"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

30 jul. 2011

Los libros de autoayuda, el colesterol y un tonto a las 3




A cada día que malgasto, encuentro a alguien que me dice que me estoy equivocando. Bueno, tampoco hace falta ser primo de Freud para saber que me estoy equivocando, pero al igual que mis almorranas, mis equivocaciones son mías y he aprendido a convivir con ellas de manera razonablemente dolorosa, aprendiendo a reconocer lo que puedo comer o no. No necesito a nadie que me diga cómo vivir mejor a no ser que esté dispuesto a pagarme unas vacaciones en el Caribe, rodeado de hermosas jamelgas. Tampoco hace falta que sea en la otra parte del mundo, con que sea en el club de carretera “Caribe” y las jamelgas sean la Jenni, la Yoli y la Yurena, tengo más que suficiente. El precio es razonable. Pero sucede que aun nadie me regaló nada, tampoco ningún dentista me regaló un dulce sin azúcar por portarme bien en su consulta. Quizás eso se deba a que nunca he ido al dentista. Pero no se preocupen por eso, cada semana cepillo los tres dientes que me quedan con precisión odontológica. Desconfíen ustedes de quienes regalan cosas, sobre todo si son consejos.

Y es que el mundo está lleno de pequeños aprendices de filósofos para quienes los libros de autoayuda son como la gasolina para un bonzo. Les dices que te gusta apoyarte en una barra de bar a beber una cerveza tras otra te cuestionan si eso no es fruto de la inseguridad, y que la realidad es que estás huyendo de una realidad que no te gusta. Están equivocados, me gusta la cerveza, me encanta ese sabor amargo y helado llenando el interior de mis mejillas y bajando por mi garganta. Si hacerme una colonoscopia fuese igual de placentero estaría todo el día en el hospital permitiendo que un desconocido metiese un tubo, una y otra vez, por esa vergonzosa parte de mi anatomía. Y eso no me convertiría en un inseguro, en un frustrado ni tampoco en un vicioso. Bueno, puede que lo último sí.

Lo que quiero darles a entender es que estoy completamente harto de la gente que lee libros con títulos como “desaprender para decrecer” o “las siete claves de la felicidad ayurvedica”. Sexo, dinero y una buena cerveza. Aun sobran cuatro.

El otro día, en el autobús, un tipo se sentó a mi lado e inmediatamente me cambié de asiento. El tipo no tenía nada especial, podría haber sido el rey de Dinamarca y habría continuado sin tener nada de especial para que yo tomase la decisión de cambiar de asiento. Entonces una mujer comenzó a decirme que lo que acababa de hacer era un sentimiento de homosexualidad reprimida. Ella estaba leyendo un libro que se titulaba “el lenguaje del cuerpo”. El único lenguaje del cuerpo que me interesa es el de mis codiciosas amigas del Club Caribe. Pero no le dije eso a la mujer, simplemente le recomendé que cambiase de peluquero y me bajé en la primera parada.

Comienzo a estar harto que todos me digan lo que debería hacer o me digan que lo que hago es fruto de escondidos traumas que debería expulsar de mi interior. Durante toda mi vida, cada mañana, después del cigarrillo y el café, expulso de mi interior lo mejor de mi y nunca he encontrado un trauma. Y eso que fumo y tomo café desde los siete años. Tengo 44 años y soy consciente de que muchas de las cosas que hago tienen un motivo, pero es un motivo mucho más simple del que cuentan los libros. Sexo, dinero, una buena cerveza y tabaco. Y aun quedarán tres claves que les regalo a ustedes envueltas en un bonito papel rosado y rodeado todo por un precioso lazo de color purpura. ¿A que suena cursi? Igual de cursi que cuando ustedes me dicen que siento mi corazón bombeando con fuerza dentro de mi pecho porque tengo problemas de la infancia no resueltos y la angustia me está avisando. Miren ustedes, siento el corazón bombeando con fuerza porque peso 187 kilos, me alimento solo de hamburguesas y estoy a media hora de una crisis cardiaca. ¡Por dios! Si hasta me he visto obligado a contratar a un chino del bar de la esquina para que me ate los cordones de los zapatos y recoja las cosas que me caen al suelo. El análisis de mi sangre no dice que tengo problemas de infancia no resueltos, tampoco habla de mis inseguridades ni miedos, en lugar de eso dice que tengo colesterol, azúcar y que mi hígado comienza a parecerse al primo lejano de Bob Esponja. Así que dejen de dar consejos leidos en libros comprados a peso en la sección de autoayuda del Fnac y en lugar de eso invítenme a una cerveza. 

Eso sí que me ayudaría.



27 jul. 2011

Un poco de todo



Dicen que solo se vive una vez (por mucho dinero que tengan). Si esto es cierto entonces he de confesar aquí y ahora que he desperdiciado mi vida de manera realmente estúpida. Todos hemos perdido el tiempo de manera poco -o nada- inteligente, ustedes también (borren esa sonrisa de suficiencia de sus rostros). Todos hemos dejado cosas por hacer. Incluso las mas sencillas. Caminando por la calle, se cruzan con la persona maravillosa que nunca han visto antes ni volverán a ver. Y en vez de decírselo aun a riesgo de conseguir una bofetada o una orden de alejamiento, pasan de largo y en la siguiente esquina un autobús con los frenos estropeados les convierte a ustedes en un amasijo de vísceras. Si nos hubiésemos detenido a decirle a esa desconocida lo maravillosa que nos parecía habríamos matado dos pájaros de un tiro (o al menos evitado la muerte de uno de los pájaros). Pero no lo hicimos. El ser humano es un animal reacio a hacer algo hoy si puede dejarlo para mañana, sobretodo si se trata que le hagan una operación a corazón abierto o le electrocuten en la silla eléctrica. Pero sucede que lo que no hagamos hoy puede que mañana sea imposible. Seguro que muchas de ustedes (femenino plural) habrán escuchado esta frase de noche. Los hombres la utilizamos de manera indiscriminada para conseguir fornicio. Es de esas mentiras comúnmente aceptadas del tipo "no te preocupes que no duele" o "una última copa y ya". A pesar de ello sigue siendo una verdad a medias (verdad casi absoluta si se pronuncia a la luz del Sol). Lo que no hagamos hoy, mañana será imposible. Puede que lo que hagamos mañana sea parecido, pero nunca será igual.

