"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

27 jun. 2011

i de infidelidad



Groucho dijo que el principal motivo de divorcio es el matrimonio. Yo iría un poco mas allá. El primer motivo de la infidelidad es el matrimonio. Porque, reconozcámoslo, todos somos unos cerdos de feria en la cama y sucede que a tu esposa no puedes hacerle según que cosas (obscenidades mayormente) precisamente porque es alguien de la familia. Obligado te ves a buscar una desconocida a quien insultar, azotar y poner mirando a Murcia (o ser insultado y azotado y puesto mirando a cualquier otra capital de provincia). La infidelidad no es mas que la necesidad de seguir aparentando. Si nos asegurasen que el azúcar no engorda estaríamos todo el día comiendo pasteles, grandes pasteles de nata y chocolate con una hermosa guinda en lo alto. De la misma manera, si nos asegurasen que cometer infidelidad es valioso como el billetero de un banquero... entonces estaríamos todo el día siendo infieles a diestro y siniestro como el torero de moda que reparte capotes en la feria de San Isidro. Pero como resulta que la infidelidad está mal vista entonces debemos dosificarla como el pastel de chocolate y nata, incluso como si fuésemos diabéticos. ¿Quien quiere casarse cuando puede estar permanentemente casado con todas las mujeres con las que uno se cruza? El matrimonio es la principal causa de la infidelidad, me reafirmo.

Aunque no es mi caso porque para ser infiel primer debes tener la posibilidad de ser fiel y ni  de esa primera y maravillosa prebenda dispongo yo. Aunque he de reconocer que en una ocasión estuve a punto de saborear las mieles de la infidelidad pasiva. O lo que es lo mismo: acostarse con alguien casado. Se preguntaran como conseguí eso pues acostarme con una mujer es -para alguien como yo- una gesta parecida a que Belén Esteban consiguiese sacarse un titulo universitario. Incluso "casi" acostarme.

La conocí donde conozco a todas las mujeres, en un bar. He intentado conocer a mujeres en hospitales, bibliotecas o colegios pero solo he conseguido órdenes de alejamiento, y sondas en el pene. Debe ser cosa de mala suerte o que las mujeres en los bares están medio borrachas y sus escrúpulos decrecen a medida que aumenta la cogorza. No me malinterpreten, nunca me aprovecharía de una mujer beoda: cuando ellas están medio borrachas yo ya estoy completamente borracho. Pero es un hecho probado que las mujeres y yo funcionamos así, mediando generosas cantidades de alcohol.

Ella se llamaba... esperen, que está casada... debería ser discreto... se llamaba X. La mujer X era, como decirlo de manera respetuosa... era grande. Casi tan grande como yo. Y hablo de tamaño, exclusivamente. De habernos acostado seguramente lo habríamos hecho en una cama de mármol. Por fin había encontrado una mujer a mi altura, aunque quizás debería hablar de anchura. Era rubia, con el pelo ensortijado y ojos verdes y al verla entrar en el bar tuve la maravillosa sensación que todo temblaba a mi alrededor como Joan Manel Serrat cantando encima de una lavadora con el programa de centrifugado.  Vale, lo reconozco, es un símil demasiado complejo pero sepan ustedes que el amor no es fácil. Nada fácil: ella estaba casada. ¿Casada? ¿Cual era el problema?


-Mi marido podría descubrirnos.
-Entonces no fornicaremos delante de tu marido.
-Me refiero a que es policía, lo intuye todo, lo sabe todo.
-¿Está armado?
-Tiene una arma grande, muy grande.
-Me refería a una pistola...
-Yo también.
-Entonces me temo que no puedo competir, mi arma no es tan grande. De hecho no tengo ni arma.
-¿Estás operado? -preguntó ella.
-Volvía a referirme a la pistola. Yo no tengo.
-¿Que hacemos entonces? -dijo ella escondiendo mis manos entre sus manos aun mas recias.

Dicen que el amor lo puede todo pero resulta que lo que había entre aquella mujer y yo no era amor del que nace en el corazón sino en otro órgano un poco más a la calidez del sur corpóreo. ¿Que podíamos hacer? Yo nunca digo que no a una mujer a no ser que vea peligrar mi vida y ahora mismo no veía a nadie apuntándome con su arma.

