"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

27 dic. 2011

Resúmenes y propósitos




Cuando se acerca el final del año, miles de solitarios que vivimos en las redes sociales comenzamos -sin el menor pudor- a exponer nuestros propósitos para el año que está a punto de comenzar. Puede que un resumen del año a punto de caducar. Somos tan inocentes que creemos que un día en un calendario puede cambiarlo o resumirlo todo. Como si los políticos corruptos fuesen menos corruptos el año que viene porque este año ya han cerrado la campaña 2011 de corrupción. Olviden eso de dejar de fumar y adelgazar o apuntarse a un gimnasio o volver a leer. Eso puede hacerse cualquier día del año. ¿O acaso solo el 1 de enero nuestras ex nos borran del Facebook? Cualquier día es bueno para la desgracia. Cualquier día es bueno para que te despidan, te atropellen o sintonices Intereconomía por error. La desgracia no entiende de fechas señaladas.

Pero es que la felicidad tampoco.

Y como soy un completo gilipollas no voy a resistirme a confeccionar mi particular resumen del 2011.

El 2011 ha sido el año de los indignados quejándose contra políticos y banqueros, de banqueros quejándose de pobres que son incapaces de pagar sus hipotecas y de políticos quejándose de otros políticos. Ha sido el año de la queja global. Eso que nos une y nos convierte en una especie animal donde los gritos y las malas caras son nuestra forma de relacionarnos. Al fin tenemos un objetivo global: quejarnos del tipo que tenemos a nuestro lado porque actúa o piensa diferente a nosotros. O simplemente quejarnos porque a ese tipo le regalan trajes y a nosotros no. La queja tampoco tiene porque ser bienintencionada. Cuestión de perspectiva. Como el cine en 3D.

Pues a quejarse mas, que la risa provoca arrugas y hay que envejecer terso y estupendo aunque para ello debamos estar permanentemente cabreados.

Este ha sido también el año de Mariano Rajoy, ese señor que parece un leñador de Nebraska al que –un mal día- un tronco le dio en pleno rostro. Don Mariano ha ganado las elecciones. ¿Su mérito? Bueno, lo tenía todo a favor y si no hubiese ganado las elecciones los del PP lo habrían puesto de encargado del turno de fin de semana en un McDonald’s. Lo tenía todo a favor, de acuerdo. Cuando eres George Clooney y estas frente a una top-model completamente borracha es difícil no llevártela al catre. Ha dicho Mariano que deberá hacer recortes. Querido Mariano ¿Qué crees que llevamos haciendo los últimos años? Recortando nuestras vacaciones, nuestros vermús y recortando el número de gintonics que nos bebemos en los clubs de carretera. Este año ha sido el año de Mariano Rajoy pero viendo la que se avecina no se si se le presenta el peor año de su vida.

Al menos él tiene trabajo, ahora mismo no es el mejor trabajo del mundo, pero es un trabajo.

Este ha sido el año del auge y la caída de los programas del corazón, dispuestos a todo por una décima más en el ranking de las audiencias. Para todos ellos mi más sinceras pedorretas. Y por favor, que alguien le diga a Belen Esteban que tiene la nariz torcida. O que le regale un espejo para reyes.

También ha sido el año -una vez más- de las redes sociales. Ahora cualquier tonto, como el que suscribe, tiene cientos de "amigos" en cualquier red social que le siguen y le ríen las gracias. De nuevo el 3D y las perspectivas. Digamos las cosas por su nombre: los hombres utilizamos las redes sociales para buscar a nuestras ex novias (y un caluroso reencuentro) y las mujeres utilizan las redes sociales para ver si sus ex novios tienen unas mujeres más guapas que ellas. No sirve para mucho más. Bueno, también para jugar a ser granjero virtual o para comprar gadgets mas innecesarios que una televisión en una noche de bodas.