¿Qué  hacer entonces? Mejor no decir ni hacer todo cuanto nos apetezca en el momento. El mundo ya es suficientemente caótico. De momento reprimamos nuestros deseos y continuemos viviendo en la represión de necesidades y sentimientos. ¿Es eso lo que queremos? Los que creen en religiones, seguro que si.

Mi universo favorito son las rubias que caminan solas por la calle. Ayer mismo me crucé con una de esas hermosas rubias y al instante sentí unos irrefrenables deseos de decirle que era hermosa. No lo hice. La experiencia me hace ser precavido. Me quedé helado, en medio de la calle, incapaz de mover un solo músculo. ¿Y si ahora llegaba ese autobús sin frenos? Posiblemente aquella mujer hubiese agradecido unas palabras bonitas, de camino al trabajo. Pero en vez de eso continuó su camino incómodamente establecida en la cotidianidad mientras yo me refugiaba en un bar a salvo de un descontrolado autobús imaginario. Si quieren reunirse antes con el creador prueben el sencillo truco de jugar a "a ver quien tiene cojones de aguantar mas la respiración bajo el agua" con la tripulación de un barco atunero en plena tormenta en el mar del norte. Pero no jueguen con el destino de los autobuses urbanos. Solo se vive una vez... a no ser que seas el coyote de los dibujos animados de Correcaminos. Digan lo que piensen, sin anestesia.
La próxima vez que alguien les diga algo bonito no sean desconfiados, en vez de eso den las gracias y regalen una sonrisa, sobretodo si se lo dice un gordo sudoroso vestido con bermudas y camiseta imperio llena de manchas.



24 jul. 2011

La mujer de la foto




En los últimos días el buzón de mi casa ha pasado a convertirse en el objeto más sugestivo que haya conocido nunca después de una batidora en modo "nata motada". Si tuviese la capacidad de enamorarme de objetos, seguro que hoy me enamoraría de ese buzón abollado y con la pintura desconchada que invita al cartero a meter su mano de manera impúdica en “Fernando Gilipollas 1º 1ª”. Y a pesar de que no anuncia “George Clooney 1º 1ª”, mi buzón se está convirtiendo en la mejor fuente de desventuras amorosas. Quizás recuerden que hace poco recibí un anónimo que me llevó a una limusina y después a convertir lo que parecía una noche de gloria sexual (mi primera noche de gloria sexual hubiese sido) en una resaca de proporciones épicas. Y si no lo recuerdan entonces no merecen continuar en este blog... porque me refiero al post anterior, diablos.

Una nueva y agradable sorpresa en mi buzón, como cuando el arco iris aparece después de una tormenta o cuando el escote de una mujer es tan vertiginoso que adivinas el piercing en su estómago cuando se agacha. ¿Otro anónimo? En cierta manera si, en cierta manera no. ¿Puede considerarse la foto de una desconocida como un anónimo? Objetivamente la persona se muestra, lo cual -en cierta manera- equivale a una firma. Aunque también si no tienes ni idea de quién es esa espléndida mujer desnuda, no deja de ser un anónimo.

Porque, en efecto, la foto que había en mi buzón era la de una mujer desnuda, aunque solo de cintura para arriba. Abismos del destino, su sexo estaba oculto por una especie de tela. Una mujer desnuda aunque no una mujer cualquiera. Estamos tan habituados a ver mujeres desnudas en la playa, en la televisión o en las revistas, que hoy en día el desnudo se ha transformado en algo banal de lo excesivamente común que se nos antoja. Incluso un gilipollas como yo apenas pestañea cuando unos pechos aparecen en televisión. Si hace años hubiesen aparecido esos mismos pechos en ese mismo televisor, el que suscribe habría salido disparado para acariciar la pantalla con el ansia acumulada de quien fue destetado nada más nacer.  Pero la mujer desnuda que había en aquella foto no era cualquier mujer. Era la mujer más rotundamente deseable que he visto nunca. Unos pechos maduros, grandes y maravillosamente colocados a ambos lados de un collar de perlas, unos hombros que pedían ser impúdicamente mordisqueados, de leonina melena azabache, sentada de rodillas en una cama, muslos que invitaban a emprender una peligrosa expedición al sur de estómago rotundo y perfecto. Una madura esbeltez, apena esbozada, que me obligaba a imaginar miles de acordes para componerle la mas hermosa de las melodias. Aunque yo de música solo se poner el CD en el reproductor (y la mitad de las veces lo pongo del revés). Una mujer, en definitiva, por la que cualquiera -gilipollas o no- sería capaz de renunciar a sus más firmes convicciones, incluso convertir al más histriónico de los gays en el defensor de la sagrada heterosexualidad.

Una foto en blanco y negro de una mujer semidesnuda sin ninguna nota. ¿Quién podía haberme dejado eso? Puede que la misma persona que había dejado el misterioso anónimo de mi último post. ¿Y si fuese una casualidad? Alguien la dejó por error o quizás el resto de buzones guardaban la misma foto como artimañita de alguna suerte de publicidad viral.

O simplemente aquella mujer pretendía seducirme con una foto. Ojalá, porque ya lo había conseguido.

Estoy seguro que ustedes esperan alguna historia acerca de cómo encontré a esa mujer o como esa mujer me encontró a mí. Pero no ha sucedido nada de todo eso. Llevo días paseando por la ciudad en busca de esa mujer madura pero, aunque algunas podrían serlo, ninguna es ella. He grabado en mi mente la imagen de su rostro, de sus pechos, de su estomago, de sus muslos… y ninguna es ella, algunas parecen esconder partes de ella pero ninguna es mi anónima diosa. Desde que he visto esa foto, mi mente no puede pensar en otra cosa que en ser el fotógrafo, ser el collar de perlas o ser la ropa que oculta su sexo. Por las noches sueño en meterme en la foto y besar a esa mujer, besarla en todos y cada uno de los rincones de su esplendida anatomía. Podría soñar con hacerle el amor. Pero resulta que, aunque está desnuda y diciendo “ven”, no quiero más que coger su cabeza entre mis manos y besarla. ¿Quién es esa mujer?

