. Pero permítanme una última voluntad antes de la ineludible ejecución. Dicen que si no puedes vencer al enemigo te unas a él. Entiendo que mi género masculino y mi condición heterosexual pueden excluirme de tan dudoso ejercicio de cobardía tránsfuga. Pero déjenme preguntarles algo...¿Y si en realidad confesase que me acabo de dar cuenta de que soy más gay que una fiesta de la espuma con Miguel Bosé? ¿Que tiene eso de raro? En palabras del famoso filósofo Javier Rigau (además de novio de Gina Llollobrigida) ser gay es algo que imagina doloroso. Pero nada extraño lo cual significa que cualquier hombre heterosexual puede abrazar el universo Barbra Streisand con la fórmula del "menos & más". Menos escrúpulos y más vaselina. Lo cual nos lleva al resumen de que difícil es, pero no raro, y salvando esta dificulta me convertiré en un (falso) gay para conseguir penetrar la fortaleza de los vestuarios femeninos. Da igual el bando si la victoria es el fornicio. Con mujeres a poder ser. En plural a poder ser.

Hasta hace poco yo creía que “ser gay” era un señor ruso que besaba a otros señores. Ya saben el parecido fonético entre “ser gay” y “Sergei”. Hasta que vi a un señor de Murcia besando a uno de Soria en un bar de Sitges. Y les puedo jurar que ninguno de los dos llevaba un sombrero. Así pues lo único que tengo que hacer es besar a otro hombre. No seamos dramáticos, un beso es solo un beso (aunque el bando femenino crea que es un beso es oro) y besar a otro hombre no debe ser más difícil que hacer una paella o programar la lavadora. Solo es cuestión de cerrar con fuerza los labios para impedir que entre nada que no deba y acercar tu cabeza a la de tu homónimo (que no homófobo). ¿Qué más debo hacer? Todo el mundo dice que los homosexuales tienen estilo e inteligencia lo cual limitaría bastante mis capacidades para cambiar de acera. Pero desmontemos eso también. Respecto a la inteligencia tengo mis dudas de que perder aceite sea una señal de inteligencia. Las sardinas pierden aceite y son completamente estúpidas, se quedan dentro de la lata y dejan la llave fuera. ¿Y qué me dicen del estilo? Basta con copiar el estilismo de cualquier revista, comprarse un perrito no más grande que un llavero y llevar unas gafas de sol más grandes que tu cara a todas horas.

Puedo ser un (falso) gay, lo conseguiré y mi victoria sera la de ustedes. Así pues prepárense, un nuevo (falso) gay repleto de tópicos ha llegado a la ciudad y se llama Fernando Gilipollas.