Me refiero a la pistola, dejen ya de pensar en policías con penes en las manos, mentes enfermas.

Fuimos a los servicios a intercambiar fluidos de amor pero pronto descubrimos que allí dentro no cabían dos ejemplares de seres humanos de nuestro tamaño así que decidimos mover rápidamente nuestros orondos cuerpos cual estampida de elefantes en dirección a una pensión cercana. Justo cuando nos disponíamos a entrar en la recepción noté que algo duro intentaba abrirse paso entre mis nalgas y a través de los pantalones. Giré mi cabeza y vi a un hombre gordo, calvo, sudoroso, con unas gafas de sol y una pistola entre mis nalgas.

No hacía falta ser un genio para adivinar que aquel émulo de Torrente era el marido cornudo de policial profesión y como odio que ningún hombre (policía o no) intente introducir cualquier tipo de arma entre mis nalgas, solté la mano de la infiel esposa y salí corriendo de allí como alma que lleva el diablo. Mi mejor marca personal la conseguí aquel día: dos kilómetros en tres horas y media. Puede que piensen que es una velocidad realmente baja pero sepan ustedes que salvé la vida y conseguí que en mi retaguardia continúe existiendo un solo agujero.

Y recuerden amigos, nunca intenten acostarse con nadie cuya pareja tenga un arma mas grande que la suya. Y ahora si que pueden confundir penes con pistolas, la moraleja es válida en cualquier caso.




22 jun. 2011

Indignados (dvd extended version collector's edition director's cut)




Espero que recuerden ustedes la narración de mi anterior hazaña entre los indignados, relato que me trajo más de una crítica. Lo asumo, pero asuman ustedes que tan solo soy un completo gilipollas y como tal no me puedo resistir a seguir metiendo la pata, a seguir metiendo el dedo en la llaga para proceder (de nuevo) a perder unos cuantos lectores y seguidores con un nuevo (y descerebrado) alegato. Consciente soy que el humor acerca posturas y que ser de izquierdas te ayuda a vender galgos de tres patas, pero sucede que siempre me ha parecido más divertido ser abogado del diablo (o el diablo mismo) que un pacifista colocado que se hace fotos en pelotas junto a una china cabreada. Así pues voy a ejercer un poco de abogado del diablo y a ganarme más aún el desprecio de ustedes con el siguiente texto. Seguramente mereceré todo cuanto me digan.

Los que tienen estudios nos cuentan que vivimos en una sociedad endeudada. Tienen razón pero se equivocan cuando intentan definir el tipo de deuda. Porque vivimos endeudados con nosotros mismos, no con los bancos. Vivimos endeudados por el televisor de 56 pulgadas que no podíamos comprarnos pero que ahora lucimos orgullosos en el comedor de un piso que nunca habríamos soñado tener (aire acondicionado incluido). Endeudados por las vacaciones que nos merecemos, no podemos pagar pero finalmente disfrutamos. Endeudados con todo el fornicio que, como no conseguimos, compramos sin el menor escrúpulo. ¿Sabían ustedes que se calcula que el negocio de la prostitución mueve alrededor de cincuenta millones de euros al día en España? Vivimos endeudados por nuestro egoísmo, nuestros vicios, nuestra humanidad... Lo único que podemos reprochar a nuestros políticos y banqueros es haberse aprovechado de nuestro egoísmo. Pero claro, ellos -como nosotros- también son humanos. Humanos como los indignados que cargan contra banqueros y políticos para luego disfrutar con un partido de fútbol donde la suma de lo que cuestan todos los jugadores resulta una inmoral e injusta cifra de cientos de millones. Lo que cuestan, no lo que valen. Indignados también que se movilizan mediante las redes sociales utilizando carísimos smartphones de última generación con tarifa de Internet y doscientas canciones pirateadas en su interior.