Pronto llegan las vacaciones y pienso dedicar todo el agosto a recorrer infatigablemente el país en su busca. De Cádiz a Bilbao. De Burgos a Lérida. Pienso gastar todo el tiempo libre del que dispongo en encontrar a esa mujer, no tengo nada mejor que hacer pero es que tampoco quiero hacer otra cosa. Y cuando por fin la tenga frente a mi, sin pronunciar ni el “hola” de rigor, la cogeré por esas espléndidas caderas y me regalaré un infinito beso en sus labios.

Quizás es que paso demasiado tiempo en soledad…


pd. La foto que encontré en mi buzón es la que acompaña este post. ¿Conocen a la mujer? Si el amor es ciego... ¿por qué la visión de esa foto es lo mas parecido al amor que nunca sentí?



21 jul. 2011

Altruismo sexual


Reconozco que un texto que comienza juntando las palabras "altruismo" y "sexo" puede resultar chocante para el lector habitual. No me refiero al sexo por compasión del que escribí en un post a mi salida del hospital (hace ahora unos siete meses). Altruismo no es compasión. El altruismo va mucho más allá de la simple generosidad o la común caridad. El altruismo es propiedad del que más tiene y a quien más le sobra. Para que nos entendamos, el caritativo da unas monedas a quien pide limosna a las puertas de la iglesia, el generoso le compra un bocadillo a ese mismo tipo y el altruista encarga a su bufete de abogados que constituyan una ong para ayudar al mismo pobre. La diferencia, además de la cantidad de dinero que se invierte, radica en el actor: el caritativo lo hace él, el generoso va a un lugar para que lo hagan y finalmente el altruista mueve ligeramente el dedo índice para dar una orden. Como pueden ustedes comprobar, cuanto mas se tiene, menos se trabaja. Nada nuevo, vaya.

El altruismo sexual no consiste en sexo por compasión ni aun menos en que alguien te acompañe al club "el conejito feliz" para que te invite a retozar con Paqui "la sucia". En realidad el altruismo sexual consiste en que alguien mueva los hilos para ayudarte a fornicar y que parezca un accidente.  No debes verle dejando caer unas monedas en tu roñosa mano ni tampoco acompañándote a comprar un bocadillo. ¿Es esto posible? Se preguntarán ustedes. Hace poco me sucedió algo que se acerca al altruismo sexual aunque no exactamente.

En el lugar donde resido mis vecinos suelen conocerme por "gordo estúpido", "ese tonto de los bares", "aparta de ahí" y los mas allegados me conocen como "el completo gilipollas". Pocos conocen mi nombre de pila. Es difícil recordar el nombre de pila de quien te repugna, resulta mas sencillo utilizar adjetivos. Y a pesar de que pocos saben donde vivo o como me llamo, un día, al salir de casa para dirigirme a mi trabajo habitual (emborracharme en el bar), me encontré una misteriosa carta en asomando por el buzón. Tiré de ella (hace cinco años que perdí las llaves del buzón en una refriega con seis carteras hormonadas). Decía así:

"Estimado señor gilipollas. Llevo meses observándole y he llegado a la conclusión que para la salud del barrio, de la ciudad, del país, lo mejor es que su sequía sexual sea carnalmente regada lo antes posible. Para ello solo tiene que esperar frente a su casa el próximo día 12 a las 10 de la noche". 

El anónimo no venia firmado. Obvio. ¿Quién era el autor de aquello o que pretendía? Mi sequía sexual no es solo conocida en mi barrio sino también en el mundo entero (o eso quiero creer) gracias a este blog. Cualquiera podía ser el autor de la nota pero no todos me conocen. Me gustan los misterios pero no tanto. A pesar de ello, a las 12 de la noche del día 10 me planté frente al portal de mi casa y esperé a que sucediese algo. A las 8 de la mañana del día siguiente seguía allí por lo que pronto llegué a la conclusión de que alguien me había tomado el pelo. Volví a leer el mensaje hasta que me di cuenta que en realidad decía el día 12 a las 10 de la noche. ¿Ustedes son perfectos? ¿A que no? Pues dejen de reír.
Dos días mas tarde y a las diez en punto de la noche volvía a estar frente a la puerta de mi casa. Está vez si. Puntual como la regla en la noche de bodas, apareció una gran limusina negra que se detuvo frente a mi. Una puerta se abrió. Entré dentro donde una espectacular rubia vestida con una especie de bikini plateado me ofreció una copa de champagne francés. ¿Qué había hecho yo para merecer eso? Podría haberle preguntado a la rubia, o al conductor, incluso podría haberle preguntado al mismísimo Dios pero con la acumulación de desgracias he aprendido que preguntar siempre es la peor de las ideas, sobretodo si has conocido a la mujer a las cuatro de la mañana en los alrededores del Camp Nou.

-¿La bebida es gratis?

La mujer asintió con una picara sonrisa y fue en ese mismo momento que me di cuenta que esa misma pregunta iba a ser también el comienzo de mi desgracia. Nunca preguntes, gilipollas. La mujer me dijo que la habían contratado para hacerme 900 de las 1000 posiciones el kamasutra durante toda la noche. Contesté que me sirviese un whisky doble mientras daba las gracias a todos los dioses que recuerdo. Cuando me llevé el vaso a los labios, de repente se abrieron los cielos y ese Dios a quien no había preguntado antes, me tocó con uno de sus dedos.

-¿Que es esto, por el amor de Dios? -pregunté levantando el vaso de whisky con ambas manos como si ofreciese un bebé en sacrificio.
-Whisky japonés -dijo el conductor mirándome por el retrovisor- 7900 euros la botella.
-¿Puedo beber todo lo que quiera?
-Todo lo que quiera, señor -contestó el conductor.

La limusina comenzó a abandonar mis dominios en dirección a la playa. El conductor también me informó que teníamos una suite reservada en un hotel de lujo a pie de playa. Resumiendo: una mujer increíble, el mejor whisky del mundo y una suite a pie de playa.¿Que podía salir mal? Y mientras bebía aquel maravilloso brebaje y comenzaba a flotar entre los brazos de aquella diosa me asaltó una duda que podía echar todo al traste. ¿Quién diablos era mi benefactor?