Ha sido el año de la caza y captura del dictador, un divertido y reconfortante deporte que debería ser olímpico. Siempre ganarían los Estados Unidos. Nos llevan demasiada ventaja en eso. ¿Se imaginan el tiro al plato lanzando dictadores en vez de platos? Yo me apunto siempre que lancen cambien políticos y banqueros. Bueno, y también al perro de mi vecino, que no deja de ladrar por las noches. Es mas divertido matar a los que no piensan como nosotros que dialogar con ellos. Además, si les matas siempre puedes conseguir el premio Nobel de la Paz o una caja de gambas congeladas a buen precio. Ser menos malo también tiene su recompensa.

¿Cómo ha sido su año? Y sobre todo… ¿Qué esperan del año que viene? Dicen los budistas que si no esperas nada, nada podrá decepcionarte. ¿En serio van a hacer caso a alguien que bebe en un cuenco de madera y no sabe lo que es un teléfono móvil de última generación? Yo espero lo de siempre: fornicio. Mucho fornicio, claro. A poder ser con  una mujer. O varias. Pero fornicio al fin y al cabo. Si todos fornicásemos mas habría menos políticos corruptos, menos guerras, menos tontos, pero sobre todo… menos mala leche.

A fornicar y feliz 2012.



22 dic. 2011

Critica de "El Cascanueces" (Teatro Coliseum de Barcelona 15/12/2011)



La otra noche, por pura casualidad, acudí a un espectáculo de esos donde señores hacen moverse a señoras. No se equivoquen, no estuve en ninguna sala de porno en vivo. Era un espectáculo de ballet. Y se preguntarán ustedes que diablos pinto yo en un lugar como ese. En efecto, yo me pregunté lo mismo, aun me lo pregunto. El ballet es solo para un publico ávido de una buena siesta o con una vida tan emocionante como un caracol reptando por un árbol en primavera. Y ahora que lo se, lo afirmo con rotundidad. El ballet es una perversión cultural solo comparable a servir patatas sin ketcchup o a prohibir el topless en las playas. La cultura de hoy en día es es Belén Esteban, los anuncios de esa señora que trae lejía del futuro o los partidos de futbol. El ballet ya no es cultura. Y además, es aburrido. Siguen preguntándose como es que acabé en un teatro viendo ballet ¿verdad? Pues porque me salió gratis, simplemente. No leas aburriré a ustedes con la carambola del destino que me llevó hasta allí pero cuando comenzó el espectáculo con unos señores maquillados como travestís en carnaval y unas esqueléticas muchachas que saltaban sobre la punta de los dedos de sus pies y sonriendo al publico como si llevasen una sobredosis de prozac, pronto me di cuenta de que la noche no iba a resultar memorable.

No les voy a contar de que va "El cascanueces" (que era la obra representada) porque no creo que ni los mismos bailarines lo supiesen pero baste decir con que habían ratas, muñecos y un mago. Vamos, como en un espectáculo de José Luis Moreno solo que sin música de los 80 y sin aceite corporal. Al principio todos iban vestidos con pesados ropajes de época, incluso algunas bailarinas iban vestidas de hombres, vamos... que de nada servía que danzasen porque no había ni un asomo de bragas clásicas en aquel ballet clásico. Pero lo que yo desconocía es que en el primer acto todos van vestidos como en un botellón en un descampado en pleno invierno. Y entonces llegó el segundo acto, momento en que los bailarines aparecieron enfundados en prietas mallas, momento de suspiro colectivo de las espectadoras féminas (y algún que otro desviado) y momento en que yo me hundí en mi butaca y me tapé los ojos para huir de lo que se asemejaba mas a un campo de nabos que un espectáculo de ballet. Dicen que todas las comparaciones son odiosas, pues sepan ustedes que viendo aquellos cartones de tabaco (superaban con creces el tamaño "paquete"), el que suscribe sintió que guardaba entre las piernas la herramienta mas diminuta de toda la ferretería. Si son hombres y en algo estiman su hombría, huyan de los espectáculos de ballet. O eso... o conviertanse en bailarines para enfundarse en mallas rosas sin la menos vergüenza. Así pues me dediqué a intentar ver las enaguas de las mozas mientras a mi lado, una muchacha morena y pizpireta que iba vestida como si acabase de salir de la sección de perfumería de El Corte Inglés (y a juzgar por su olor, de ahí venía), roncaba profundamente. Dicen que "allá donde fueres, haz lo que vieres" e imitando a la bella moza, me dispuse a dormir hasta que el espectáculo acabó. Por eso no tengo mucho mas que contar.