Nos desea  Stéphane Hessel en el texto “¡Indignados!” a todos y cada uno de nosotros que tengamos nuestro motivo de indignación. Yo lo encontré: estoy indignado... con la hipocresía y demagogia de demasiados. Yo soy gilipollas pero no intento esconder eso argumentando que los demás son aun mas gilipollas que yo, que la culpa es de cualquiera menos mía. Asumo que no hay nadie más gilipollas que yo y lo proclamo a los cuatro vientos. ¿Qué mérito tiene eso? Ninguno, lo reconozco.

Ahora está de moda apoyar a los indignados desde la comodidad de nuestro sofá  y quien no simpatice con ellos se convierte –de repente- en un demonio insolidario (o un tertuliano de Intereconomia). Pero no seamos gilipollas. Si alguien nos ofrece decenas de caramelos y después de comerlos padecemos un terrible dolor de estómago... ¿de quién es la culpa?

Ahora ya pueden llamarme insolidario. Me lo merezco. También pueden llamarme gilipollas. Lo soy.


20 jun. 2011

Elogio del bar




Ya conocen ustedes de mi afición por fotografiar lavabos ajenos donde acabo la noche (http://lavabosdebares.blogspot.com/). Y si no la conocen, deberían. Tal afición me ha llevado a visitar los peores antros de la ciudad aunque también -y por desgracia- los mejores. Nunca me he sentido cómodo en los modernos bares llenos de modernos bebiendo modernos brebajes. Estoy convencido que donde haya un viejo bar con una roñosa barra de aluminio y una colección de botellitas de miniatura sobre la caja registradora, que se quiten las moderneces. Prefiero los menús adornados con las mismas descoloridas fotos de siempre y camareros ataviados con un sucio chaleco negro y sacacorchos asomando por un bolsillo roto. Bueno, además del chaleco también visten pantalones negros y camisa blanca. Tomen nota que si tan solo visten chaleco entonces son  camareros de despedidas de solteras a los que nunca deben preguntar por el especial de la casa a no ser que sean ustedes solteras o se llamen Miguel Bose. 

Un bar que se precie debe tener el suelo lleno de papeles arrugados, serrín mojado, palillos usados y cabezas de gambas. ¿Recuerdan esos bares donde todo era ruido y humo? Ahora los bares huelen a lavanda y sirven mojitos de colores. ¿Donde se ha ido el macho de toda la vida que bebía coñac (sin quitarse el puro de la boca) y hablaba de manera despectiva de todas las mujeres del barrio como si propiedad suya? Ahora lo correcto es beber cerveza de importación mientras se discute como salvar animales en peligro de extinción. Al que hay que salvar es al machista de bar, hay que salvar los bares de toda la vida, hay que salvar los suelos llenos de serrín y los lavabos que para tirar de la cadena debías estirar de un retorcido alambre que salía de la cisterna.

Y yo os digo: indignaos. Alzad vuestras voces e indignaos por recuperar esos indignos espacios que fueron los bares de toda la vida con aquellas tapas que llevan una semana en el expositor y habían perdido todo su color. La salmonelosis también tiene derecho a vivir entre nosotros. Salvemos a la salmonelosis, al camarero tísico que juega todo el rato con el bolígrafo, al borracho de siempre, a las botellas llenas de grasa y suciedad, salvemos todo eso. O mejor: recuperémoslo. Un país sin bares sucios es como burdel sin mujeres sucias: una pérdida de tiempo. Indígnense ustedes por lo realmente importante. Despierten de una vez por todas. Esto no es solo un elogio del bar. Esto es la guerra.


18 jun. 2011

El vino



La otra noche vi en un programa de televisión a una hermosa mujer que decía ejercer de somelier. Pronto explicaron que se trata del arte del vino. Mi imaginación convierte la realidad en malsanos propósitos cuando hay una mujer y palabras que no entiendo. Además soy demasiado gilipollas para los términos extranjeros de más de una sílaba. Aclarado esto, debo confesar que aquella mujer explicaba como beber vino de manera que me pareció fascinante. ¿Debes estudiar para eso? Yo creía que todos los primates somos capaces de verter el contenido en nuestro gaznate del tretra brick de vino barato para después eructar sonoramente. Hoy en día la gente se esfuerza en especializarse en cualquier cosa para diferenciarse de los demás. Mírenme a mí, sin ir más lejos. Un artista de la estupidez. Y a pesar que odio que me den clases sobre algo que conozco perfectamente (como es beber vino), resulta que la somelier era lo suficientemente atractiva para llamar mi atención sobre aquello que se contaba. Dicen que la letra con sangre entra. Yo opino que entra mejor con una bonita sonrisa. Femenina, a poder ser. Así pues, después de pasar toda la noche soñando obscenamente con los jugadores de fútbol del Alcoyano, alcohol y Esperanza Aguirre (no pregunten), al día siguiente y armado de nuevos conocimientos, bajé a al bar a probar el nuevo artefacto de seducción que acababa de descubrir. 