-¿Quien paga todo esto? -pregunté.

La maciza y el conductor continuaron en silencio. ¿Y si fuese uno de mis lectores quien pagaba todo eso? No, eso no... la gente con tanto dinero solo se conecta a Internet para comprobar el valor de sus acciones. Puede que fuese el resultado del sorteo de un adinerado caprichoso. Tampoco... la nota lo decía claramente "llevo meses observándole". ¿Me habían estado espiando? ¿Quién? ¿Dónde? ¿Cuándo? El alcohol, la calentura y la paranoia no son las mejores aliadas de una noche de verano. Acabé vomitando en el jacuzzi del hotel con el ansia de quien pretende llenarlo para hacerle después una foto. Soy especialista en estropear los mejores momentos de mi vida, nadie como yo para eso, por eso estoy donde estoy y no en cualquier otro lugar. Se que a ustedes mis desgracias no les apenan en la medida que creen que todo es ficción o porque las desgracias ajenas liberan las propias. Adelante: lean, sonrían y -si lo desean- comenten. Después pueden abandonar esta página y respirar, liberados de toda tragedia.

No volví a ver a la maciza, tampoco la limusina. Nunca volveré a probar un whisky como aquel ni a bañarme en un jacuzzi tan grande con vistas al mar (aunque el jacuzzi no estaba lleno de agua, precisamente). Ahora llevo días plantado frente al buzón de mi casa esperando a que un anónimo altruista vuelva a ser generoso con un completo gilipollas.

Pero lo único que encuentro es a un cartero trayendo facturas. Un día tras otro. ¿Alguien me invita a un whisky? Aunque sea malo... prometo no vomitar en sus bañeras.





19 jul. 2011

Esto es un catalán, un americano y un valenciano...


Acabo de ver la foto de Joan Laporta en la portada de un barco regalándonos a los pobres asalariados con un catálogo de excesos que todos soñamos con alcanzar algún día. Y eso solo lo que se ve. Varias preguntas me vienen a la cabeza. La primera es si conseguiré olvidar la imagen de esa barriga cervecera mas propia de Torrente con sobrepeso que del elegante Laporta. También me pregunto cómo estando embarazado de ocho meses (calculo yo a grosso modo) le permiten beber alcohol y fumar puros. Que mal ejemplo para las jóvenes independentistas de nuestro país. Bueno, sean del país que sean. Por cierto, hablando de independentismos no puedo evitar sonreír al ver que el independentista Joan Laporta fuma puros cubanos y bebe champagne francés. Me encanta ver como estos personajes que dan la espalda a cualquiera que no pida el referéndum por la independencia de Catalunya después viven con excesos que nada tiene que ver con beber cava catalán, fumar puros patrios o veranear en el pirineo. Acabo de ver la foto de Laporta fumando habanos, bebiendo champagne e imagino que comiendo caviar directamente de los pechos de las jóvenes que le acompañan en su yate fondeado en Formentera y la siguiente foto que visualizo es la de este orondo independentista conduciendo un Ferrari camino de Suiza donde ingresar la fortuna que ha amasado con sus cargos de modesto sueldo. Pero más delgado. Alguien que hace una campaña electoral con una actriz porno (María Lapiedra), fuma puros, bebe Moet y vive a costa de todos nosotros, merece el máximo de los reconocimientos. En el fondo es la evolución del completo gilipollas. Un Completo Gilipolllas versión 2.0. No se equivoquen, lo mio no es una crítica: le admiro.


Otra de las peligrosas noticias que he leído hoy mismo es el anuncio de Quentin Tarantino donde dice que va a rodar una nueva película con KevinCostner. La noticia tiene varias lecturas. Sobre todo si uno se ha dejado las gafas en la mesilla. Personalmente creo que es una de las noticias más peligrosas que he leído en los últimos años. ¿Acaso no tuvimos suficiente con miles de niños llamados Kevin que ahora han crecido lo suficiente para ser los nuevos políticos o banqueros que nos lleven de nuevo a la tragedia? ¿Quién es el presidente del país? Kevin Costner de Jesús Sánchez Heredia. Da miedo solo de imaginarlo. Porque la realidad es que poco importa que creamos que bautizar a un hijo con el castizo nombre de  “Kevin” sea signo de debilidad o incultura. La película la dirigirá Tarantino y los modernos o los frikis también tienen hijos, incluso los cultos tienen hijos. Ahora que los Kevin de su tiempo están rondando los veinte años se avecina una nueva generación de Kevins que les sucederá. ¿O es “Kevines”? Y yo le digo a Tarantino: reflexiona amigo mio, está muy bien eso de resucitar actores que han caído en desgracia pero España no merece esto. Al menos espero que Kevin Costner ofrezca una buena interpretación, pero solo una, dos ya sería un exceso. ¿Alguien sería tan amable de traducirle todo esto al señor Tarantino? Gracias.


Respecto al escándalo de los trajes de Francisco Camps, pues que quieren que les diga, a pesar de que el tipo en cuestión tiene una sonrisa mas falsa que mi lista de amigos de Facebook y tampoco es santo de mi devoción (la naturaleza me pone en contra de tipos como este), me parece exagerado que a alguien puedan ponerle en la picota por aceptar unos trajes. El tipo está bronceado, es delgado y los trajes le quedan siempre bien. ¿Con que diablos quieren que le sobornen? ¿Con pastelitos de manzana? ¿Con llaveros de los Gremlins? Porque desengañasen queridos míos: el oficio de político implica un beneficio personal mas allá de lo legal. De la misma manera que el oficio de un antidisturbios implica el uso de la violencia más allá de lo moral o el oficio de indignado implica el abandono del aseo personal mas allá de lo razonable. Todos nos aprovechamos de nuestros particulares trabajos porque la ambición es la máxima de todo humano que se precie. Otra cosa es que el señor Camps no quiera devolver los trajes porque es donde oculta una cantidad de dinero de difícil justificación. Pero qué diablos… incluso los políticos corruptos tienen derecho a tener trajes con bolsillos de doble fondo.  No sean tan radicales y dejen al señor Camps dormir en paz. Todos tenemos derecho a defender lo indefendible.