Bueno, si... una cosa, ayer vi en el cine la ultima película de Misión Imposible y  -gracias a Dios- Tom Cruise no sale enfundado en unas mallas. Mi recomendación cultural para estas navidades es que se olviden del ballet y vayan ustedes al cine a ver ostias, explosiones y tetas. Lo demás es pura fachada.

Ah, felices navidades a ustedes también, panda de desviados.



14 dic. 2011

Mamá, quiero ser artista.

 
 
Cuando era joven siempre quise ser vedette de El Molino. Por si ustedes lo desconocen, El Molino era un cabaret ubicado en el Paral.lel de Barcelona donde alegres mujeres (que no mujeres de vida alegre) bailaban y cantaban convenientemente desvestidas mientras jovencitos de dudosa sexualidad daban vueltas cual moscas alrededor de la vedette vestidos con plumas y tangas de color plateado. Era una época donde lo sugerente adquiría todo su significado, una época ahogada por los grandes espectáculos y el porno en Internet. ¿Quien va a pagar para verle medio pezón a una vedette que tuvo épocas mejores cuando en Internet tiene cientos de pezones de todas formas y tamaños? Ahora el arte de sugerir solo funciona en la intimidad de una cena de empresa. El cabaret de El Molino se cerró para siempre y así se mantuvo durante muchos años hasta hace poco, cuando algunas personas con mas dinero que sentido común, decidieron rehabilitar el edificio y volverlo a poner en funcionamiento. Imaginen mi gozo al pasar frente al restaurado El Molino y comprobar que volvía a estar en funcionamiento. Me apresuré puertas adentro y pregunté en la recepción cuando hacía las audiciones para el nuevo cuerpo de baile. Que alguien que con mi físico pregunte por el cuerpo de baile provocaría carcajada, mofa o escarnio, siempre estoy preparado para eso, la gente se ríe de mi físico solo porque no conocen mi intelecto. Si no... se reirían de ambos. Pero para lo que no estaba preparado era para recibir la noticia de que todos los espectáculos que estaba programados ya tenían sus respectivos cuerpos de baile contratados.
 
 -¿Y vedette? ¿Tienen vedettes? -pregunté en última instancia- Yo podría serlo, canto razonablemente bien, no me caigo del escenario y esta misma noche puedo comenzar un estricto régimen de biomanan y leche desnatada.
 -Ya no hay audiciones para este tipo de espectáculos.
 -¿Y mi oportunidad? No se pueden ustedes gastar dinero en restaurar un edificio tan maravilloso como este para luego desposeer a los ciudadanos de sus sueños.
 -Pruebe en la ONG "vedettes sin fronteras".
 -¿Existe?

La mirada de burla de la mujer me dio a entender que no estaba hablando en serio. Intenté protestar airadamente pero dos fornidos muchachos vestidos de negro me dieron a entender que ese no era el camino, cogiéndome de los brazos y lanzarme a la (puta) calle.
 
Por mis 187 kilos que esos gañanes no iban a destruir un sueño. Nunca permitan que dos tios forzudos destruyan sus mejores sueños. A no ser que sus mejores sueños aparezcan precisamente dos señores forzudos, claro.
 
Esa misma tarde fui a una tienda de chinos, compré unos pantys, también compré una almohada que abrí en canal cual psicópata de película barata y con todas las plumas que contenía me las pegué a mi desnudo cuerpo una a una con pegamento superfuerte. Y de esta guisa, encima de unos zapatos de tacón de color rojo y convenientemente tapado con una gabardina, me dirigí al caer la noche a la puerta de El Molino.
 
El espectáculo comenzaba a las diez de la noche y pronto comenzaron a arremolinarse en la puerta los espectadores esperando a entrar. Era mi momento. De gloria o no. Pero era mi momento.
 
-Queridos amigos y amigas -comencé alzando la voz todo lo que podía- es triste de pedir pero mas triste es de robar. Y yo no quiero robar el protagonismo a los profesionales que van ustedes a contemplar ahí dentro así que voy a pedirles que vean mi espectáculo, aquí en la calle y cuando entren en el teatro reclamen también una oportunidad para esta pobre vedette que soy yo.
 