Me planté en la pegajosa barra del bar y llamé la atención del camarero. Recuerden: un bar nunca es bueno si sus brazos no se quedan pegados en la barra.

-Ponme tu mejor vino.
-Solo hay vino de la casa.
-¿De qué casa?
-De esta casa.
-¿Ahora te has convertido en vinivitovinoculturista?
-¿Quieres vino o no?

Asentí con la cabeza.

El vino era el de siempre, malo de solemnidad. Y repetir los gestos que había visto hacer a la hermosa somelier no mejoró el sabor aunque si me hicieron parecer más gilipollas de lo que ya soy, sobre todo cuando en un momento del ritual me atraganté y una parte del alcohólico elemento salió disparado por mi nariz cual fuente ornamental yendo a parar a un plato de boquerones en vinagre. Vinagre y ahora vino. Debo aclarar que el problema no era yo sino el vino. 

Demasiado barato. 

Mi siguiente misión consistiría en encontrar una de esas bodegas para metrosexuales donde huele a todo menos a vino. No tuve que caminar más que doscientos metros. En las grandes ciudades las moderneces se agolpan unas contra otras. Al entrar en aquel aséptico paraíso alcohólico descubrí frente a mí tenía todo un universo de vinos que desconocía: los vinos con corcho. Dicen que lo más bueno es lo más caro y atendiendo a aquellos precios yo nunca podría acceder a lo más bueno. Nunca antes había gastado tanto dinero en nada, ni tan solo en mujeres. Puede que fuese más barato ir directamente al club "el conejito feliz" y preguntar por Begoña "la fácil".

Ah... el dinero... esa arma de seducción infalible.

-¿Puedo ayudarle? -pregunto (demasiado) amablemente uno de los empleados de la tienda de vinos.

Miré a aquel tipo, elegantemente vestido, rubio y repeinado. Por unos momentos me dio la impresión de haberme sumergido en uno de los capítulos de “El Mentalista” en vez de en una bodega.

-Quiero algo bueno y barato –dije rápidamente.
-Un vino tinto.
-Pues vale.
-¿Cuanto desea gastarse?
-He dicho barato.
-¿Cincuenta euros?
-Barato por Dios. Ni que esto fuese un concesionario de coches. Adiós muy buenas. Que le den morcilla. Y cambie de peinado.

Y diciendo esto salí corriendo de allí.

Recuerden siempre una cosa: sin dinero no hay placeres. La próxima vez que vean a alguien en televisión hablando de los caros placeres de la vida, acérquense a la pantalla y dediquen una sonora pedorreta justo antes de apagar el televisor. Resulta igual de placentero, pero mucho más barato. Como el vino en tretra brick mismamente.






14 jun. 2011

Hijos



Nunca me he planteado la posibilidad de tener hijos. Por lo que me ha dicho, para conseguir una de esas cosas pequeñas (que no son gatos) hay que copular, o ser lesbiana o gay. Yo no copulo, tampoco soy Miguel Bose. Una vez copulé con una muñeca de plástico pero tampoco tuvimos un pequeño gilipollas inflable. Lo sé, que la saga gilipollas no continuase es una bendición para la humanidad. Algunos de mis amigos tienen hijos. No, perdonen… algunas personas que conozco tienen hijos y desde que los tuvieron ahora están siempre sin afeitar, despeinados y visten con chándal. Es curioso como un hijo puede cambiar a los padres. Mientras el hijo evoluciona, los padres involucionan. Por eso creo que es una bendición no haber tenido hijos. Una bendición para mí pero sobre todo para la humanidad que está más necesitada de premios Nobel y modelos de pasarela que de gilipollas o cantantes melódicos.