17 jul. 2011

LIBIA (Crónicas de viaje)




Hoy les voy a hablar de las primas de riesgo. No se preocupen, no les voy a aburrir con un tostón sobre economía. Me refiero a esas primas del pueblo cuyas curvas se disparan en la adolescencia y tienen más riesgo que hacer un remake de “Cantando bajo la lluvia” con Gremlins en vez de actores. Ya lo dice la cultura popular: "Cuanto más primo, más me arrimo”. En Catalunya decimos también “Quan mes cosins, mes endins” (“cuanto más primos, mas dentro”). La cultura popular, sea del país que sea, nunca se equivoca, recuerden siempre eso. Mi prima se llama Susana y la última vez que supe de ella vivía en algún pueblecito perdido del Pirineo. Años atrás nos habíamos conocido más de lo necesario gracias a unas fiestas de pueblo y unos whiskys de garrafón. Después perdimos el contacto hasta que un día mi madre, respondiendo una llamada telefónica me dijo que era mi prima Susana. Cegado por el recuerdo de aquellas curvas, arranque el teléfono de la mano de mi progenitora para volver a escuchar la voz de mi prima. Solo habían pasado 20 años pero su voz continuaba igual que siempre: masculina e inteligible. Hablamos sobre cosas intrascendentes mientras mi madre se recuperaba de la caída por las escaleras que le había provocado yo al quitarle el móvil de golpe. Susana me dijo que vivía fuera de Barcelona pero que quería verme. De repente a mi mente volvieron imágenes de dos adolescentes metiéndose mano en la cuadra, metiéndose la lengua en el bar o vomitando juntos en la calle. Casi lo había olvidado, Susana era una de las pocas mujeres por las que había sentido un amor auténtico. Aquella mujer tenía que volver a ser mía.

Para mi desgracia, antes de que se cortara la comunicación pude entender que vivía en Libia. Así que lo siguiente que hice fue saltar por encima de mi madre que se quejaba al final de las escaleras porque acababa de romperse la cadera y salí corriendo a una biblioteca para descubrir que Libia era un país en el norte de África donde precisamente se estaba librando una revolución contra un señor llamado Gadafi, ese dictador con nombre de Pokemon y apariencia de folclórica que no ha envejecido demasiado bien.

Encontrar la manera de llegar así como visados y documentación no fue tarea fácil. Solo puedo decir que llegue a un convulsionado Trípoli en poco menos de tres semanas a bordo de un carguero italiano donde tuve que ganarme el pasaje haciendo de cocinero, camarera, dama de compañía y bailarina exótica. ¿Acaso ustedes no han hecho ninguna locura por amor? No pregunten más.

Los combates eran constantes en las calles de Trípoli, de día y de noche, decenas de señores con bigotes, barbas y turbantes en la cabeza, o bien vestidos de militares, o con camisas de rebajas del Zara y pantalones de tergal, se disparaban los unos a los otros mientras las ambulancias iban cruzaban entre ambos grupos llevando a los heridos de un lado a otro como si Dios estuviese jugando al ajedrez con ellos. Bueno, mas bien Mahoma. 

Lo primero que hice al llegar al puerto fue buscar un teléfono y llamar a mi prima. Por desgracia los teléfonos libaneses no aceptan monedas de euro así que tuve que volver a improvisar el mismo baile sensual con el que me había ganado el afecto de los marineros italianos. Está vez conseguí varios besos y un puñado de dinares de la población civil con los que llamé a mi prima mientras obuses estallaban sobre nuestras cabezas y unos ancianos bebían te tranquilamente a mi lado como si no fuese con ellos.

Susana contestó a la primera llamada. Dios existe. Vale, vale... Mahoma.

-Prima Susana –grité haciéndome oír por encima de las explosiones- estoy aquí, he venido a rescatarte.
-¿Quién diablos eres?
-Tu primo Fernando.
-¿Qué haces aquí?
-He venido a rescatarte de este país en guerra.
-¿Pero qué narices estás diciendo?
-He llegado a Trípoli hace una hora. ¿Dónde estás?
-¿Trípoli?
-Claro, la capital de Libia.
-Tú eres gilipollas, no vivo en Libia. Vivo en Llívia.

Mi prima Susana vivía en un pueblecito del Pirineo llamado Llívia mientras yo había ido a buscarla al un país en plena revolución en el norte de África llamado Libia. 

-Bueno –dije encogiéndome de hombros- tu espérame, no creo que tarde mucho en volver. Pronto conseguiré mas dinero, a estos hombres les gusta como bailo. Y a mi me gusta bailar para ellos, para que negarlo.
-Felicidades Gilipollas, siempre haciendo honor a tu apellido -dijo ella visiblemente enfadada antes de colgar.

¿Cómo acabo la historia? Bueno, estoy de vuelta en Barcelona contándoles lo sucedido así que podrán imaginar que conseguí salir del Libia sano y salvo. Bueno... tuve que improvisar otros cuantos bailes sensuales para conseguir dinero y favores. 

Pero como he dicho antes, el amor puede con todo.

Aunque mi prima Susana que vive en Llívia no quiera contestar el teléfono cuando la llamo. Llívia, no Libia. No sean gilipollas ustedes también.


14 jul. 2011

Desengáñense, señoras mías (odiosas arenas patrias)


Desengáñense señoras mías: a los hombres no nos gusta la playa. Esto es una verdad ajena a cualquier debate. La playa es el hábitat natural de niños,  mujeres, perros y viejos. Nunca para los hombres. Definiendo "hombre" como ese espécimen escasamente evolucionado que va desde la edad en compra su primera maquinilla de afeitar hasta la edad en que compra su primera dentadura postiza. Y me reafirmo en que todos los hombres de verdad odiamos la playa. Acabo de escuchar a un hombre decir la frase más inteligente de todos los tiempos "iré a la playa el día que la asfalten hasta el agua". Ahí radica la esencia del hombre moderno: donde hay alquitrán hay felicidad. ¿O es que creen que esa arquitectura playera llamada "chiringuito de playa" se creó para refrescar a los bañistas? Pues claro que no, el chiringuito de playa es el oasis para el hombre de verdad. Cerveza, sombra y buenas vistas. Como estar en el bar de la esquina de tu casa solo que con mujeres medio en pelotas caminando frente a ti. Solo la falta de aire acondicionado distancia al chiringuito de playa del nirvana.