Y diciendo esto dejé deslizar sensualmente la gabardina por mis hombros descubriendo mi cuerpo desnudo dentro de unos pantys de color carne, un tanga de color rojo, dos trozos de cartón dorado pegados a mis pezones y el cuerpo lleno de plumas.
 
Intenté caminar como si estuviera en el escenario, contoneándome y mirando pícaramente al público pero unos tacones que soportan unos zapatos de 5 euros de los chinos no estaban preparados para soportar 187 kilos de gilipollas. Pronto estuve en el suelo y nadie se ofreció a levantarme, no les culpo. Así que rodé sobre mi mismo como el trabajador de una gasolinera que ha olvidado la prohibición de fumar en el trabajo y recuperando la poca compostura que me quedaba, me agarré a una farola y, medio incorporado, comencé a cantar.

Gilipollas soy y aquí vengo
del Paral.lel la artista
a todos entretengo
no soy la mas lista
tampoco pechos tengo
pero soy artista
y a todos entretengo.
 
Se preguntarán ustedes si -gracias a este triste espectáculo- soy ahora soy la nueva vedette de "El Molino". Puede que yo sea un gilipollas pero ustedes serían realmente idiotas si aun creen que me quedaba alguna oportunidad. La verdad es que mi espectáculo acabó en los calabozos de la policía donde, gracias a mi vestimenta de vedette, hice buenos amigos que ahora prefiero evitar a riesgo de que me recuerden lo que sucedió esa noche en la intimidad de nuestra celda. Recuerden siempre que los sueños deben ser buscados por mucho que esfuerzo que cueste. Se lo dice alguien que esa noche acabó durmiendo en los brazos de otros hombres. Les aseguro que esa noche fui la vedette de otro tipo de espectáculo. Y hasta aquí puedo contar...




7 dic. 2011

El bufón




Cuenta la historia que hubo una época en que no existía derechas ni izquierdas, no existían nacionalismos ni nada que acabase en “ismo”, una época en la que tampoco existían los periodistas de Intereconomia (aunque ahora todos parezcan de otra época),  cuenta la historia que en esa época de reyes y señores, de vasallos, perfumadas doncellas y guerreros que descuidaban la higiene personal, en esa época vivía un descarado bufón de inmensas proporciones y tocado con una curiosa bolsa de tela ocultando su rostro. Era una época sin titiriteros, ni políticos, ni tertulianos de programas del corazón y de esta manera el bufón gilipollas era el único divertimento obsceno en la corte.  Tal bufón vivía en una casucha en la parte más sucia, fría y peligrosa de la ciudad, a pocos minutos del castillo. Allí gastaba sus días con la vista fija en un techo de paja esperando a que el rey o sus cortesanos requiriesen sus servicios para reír un rato. El bufón no era especialmente querido entre sus iguales debido a su peligrosa tendencia a reírse de los demás y a también su peligrosa tendencia a acostarse con las mujeres de los demás. Gracias a dios, dentro de los límites del castillo había algunos establos donde yeguas y multas saciaban los instintos del bufón mientras esperaba nuevas víctimas. Ambas necesidades saciaba, así es, pero no se escandalicen, era otra época, una época en la que estaba bien visto acostarte con tu mula o ponerle un yugo de arar a tu señora esposa.

Desconozco si soy descendiente de este peculiar bufón pero a juzgar por mi pinta y mis maneras, creo que algo debo haber heredado de tan curioso personaje. El caso es que hace dos semanas, paseando por mi ciudad, reparé en una especie de tienda de antigüedades donde exponían un palito de madera con la diminuta cabeza de un tipo con una bolsa de papel en la cabeza. ¡Yo mismo! Entré en la tienda y el amable anticuario me explicó que los bufones llevaban siempre consigo esos divertidos palitos con diminutas cabezas que les representaba a ellos mismos. Así fue como conocí del bufón con una bolsa en la cabeza. Para mi desgracia, no pude conseguir el dichoso palito debido a su precio y a que el anticuario guardaba una pistola en un cajón. Después de salir corriendo de la tienda mientras las balas silbaban a mi alrededor, me dirigí a una biblioteca decidido a saber más sobre el maldito bufón de la cara oculta. En poco menos de dos semanas encontré lo que quería. Puede que parezca demasiado tiempo pero como nunca he estado en una biblioteca me costó dos semanas reconocer una.