¿Creen que serviría para educar un hijo? Yo tampoco.

Por cierto, el otro día uno de esos amigos que los fines de semana empujan un carrito de supermercado y visten chándal me dijo que hay una gran diferencia entre educar y enseñar. Yo la desconocía. ¿Saben ustedes la diferencia? Es fácil, si su hija vuelve a casa diciendo que ha recibido una clase de educación sexual en el colegio usted sonreirán amablemente pero si les dicen que el profesor les ha enseñado el sexo en clase entonces ustedes tendrán motivos para salir de casa con el juego de cuchillos de cocina colgados del cinturón en dirección a la escuela. Y aunque esto parezca contradicción no lo es: ustedes deben educar y dejen a los profesores enseñar en paz siempre que eso no implique bajarse los pantalones. Yo no serviría ni para educar ni para enseñar.

Por primera vez en la vida creo que mi sequía sexual es algo provechoso.

Y recuerden a ustedes que tienen hijos: nunca hay que levantarles la mano a no ser que sus hijos entren en casa a las 2 de la mañana, hasta arriba de drogas, con un cuchillo y amenazándoles para que le den dinero (creo que con esa última broma acabo de perder 200 lectores mas, no aprendo...)



9 jun. 2011

El pincel




Dicen que para conseguir ser bueno en algo has de acercarte a los maestros. Hubo un tiempo que los busqué maestros en las puertas de los colegios hasta que me detuvieron. He de decir que no mejoraron las cosas cuando explique en la comisaria que buscaba el secreto del sexo en las puertas de los colegios. Después de este bochornoso incidente descubrí que no se referían a maestro de escuelas sino de vida. Y yo sabía donde encontrar al maestro. Hay un tipo en mi barrio que consigue todas las mujeres que quiere, incluso las que no quiere. Es guapo, alto, delgado y tiene un flequillo negro y brillante por el que matarían la mitad de los hombres del planeta.

Ayer por la mañana lo encontré apostado en la barra de un bar, bebiendo de una copa que parecía algún tipo de licor, comiendo aceitunas y observando a todas las mujeres que había allí dentro. Iba vestido con tejanos, una apretada camiseta negra y mocasines. Lo que se denomina un “pincel”, vaya. Yo no cabría dentro de esos pantalones ni que estuviese una vida viviendo en un poblado de Nigeria.

Me acerqué al maestro, pues.

-Hola maestro

El tipo me miró con desprecio y movió ligeramente la cabeza a modo de saludo o quizás es que estuviese espantando una mosca o haciendo pasar una aceituna gaznate abajo.

-¿Puedo hablar con usted?
-Que quieres.
-Aprender. Quiero ser como usted.

El tipo dejó la copa, dejó las aceitunas y me miró con tanta intensidad que por unos instantes creí íbamos a enamorarnos. 

-Un momento chico -dijo finalmente-, yo te conozco, te he visto varias veces en el bar, intentando ligar patéticamente con todas las mujeres que encuentras a tu paso. Sobre todo con las mas desafortunadas.
-Y nunca lo consigo.
-Nunca lo consigues. ¿Sabes por qué?
-Ilústreme, oh gurú del sexo.
-Porque yo soy guapo.
-Pero yo soy listo.
-Tú mismo vas diciendo todo el día que eres un completo gilipollas. ¿Verdad? Te conozco.
-Puede que tenga usted razón, pero me queda la dignidad.
-¿Me puedes decir que dignidad hay en eso?
-No, ninguna.
-Pues eso.
-¿Y qué puedo hacer?
-Creer en Dios. Solo un milagro arreglaría lo tuyo. De momento invítame a otra copa.

Le invité a otra copa, a cuatro copas más. También a aceitunas, a dos botellas de vino, gambas, una espalda de cordero y doce carajillos de anís. El hombre me habló de las mujeres, de la vida y de la muerte, de fútbol y de pechos grandes, de mentiras y mujeres casadas. Me habló de todo cuanto necesita saber un hombre para conseguir ser más hombre en el sentido mas vetusto del término. 

Y para colofón me dio a entender que yo nunca conseguiría todo eso.

