"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

28 abr. 2012

Tuiteando sobre "Avanti" (el nuevo concurso de Antena 3)




Anoche me cebé en twitter con el nuevo concurso de Carlos Sobera llamado Avanti y he de reconocer humildemente que no me arrepiento porque, vamos a ver... ¿que narices era eso? ¿Alguien lo vio? O mejor dicho... ¿alguién lo entendió?



En primer lugar, la mecánica del concurso (por llamarlo de alguna manera) era imposible, y esto no sucedía porque lo emiten un viernes noche y estabamos todos borrachos (que también es verdad) sino simplemente porque era absoluta y totalmente ininteligible. Vamos, que no entendías que hacia la gente cuando lo hacia ni tampoco si ganaban, perdían o iban a cocinar una paella valenciana.






Porque, reconozcámoslo, el encanto de los concursos es ver la cara del concursante cuando pierde. Que otros pierdan, cuanto mas dinero mejor, nos hace sentir bien. Todo eso de “mal de muchos, consuelo de tontos” confirma que somos tontos, pero inmensamente felices.


El problema de “Avanti” es que no sabemos cuando van a ganar o perder. Es mas, acaba resultándonos absolutamente indiferente. Y no hay peor tragedia que la falta de empatía. Da igual que salga Santiago Segura haciendo de Darth Vader o unas muchachas bailando ligeras de ropa. El programa ya carecía de todo interés. Seguía siendo hipnótico, pero carecía de interés (como una stripper de la tercera edad).


El problema era la programación televisiva de un viernes noche: "Sálvame de Luxe", "Hermano Mayor" o películas de tercera división. Así pues, aunque cambiases de canal, el pseudoconcurso "Avanti" seguía siendo la mejor de las peores opciones posibles entre cabezada y cabezada.




Y es entonces cuando nos preguntamos... ¿Que significado tiene quedarse una noche de viernes en casa? Respuesta: la crisis. De acuerdo, no tenemos dinero para salir ¿pero era necesario torturarnos con algo como "Avanti"? 




Desde aquí pido al gobierno de Rajoy que intervenga Antena 3 y cancelen "Avanti". O esperen dos o tres semanas, porque el programa huele a cadáver o a pollo asado de hace una semana en el fondo de la nevera.

He dicho.



21 abr. 2012

Caramelos, niños, una cruz y mi futura esposa.




Era un viernes a media tarde cuando me rellené de carajillos de anís y adquirí la necesaria determinación para ir al colegio. No es que hubiese decidido retomar mi etapa estudiantil ni tampoco les estoy contando una parte de mi penosa vida como infante. Simplemente me dirigía a un colegio en busca de la que iba a ser la futura esposa Gilipollas. Ya saben, la eterna búsqueda del Santo Grial.

El problema es que vivo en una maldita y grandiosa ciudad donde es imposible encontrar nada, o nada de lo que buscas. Y yo buscaba a mi futura esposa. La ciudad estaba llena de esposas pero ninguna era ella. Después de caminar por el barrio durante cinco interminables minutos decidí preguntar. Sabido es que un hombre perdido no es dado a preguntar pero dado que mi hombría ha sido puesta en entredicho últimamente, decidí comportarme como uno de esos hombres que untan de aceite la espalda de otros hombres y pregunté a un anciano que paseaba con un perro.

 -Disculpe, ¿sabe dónde está el colegio de la Putisima Trinidad de la Virgen Colocada?
 -Supongo que se refiere a la Santísima Trinidad de la Virgen Colorada –contestó él.
 -La que viste y camina descalza, en efecto.
 -Subiendo la calle, se encontrará con un parque, ahí podrá ver la entrada del colegio.
 -Que amable es usted caballero, a pesar de lo feo que es, solo hago constar una realidad
 -Váyase usted a la mierda.
 -Yo también le deseo el mejor de los días.

Y diciendo esto me encaminé calle arriba hasta dar con el susodicho parque, antesala del susodicho colegio de extraño nombre. El parque estaba atiborrado de chiquillos desparramados todos por el suelo jugando a revolverse en la arena tal que hubiesen caído al unísono de los árboles en una competición que escapaba a mi sorprendente intelecto. Pero no era un niño lo que a mí me interesaba, tampoco una niña, no sean malpensados. La ilegalidad y la inmoralidad son las peores compañeras.

Llegué hasta la puerta del colegio esquivando unos niños y devolviendo a los más rebeldes de una certera patada a lo alto del árbol y me dirigí a la conserjería del colegio. Una gran cruz de madera me contemplaba desde el final del pasillo como diciéndome “Cuidado Fernando, lo que vas a hacer no es cristiano”. Pero resulta que en lo único cristiano en lo que creo es en el delantero del Real Madrid.