Y es que a los hombres no nos gusta la playa en la misma medida que a las mujeres no les gustan los maratones de películas de Chuck Norris. ¿Excepciones? Mujeres que conducen camiones de gran tonelaje o hombres que se depilan las cejas. Raros los hay y los habrá siempre, de acuerdo, pero otra cosa es que eso sea lo normal. Dijo el escritor Richard Matheson en su novela "Soy leyenda" que la normalidad es una cuestión numérica. Hace años habría suscrito esa máxima, pero hoy en día la pongo en el estante de la duda más razonable. No es normal una playa llena de hombres de la misma manera que no es normal un cine porno lleno de mujeres. Desengáñense señoras mías... pero háganlo de una vez por todas. Existen lugares que a los hombres nos producen una sonrisa mas falsa que el graduado escolar de Belén Esteban. Estos son (entre otros): la playa, museos, espectáculos de danza, zapaterías, la filmoteca, la casa de los suegros, las academias de idiomas o una biblioteca. Desengáñense señoras mías, solo las acompañamos a esos lugares para tenerlas a ustedes contentas y que al caer la noche nos proporcionen lo único que nos interesa en una relación estable: sexo gratis.

¿Ven a todos esos hombres en la playa escondidos tras oscuras gafas de sol? En efecto, estamos mirando a cualquier mujer que no sea la nuestra. Así que dejen ustedes de preguntarnos eso de "¿donde están los niños?" porque no lo sabemos, nos hemos distraído grabando en nuestras retinas la imagen de la maciza que acaba de quitarse la parte de arriba del bikini. Vigilen ustedes a los niños si tanto les quieren. Desengáñense señoras mías, los hombres en la playa somos meros burros de carga para sillas plegables, parasoles y neveras. Somos esforzados voyeurs carentes de todo estilo que descuidamos de nuestros hijos y observamos tetas ajenas recostados en la sombra de un chiringuito de playa bebiendo cerveza bien fría. Desengáñense señoras mías, entre el lagarto y la mujer solo hay un escalón en la linea evolutiva. Entre el lagarto y el hombre hay miles de especies. Los hombres no necesitamos estar sudando tres horas estirados bajo el mas ardiente de los soles.

¿Pero que es la playa? La playa no es mas que un inmenso escenario donde el insoportable calor hace que la piel se te pegue aun mas a la misma piel, las pocas neuronas que te quedan incluso han comenzado a sudar. Arena que continua entre los dedos de tus pies y los rizos de tus cabellos, aun dos semanas después de haber vuelto de la playa la arena sigue ahí. Una arena que en la misma playa abrasa como si estuvieses paseando con tu familia sobre una alfombra de brasas encendidas en las fiestas de tu pueblo, cargado con cientos de artilugios que tu no necesitas. Ruido, suegras, pelotas de plástico gigantes que te golpean cuando quieres encender un cigarrillo convirtiendo el cilindro de humo en un arrugado trozo de briznas de tabaco.  Niños corriendo. Niños gritando. Niños llorando. Niños meando en el agua. Niños salpicando agua meada. Niños salpicando arena. Niños salpicando niños. Cada vez mas calor, mas ruido, mas incomodidad. ¿A cambio de que?

Para ver macizas desnudas es más fácil y mucho más barato alquilar una película porno y verla en la comodidad (e intimidad) de tu hogar bajo un aire acondicionado que hiela tu nuca. En pleno verano. Con una nevera a mano llena de cervezas. Sin niños, ni calor, ni perros, ni arena, ni suegras, ni ruidos, ni tu mujer...

¿Ha quedado claro? Pues... desengáñense señoras mías. La playa no está hecha para los hombres de verdad. 

11 jul. 2011

Restaurante caníbal



Respecto a mi lucidez he de confesar que no suelo tener muy buenas ideas. Que les voy a contar a ustedes que no sepan ya. Las pocas ideas que tengo se encaminan siempre a conseguir fornicio o conseguir dinero para pagarme ese mismo fornicio. Conseguir cualquier placer con el mínimo esfuerzo siempre ha sido mi máxima en la vida. Conseguir dinero con el mínimo esfuerzo es la guinda del pastel pues el dinero es la llave de todos los vicios.

Vicios. Dinero. Siempre necesito buenas ideas para conseguir dinero. ¿Quién no? Ah, que ustedes no tienen vicios y además invierten todo su dinero en zapatos nuevos para sus hijos o lo donan a la parroquia de su barrio. Pues vale, pues me alegro. Yo no.

Una noche, después de ver una película donde un tipo se dedicaba a cocinar a su vecino y comérselo acompañado de un buen vino blanco me vino a la mente una idea realmente novedosa: crear un restaurante de temática caníbal. Por desgracia, nuestras conservadoras leyes impiden (e incluso penan) la venta de carne humana ya sea cruda o maravillosamente cocinada con excesos de orégano y pimientas varias. Con todo ello, la única solución pasaba por comprar carne "no humana" a la que dar forma humana para que el comensal fantasease con ser uno de los supervivientes del accidente de los Andes o bien ponerse en la piel de Hannibal Lecter. La mente humana esconde angostas y oscuras habitaciones donde nuestros mas inconfesables secretos aguardan su turno pacientemente. Ya puede ser vestirnos de Pikachu y ser azotados por una comadrona transexual o otros aun mas perversos como decir "te quiero".  La ancestral necesidad de probar carne humana se esconde en una de esas habitaciones y yo estaba convencido de que podía ganar mucho dinero explotando esta humana debilidad.

No resultó demasiado difícil el encontrar un carnicero dispuesto a ejercer de escultor cárnico con grandes piezas de ternera. No se nos permitía utilizar personas. Otro problema radicaba en la parte del cuerpo que debíamos reproducir. ¿El rostro? Demasiado complejo. ¿Una pierna o un brazo? Demasiado grande, nadie sería capaz de comer eso. Una mano puede que si. ¿Cortar un bistec en forma de mano? No parecía mala idea. Para rematarlo compraríamos unos anillos de imitación en un bazar chino para ponerlo en uno de los falsos dedos. ¿Pagaría la gente por ello? Todo era probarlo, la novedad está llena de oportunidades para los valientes.