-¡Nunca! -protesté.

- Nunca... ¿y sabes por qué?

No contesté, lo sabía perfectamente.

Si se conoce a un hombre por las compañías que frecuenta (sobre todo cuando cree que nadie le ve) entonces espero que nadie me estuviese viendo en esos momentos. No hay nada mas bochornoso que un gilipollas llorando en los hombros de un fantasma borracho. Pero eso no fue lo peor de todo pues me pasé los siguientes nueve días en la cocina fregando platos y pagando aquel convite que no había podido permitirme mientras el pincel continuaba ligando con todas las mujeres del barrio.


6 jun. 2011

Indignados



Indignados. Esos jóvenes con el pelo tan largo como cortos los pantalones quienes desde el pasado 15 de Mayo han acampado en las principales plazas de nuestro país. ¿Indignados? Indignado me tienen a mi. ¿Qué derecho tienen a pretender exponer sus razones por delante de las mías? Llevo mucho mas tiempo que ellos reclamando fornicio y nadie me hace caso. ¿Alguien ha visto un gordo con una bolsa de papel acampado en una plaza? Claro que no, porque siempre he creido que eso de que “el que no llora no mama” es demasiado gay para mi forma de ser.

A pesar de eso, ayer mismo por la tarde me planté en la Plaça Catalunya, en el centro mismo de Barcelona e izándome grácilmente a una estatua necesitando tan solo la ayuda de una grua y cincuenta personas, me dispuse a regalarles con una de mis esplendidas arengas. No me pregunten el motivo pero rápidamente cientos de personas se agolparon en torno a la estatua (y como consecuencia alrededor mio) imagino que movidos por la curiosidad de ver mi inminente caída de la misma mas que por mi discurso. Aproveché para comenzar el discurso que a continuación reproduzco.

“Todos tenemos derecho a alzar nuestra voz, incluso los afónicos o los mudos. El mismo derecho a mostrar públicamente nuestra indignación respecto a la política y a los políticos, respecto a la economía y a los banqueros o respecto al porno y a sus vigorosos actores. Todos disponemos de un motivo por el que indignarnos. Yo el que mas, créanme. Soy gordo y hace casi 30 años que no fornico. ¿Qué me dicen ahora? Por cierto si alguna joven está dispuesta a…” 

Gritos y abucheos comenzaron a ocultar mi voz. Unas protestas que apenas duraron unos segundos, al parecer lo que yo decía les parecía interesante. O eso o es que se aburrían en aquel lugar mas que un intelectual en un debate de “La Noria”.

“De acuerdo, volveré a mi discurso preguntándome una vez más lo mismo que se pregunta la sociedad. ¿Por qué están ustedes indignados? ¿De qué se quejan ustedes? Ahora mismo tienen una chabola de muchos cientos de cientos de metros cuadrados en las mejores plazas de la ciudad. Ahora mismo no trabajan y permanecen todo el día tumbados discutiendo de sueños y sexo de los ángeles. ¿Indignados ustedes? Por supuesto. Indignados de no poder estar el resto de sus vidas tumbados de acampada. Deberíamos estar el resto indignados por trabajar de sol a sol. Ustedes viven de sus padres sin pegar palo al agua. Deberían estar indignados por ser jóvenes y delgados y fornicar todo el día como conejos haciendo que gente como yo se muera de pura envidia. ¿Indignados? Y un carajo. El indignado soy yo... malditos perroflautas hijos de papa sin trabajo ni ganas de tenerlo, rojos fornicadores del diablo...”

Al pronunciar estas últimas palabras unas cuantas voces disonantes (como dos mil o tres mil) comenzaron a protestar y patalear. Nada que una potente voz como la mía no pueda esquivar, así que continué alzándome un poco más por encima de la multitud.

"¿Indignados? Indignados deberían estar ustedes de llevar más de quince días en esta plaza y no haberse duchado."