Cuenta la historia que el bufón de la capucha en la cabeza vivió como pudo, se ganó cientos de enemigos por sus mofas hacia todos y finalmente murió ajusticiado por el rey por sus constantes bromas sobre el peso de la reina. Lo reconozco, no es una magnífica historia. De hecho es una mierda de historia. Pero me sentí profundamente identificado con la gente que se mofa de los demás poniendo en riesgo su integridad física. Cuentan que los bufones eran personas con defectos físicos, normalmente enanos. Ya saben ustedes como es mi físico. Es imposible que mas defectos los tenga una sola persona. Yo también me rio de los demás y llevo una bolsa de papel en la cabeza. Queda claro que yo era el descendiente del desafortunado bufón.

Desde entonces camino por la calle con un tosco palito que pretende ser mi cabeza en miniatura, siempre saltando lo alegremente que mi peso lo permite. Ni que decir tiene que mi reputación no ha mejorado. Es más, me he ganado más de un golpe por reírme de los demás. Pero créanme cuando les digo que este país necesita más bufones y menos políticos. 

No, esperen…

Este país necesita mas risas y menos idiotas. Ahora si. 



1 dic. 2011

¡A caminar por la montaña!

 
 
Ya conocen ustedes de mi animadversión hacia el ejercicio y la naturaleza. Caminar por una montaña combina mis dos peores pesadillas a las que hay que sumar mi desconocimiento de lo que mueve a la gente a caminar por la montaña. Quizás sea el mismo motivo que les mueva a volar en ala delta, a bucear o a ver programas del corazón. Queremos ser los animales que nunca hemos sido, somos, ni nunca seremos. Desde que el ser humano es un ser inteligente y evolucionado, que nuestro hábitat natural son los McDonald’s, los centros comerciales o los bares. Asfalto y cemento, que maravilloso aroma. Los únicos árboles que conocemos son aquellos que nacen de un agujero en la acera. Pero aun hay algunos indocumentados que se resisten a ello y entran en tropel en las rebajas de El Corte Ingles para comprar anoraks, botas y gorros de lana. Y pertrechados de esta manera, se lanzan a caminar sin mas objetivo que llevar a un lugar perdido en la montaña para después dar la vuelta, volver al coche y conducir hasta sus cómodos hogares. Cansados, sudados, hambrientos y con los músculos de las piernas a punto de reventar. ¿Se han fijado ustedes en la ropa que llevan los que caminan por la montaña? Debería estar prohibido que un hombre lleve mallas para caminar o correr, por muy cómodas que sea. Las mallas están reservadas única y exclusivamente para estilizados bailarines de dudosa sexualidad.