Así pues, me asocié con el dueño del bar de la esquina y decidimos que el primer Lunes del mes ofreceríamos a nuestros vecinos nuestros menús caníbales. Consciente soy que resulta pateticamente modesto empezar en un bar pero mis posibles no daban para mas. Además, el proyecto era demasiado arriesgado para invertir mis escasos ahorros.

¿Que imaginan que sucedió? El más espantoso de los fracasos, han acertado. Nadie quiere comer un bistec de segunda mal recortado en forma de mano y con un anillo de plástico que invita a morir asfixiado. Los habituales salieron despavoridos y los nuevos nunca llegaron. Ni aun cuando en el menú improvisamos platos como "órgano reproductor de funcionario de prisiones" o "deditos de tierno infante". 

¿Dónde radica el éxito de una empresa? En la originalidad no, desde luego. En una salchicha entre dos huevos duros imitando el órgano reproductor de un funcionario tampoco.



8 jul. 2011

Supervivientes



Soy un compulsivo consumidor de Gin-Tonics., pero como cualquier otra bebida alcohólica, que se precie, el Gin-Tonic tiene mil rostros y dos-mil consecuencias. Los mil rostros son los diez tipos de agua tónica y cien tipos de ginebras. Hagan números. De las dos-mil consecuencias mejor no hablamos. Mi ginebra favorita es la más barata pero no por más barata sino por más fiable. Nadie te pone garrafón de una ginebra que ya sabe a garrafón. Respecto al agua tónica olviden las de importación que son mucho más caras que la colonia y saben igual. de mal. Como las mujeres o las hamburguesas: la mejor es también la más barata. Después está la preparación. Hay quien utiliza limones del Caribe, o limas, o pepinos, o cualquier otro vegetal o fruta. Dicen que la ginebra ha de ser aromatizada con una potente base de fruta o verdura. Mentiras. Alcohol y burbujas, poco más. El garrafón tampoco es malo. Lo único que hay que evitar es fumar después para evitar episodios casuales de combustión espontánea. Llega el verano y llega la época del Gin-Tonic. Pero no se equivoquen, el mejor es el mas barato, me reafirmo. Los médicos han confirmado que una dieta estricta de Gin-Tonic ha conservado perfectamente a la reina madre del Reino Unido y a muchas otras momias. Vayan corriendo a sus bares de cabecera y pidan un Gin-Tonic. Frío, con mucho hielo y mucho alcohol. Y no se preocupen si ya están borrachos a mediodía, la maravillosa siesta veraniega es mejor cuanto mas beodo se llega al sofá. ¿Es esto una apología del alcoholismo y de estar todo el día durmiendo? No. Esto es una apología del buen vivir veraniego. Ropa holgada. Gin-Tonics,. Mujeres casi desnudas. Siesta. Y muchas otras (obscenas) cosas que solo se puede decir a las mujeres al oído. ¿Que pretendo con este texto? Pues que se olviden ustedes de absolutamente todo y disfruten del verano. De este verano que, como todos, será irrepetible. 

Olviden este blog, olviden Internet, olviden las obligaciones, quitense la ropa y beban un Gin-Tonic de garrafón en la orilla de la playa.

Invito yo.



5 jul. 2011

Entrevista a Fernando Gilipollas en la revista "Nord Literar" Julio 2011





Por Marcel Olmedo

Nos encontramos, un fotógrafo y yo mismo, con Fernando Gilipollas, en un bar del centro de Barcelona. Nos saluda, se sienta en la mesa y comienza a contestar nuestras preguntas como si nada fuese con él. Deja escapar las respuestas envueltas en aliento de alcohol y desencanto. 

Viéndole así nadie diría que es uno de los bloggers mas activos de España.

¿Cual es su verdadero nombre?
Fernando Gilipollas.

Creía que ese no era su verdadero nombre.
Lo es. Puede parecer una broma pero es mi nombre real. Imagine las risas cuando hago trámites...

¿Y lo de la bolsa de papel en la cabeza?
Para preservar mi identidad.

Pero utiliza usted su verdadero nombre...
Anda, es verdad... no me había dado cuenta. Eso sería como enviar un anónimo firmado ¿no? Hago honor a mi apellido, ya ve.

¿Que le impulsó a crear el blog "Diario de un completo gilipollas?
El aburrimiento. Eso y que quería hacerme famoso para conocer mujeres. Si su siguiente pregunta es si lo he conseguido, la respuesta es: absolutamente no. Bueno, si que las he conocido, virtualmente. Pero entiendame, ese no era el objetivo. Supongo que aun busco a la mujer de mi vida. Aunque me conformaría con doscientas o trescientas amantes antes de encontrarla.

¿Cuantas parejas ha tenido a lo largo de su vida?
¿Cuentan las novias rusas compradas por Internet?

Si.
Entonces ninguna.

Pero no pierde la esperanza...
Los asilos están llenos de mujeres sin memoria ni reflejos rápidos. Queda esperanza, supongo.

No parece muy convencido.
Tengo espejos de cuerpo entero en casa, soy consciente de mis limitaciones. De la misma manera que no tengo cuerpo para ser un deportista de élite, tampoco tengo cabeza para seducir a una mujer. No tengo nada que valga la pena, solo un blog.

Un blog que tiene cientos de admiradoras, mujeres que leen y comentan todos sus textos. En cierta manera las está seduciendo.
Porque creen que tras el personaje se esconde una persona. Eso no es una seducción, es engaño.

Puede que haya exagerado usted su mala suerte.
Soy real. No me refiero a que yo descienda de reyes ni princesas. Todo lo que cuento es verdad. Si no me creen es su problema. Siempre he mentido a las mujeres para conseguir fornicio con ella. Ahora, para una vez que me decido a contar toda la verdad resulta que nadie me cree.

¿Como creó su otro blog donde publica fotos de lavabos de bares?
Le di al botón "crear nuevo blog".