Y pronunciando estas últimas palabras, la enfervorecida masa de indignados me alzaron en volandas cual grácil entrenador manteado por sus pupilos. Y fue en esos momentos -que también varios enclenques desfallecían por mi peso y a mi paso- que caí en la cuenta que aquellos perroflauta no me regalaban la loanza de una gloria ganada (y merecida). En vez de eso nos dirigíamos a un estanque cercano al grito de "el gordo al pilón". Acabé ahogado en dos palmos de agua estancada y rodeado de palomas. La única persona que intento ayudarme fue un reportero de Intrereconomia. 

Esa fue mi gloria y esta ha sido mi contribucion al movimiento del 15-M.

M de "mamones", claro.


2 jun. 2011

El gilipollas y las series de TV (5)




Los Ángeles de Charlie: Tres macizas que parecen salidas de un catálogo de colores de tinte para el pelo se dedican a ponerse bikinis y trabajar para un señor al que no se le ve la cara. Diez años después de que acabase la serie descubrí que eran una suerte de agentes secretos en vez de prostitutas de lujo. Confundido me tenían. Desde entonces quiero tener tres novias en vez de una. Tengo ninguna.

Alf: Va de una viuda con la nariz muy grande que come gatos mientras gente invisible ríe.

Magnum: Esta va de un detective privado en Hawai que es muy guapo pero no lo suficientemente bueno para ganarse la vida de detective. Vive de gorra en casa de otro y lleva pantalones cortos porque no tiene dinero para unos largos. Conduce un Ferrari que tampoco es suyo. ¿De donde sacaba el dinero para la gasolina del Ferrari? Lo mejor de la serie era el bigotazo que se gastaba el morenazo. La vendían como una serie sexy para mujeres pero todo era demasiado gay.


El ala oeste de la casa blanca: Después de 5 años viéndola me di cuenta de que era una serie, pensaba que era un telediario.


El internado: Es como "El barco" solo que en tierra firme. No, esperen... "El barco" es como "El internado" solo que en el mar. Son series donde actores de casi treinta años fingen ser adolescentes y van todo el día en ropa interior. Se supone que era una serie de misterio. El misterio fue lo que duró en antena. Demasiado, me temo.

Starsky y Hutch: Va de dos policías que se conocen en la peluquería haciéndose el tinte y la permanente y deciden compartir un coche rarísimo y hacerse amigos de un negro. Eran muy simpáticos y siempre cogían a los malos: nada que ver con la realidad. 


Big bang theory: La piedra angular del frikismo. Va de cuatro gilipollas que quieren fornicarse a la vecina. Un documental, vaya. Un día aparecerá Pocoyó en la serie y nadie se sorprenderá.


Glee: Esta va de otros frikis que están todo el día en un instituto pero en vez de estudiar cantan canciones que son tan cursis que me tuve que hacer un análisis de sangre después del tercer capitulo porque creía que me había vuelto diabético. Es un catálogo de lo políticamente correcto, aparece un negro, un gay, un paralitico y un votante del PP. Y todos cantan juntos, aunque el del PP desafina y mira al negro de reojo, como siempre.


Corrupcion en Miami: Esta serie iba de un señor que era pareja de un cocodrilo. Vivían los dos en un barco. La serie no sirvió para otra cosa que para poner de moda la horterez de llevar camisetas con americana. Gracias a Dios la moda duró solo lo que duró la serie. En realidad creo que cancelaron la serie porque la moda se acabo. O porque el cocodrilo se comió a Don Johnson.

El gran héroe americano: Esto va de un profesor que va de moderno porque se ha dejado el pelo largo y encuentra un traje de superhéroe pero como tiene el flequillo demasiado largo no puede leer el manual de instrucciones. Para que ustedes se hagan la idea es como ir a comprar un mueble al Ikea y perder la llave allen. La serie solo merecía la pena porque salía una morena que estaba mas buena que sentarse en el lavabo a primera hora de la mañana después del café y del cigarrito.

Como conocí a vuestra madre: va de unos jóvenes que son amigos y se lían entre ellos y están todo el día en el bar. Lleva 6 años emitiéndose y aun no se donde se han metido Joey, Chandler, Phoebe, Monica, Rachel, Ross y el pato.


Críticas anteriores

El gilipollas y las series de TV (4) 

El gilipollas y las series de TV (3) 

El gilipollas y las series de TV (2) 

El gilipollas y las series de TV (1)