No hace demasiado que unos amigos me invitaron a pasear por la montaña y yo, en mi infinita gratitud por la invitación (nadie suele invitarme a absolutamente nada), acepté sin tener demasiado claro a lo que iba. Pronto me di cuenta de que la cosa no estaba bien encaminada sobre todo cuando te das cuenta que tu vas vestido con pantalones cortos, chancletas de plástico y camisa hawaiana de poliéster mientras ellos van pertrechados como si fuesen a escalar el Everest. Porque esa es otra... ¿se han dado ustedes cuenta como van vestidos los que van a caminar por la montaña? Amundsen llego al polo norte con mucho menos. Pero a pesar de que mis pies estaban castigados por las piedras del camino, mis pantorrilas castigadas por las zarzas y mi cabeza castigada por el sol, hice un esfuerzo sobrehumano y caminé y caminé. Hasta que transcurridos cincuenta terribles metros me detuve y pregunté entre resoplidos "¿queda mucho?". ¡Ah, queridos míos, que inocencia la mía! Nunca pregunten a un experto montañero si queda mucho. Siempre quedan diez minutos, aunque sea una caminata de cuatro días y acaben de salir. Siempre quedan diez minutos o la llegada estará siempre en la siguiente curva. ¡Mentira! El aire puro les convierte en mentirosos compulsivos. Diez minutos... diez hostias le daba yo con la varita esa que utilizan para caminar. Esa es otra... ¿se han dado cuenta que los que caminan por las montañas van siempre armados de unos bastoncitos para caminar? ¿Acaso necesitan ayuda para caminar? Los bastoncitos deberíamos usarlos para subirnos a la espalda de esos avezados montañeros y azuzarlos cual borrico para que nos lleve a nuestro destino. Y además tienen la desfachatez de asegurar que en la naturaleza puedes contemplar maravillosos animales salvajes. Otra mentira, sepan ustedes que el único animal salvaje que encontraran serán otros caminantes como ustedes o un gato muerto en la cuneta. Los animales saben por donde andamos los humanos y precisamente por eso nos huyen. Ellos si que saben. Porque claro, para caminar por la montaña hay que seguir un único camino que está perfectamente marcado. Que es una puta loma, joder. Subes por un sitio y bajas por el otro. ¿Se imaginan a los antiguos exploradores estudiando durante una semana un mapa para cruzar un bosque? Se cruza el bosque y luego se le pega fuego para que los siguientes exploradores no se pierdan., Así se ha hecho toda la vida y así debería seguir haciéndose. Pero no, ahora ya ni podemos fumar en los bosques, ojo con las colillas, ojo con los papeles, vigila esa lata de refresco que estas bebiendo, no tires la botella de agua al suelo. O sea, salimos a caminar con una mochila llena de refrigerios y volvemos con una mochila llena de basura. ¿No se dan cuenta que -en realidad- son todos unos pijos vestidos con ropas caras, que transportan basura y suben una loma para volverla a bajar? ¿Acaso hay bares en lo alto de las montañas? Seguimos empecinados en subir y bajar lomas, en cruzar bosques y en bordear lagos con total sinsentido, empeñados en volar o bucear, empeñados en escapar al asfalto y la contaminación. ¿Y que me dicen de esos que hacen caminatas de doce horas por la montaña? "Caminata popular". A ver, lo primero, si se apuntan 50 personas no es popular, en el bar de mi pueblo hay mas gente en un partido del Barça-Madrid y no lo anuncian como "Partido Popular". Bueno, si que anuncian el Partido Popular, pero es porque son un poco rancios y de derechas. En cuanto a las carreras por la montaña es curioso ver como caminan todo el día (incluida la fría noche) y cuando llegan, después de doce horas caminando, les dan un bocadillo cutre y un vaso de chocolate caliente. Sepan ustedes que si un héroe camina doce horas de noche bajo la lluvia, tendrían que esperarle media docena de modelos brasileñas dispuestas a complacerle en absolutamente todo. Queda claro que cuanto mas te gusta la montaña, mas masoquista eres, o mas tonto. O ambas cosas. Queda claro, queridos animales de compañía, que el hombre pertenece ya a los centros comerciales y los coches (en cambio, las mujeres pertenecen solo a los centros comerciales) y por mucho que nos empeñemos en volver a la montaña no significará mas que un breve paréntesis para recordarnos los que una vez fuimos pero nunca seremos. Si quieren dar la espalda al progreso allá ustedes, pero entonces sean coherentes, váyanse a una cueva en la montaña y vivan cazar animales salvajes. ¿Saben cuanto durarían? Exacto, el tiempo justo en darse cuenta de que en las cuevas no hay enchufes para cargar el teléfono móvil. Recapaciten, nuestro hábitat natural es el alquitrán y el cemento. Cualquier otra cosa no significa mas que aumentar los beneficios de las tiendas de ropa de montaña.

Hace poco fui a caminar con esos amigos y después de dejarme un pulmón, medio hígado y todas las uñas de los pies en el esfuerzo, cuando llegamos a lo alto de la cima se me ocurrió preguntar: "¿y ahora que?". ¿Saben que me contestaron? "Ahora toca bajar". Pues eso, mas tontos y nacemos persiana.