Me refiero a la idea.
Ah, eso... pues porque paso mas tiempo en los bares que en cualquier otro lugar.  Bebo cerveza y vino barato, así que también paso mas tiempo en el lavabo que en cualquier otro lugar de esos mismos bares.

¿Que otras aficiones tiene?
Mirar mujeres por la calle.

Eso no es una afición.
Pues yo soy muy aficionado a hacerlo.

Me refiero a hobbies, deportes, cosas así.
Mirar mujeres por la calle es un deporte, sobre todo un deporte de riesgo si te descubren. Hoy en día lo políticamente correcto está  sobre valorado.

Explíqueme mejor eso.
Hace años un tipo como yo era la normalidad. Ahora lo políticamente correcto hace que gente como o sea apaleado por una horda de feministas solo por decir "menudo culo".

Pero la mayoría de sus seguidores son mujeres.
Ya se lo he explicado, ellas creen que bromeo, imaginan que todo es falso y que tras el personaje se esconde un George Clooney cotidiano que llora viendo "Titanic" y que sabe cocinar.

¿A que atribuye usted el rechazo de las mujeres?
Le daré dos pistas: "gordo" y "gilipollas".

Perdone que le atribuya palabras que no ha dicho pero... ¿está diciendo que las mujeres son superficiales?
Me ofende que ponga palabras en mi boca. Yo nunca diría que las mujeres son superficiales. Lo que pretendía decir es que son todas unas pérfidas zorras que solo escogen a un hombre por su dinero, belleza o posición social.

Puede que pierda lectores cuando lean estas palabras.
Miré usted, he escrito textos de todos tipos, a cual mas incorrecto políticamente, siempre con el ánimo de perder lectores. ¿Sabe que sucede? Que consigo el efecto contrario. Las diferencias acercan. Lo cual me sorprende, yo soy lo mas diferente que existe de una top-model pero es imposible acercarme a una.

¿Nunca ha pensado en escribir una novela o en novelizar los textos de su blog?
Eso suena a demasiado trabajo. Además hay que encontrar editor. En este país se escribe mas de lo que se lee. Un blog es mas sencillo.

¿Que diría a la gente para que leyesen su blog?
Que se contraten un buen ADSL.

Y diciendo esto, Fernando Gilipollas se levanta y se va del bar a toda prisa dejándonos con la boca abierta y la grabadora encendida. Posiblemente lo haya hecho porque no quiera pagar la consumición (ha bebido cinco cervezas) o quizás simplemente sea verdad que es un extravagante y un completo gilipollas. Sea como sea, seguirá siendo un misterio.

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Reproducido sin autorización del autor (aunque como los de la SGAE están con otras guerras  y Ramoncín de vacaciones en crucero... no creo que pase nada)








1 jul. 2011

Cumpleaños feliz



Todos cumplimos años, y no me sirve esa milonga compasiva donde algunos cumplen menos que otros. Puede que lo aparenten mejor, no niego que hay animales de compañía que parecerán mas jóvenes de lo que son. Quizás tres años menos, cinco, diez a lo sumo. Pero existe una evidencia y esta es que si cumples 15 años quien celebre el cumpleaños será un adolescente mientras que si tienes 35 serás un treinteañero y si tienes 90 serás Sara Montiel. Porque aunque con 90 años aparentes ser una adolescente treinteañera con el cuerpo de Demi Moore, no podrás evitar tener el cerebro trufado por el Alzheimer. Podremos rejuvenecer cualquier parte de nuestro cuerpo... nunca el cerebro . Sobretodo si eres tertuliano de "sálvame" o "la noria". Estamos obsesionados con tener un cuerpo mas delgado, una piel mas tersa, un pelo mas brillante, obsesionados por tener la edad que no nos corresponde. Cuando somos jóvenes queremos ser mayores y cuando somos mayores queremos ser jóvenes, y mientras tanto, en la madurez  queremos comprarnos un coche descapotable. Yo una vez quise comprarme un coche descapotable y al hacer números me di cuenta que solo podía comprarme una revista de moda. Al menos con la revista regalaban unas sandalias. También me llevaban donde quería y eran frescas. Quien no se conforma es porque no quiere.

Me divierte sobremanera quienes se quitan dos o tres años, como si con esa pequeña mentira pudiesen evitar lo inevitable. Yo tengo 44 años (o no) y siempre digo que tengo 19 años. Puestos a delinquir, háganlo a lo grande. Además de ser gratis, no es delito. Cuando digo que tengo 19 años la gente se ríe y me dicen que de eso nada, que debo tener 40. ¿Se dan cuenta del truco? Ellos mismos me han quitado 4 años y ya no hay engaño.

Mírense al espejo y pregúntense si representan la edad que tienen. Pero no hagan este ejercicio despues de estar media hora acicalanándose. Háganlo nada mas despertar. ¿Ven a esa momia del espejo? En efecto, ni yo seria capaz de gustarme a esas horas y eso que me conozco de toda la vida. 

Cuando cumplan ustedes años, olvídense del número de años y dedíquense a los regalos. Es mas provechoso. Y recuerden que cuando les digan "¿cumples 76 años? Pues no lo parece..." deben responder "me cago en tu puta madre" intentando que no se les caiga la dentadura postiza al decirlo.

Aunque confieso que mi lista de amigos es mas breve que un postre de diseño, cada año que transcurre me empeño en celebrar una gran fiesta de cumpleaños en un bar cerca de mi casa. Antes lo celebraba en un McDonald's o en un chiquipark pero la experiencia me ha demostrado que juntar a niños con borrachos suele traer desastrosas consecuencias. Ahora nos juntamos todos en el "Bar la comadreja". Todos significa yo y algún despistado que se sienta a mi mesa en ese estúpido convencimiento de que quien cumple, invita. No es el momento más memorable del año, lo reconozco. Gente que ve a un tipo tan físicamente desafortunado como yo con un ridículo sombrerito de papel, sentado solo en una mesa y bebiendo cerveza. ¿Puede haber peor celebración? Les aseguro que no. Pero hay que celebrar, oigan.

Nunca se sabe si algún día una neumática moza se acercará a mi mesa y me susurrara eso de "japi berdei tu yu mister presiden"...