-Buenas tardes nos de ese Dios que ustedes adoran –dije plantándome delante de la persona que ocupaba la pequeña cabina de madera que era la consejería.

Se trataba de un hombre de mediana edad, vestido con una bata azul, mal peinado y con cara de no haber dormido en meses. O de acabar de despertar de una siesta.

-¿Qué? –preguntó el hombre.
-Mire buen hombre, no tengo tiempo que perder, seguramente usted está esperando que le llegue la jubilación para morirse rodeado de hijos, esposa y un amante homosexual pero yo no he tenido esa suerte y como aun estoy en la flor de la vida y busco a mi flor.
-¿Qué? –repitió el hombre.
Saqué una foto de mi futura esposa y se la planté delante de la cara. El hombre la miró y después lanzó un eructo.
-Es una de las monitoras, creo que están en el patio –dijo señalando una puerta metálica al fondo.

La foto la había encontrado en un anuncio de un colegio que habían dejado en mi buzón. El colegio de la Santísima Trinidad de la Virgen Colorada. En ese tríptico estaba la foto de la que iba a ser mi futura esposa. Una preciosa morena de nariz respingona, ojos grandes y labios sensuales. Los de la cara, me refiero. En la estampa, mi futura esposa dibujaba algo en un trozo de papel, sonreía y había un montón de caramelos a un lado.

La perfección, un término abstracto, se había vuelto algo real para mí.

En el patio había unos cuantos niños jugando a fútbol, o simplemente dándole patadas a un balón, y en un extremo del patio había un grupo de monitoras donde pude reconocer a mi futura esposa. Me dirigí hacia ellas.

-Buenas tardes tengan vuestras mercedes. ¿Cuál es su nombre? –le pregunté directamente a ella.
 -Elena.
 -Elena es al nombre de mi futura esposa, la futura madre de mis hijos.

Y diciendo esto me arrodillé para entregarle una bolsa de caramelos a modo de ofrenda con la mala suerte que –debida a mi escasa capacidad de seguir una dieta- algunos botones de mis pantalones reventaron y me quedé desnudo de cintura para abajo sosteniendo una bolsa de caramelos en el patio de un colegio lleno de niños. En mi descargo he de decir que me había puesto unos pantalones un poco apretados para estilizar mis 187 kilos de peso y que había olvidado a posta la ropa interior para ahorrar tiempo caso de que me futura mujer tuviese la intención de engendrar cuanto antes.

La orden de alejamiento dictada por el señor juez dice que no podré acercarme a ella ni al colegio a menos de cincuenta kilómetros los próximos cinco años.

Cinco años nos permitirá cimentar sólidamente nuestro amor, aunque tenga que comunicarme con ella enviándole anónimos. Pero es amor, que nadie se equivoque.



9 abr. 2012

¿Por qué no ser político?


Una reflexión sobre las ventajas de dedicarse a la carrera política

En mi incansable carrera por encontrar profesiones que combinen escaso trabajo con un exceso de retribución, confieso me he quedado estupefacto al sopesar virtudes e inconvenientes de dedicarse a la política. Antes de nada he de advertir que el análisis que les voy amablemente a regalar es igual de fiable que todos mis anteriores análisis: cero. Pero a ustedes se les quema la tortilla de patatas y yo no me quejo así que vamos a dejarnos de reproches e ir a lo que verdaderamente importa. ¿Por qué no ser político?

Siempre que busquemos una profesión a la que dedicarnos debemos evitar preguntarnos cosas como “¿estamos capacitados para ello?” y cambiar ese tipo de preguntas a dudas menos metafísicas del tipo “¿puedo tocarme mis órganos sexuales mientras ejerzo este trabajo?”. En el caso que nos ocupa las respuestas son simples: cualquiera está capacitado para ser político (otra cosa es que sea un buen político) y respecto a si podemos ejercer nuestro constitucional derecho a la siesta en el horario de trabajo, la respuesta es: por supuesto que sí. ¿Han visto ustedes las tribunas del parlamento con nuestros admirables políticos leyendo la prensa, chateando con el móvil, mirando el ordenador o simplemente echando una cabezadita? Eso por no mencionar los asientos vacíos. Si nosotros hiciésemos eso en nuestros respectivos trabajos duraríamos media jornada, con el nuevo panorama laboral, el empresario podría rompernos las piernas antes de abandonarnos en la cuneta de una carretera. Ser político es un chollo.

Pero claro, da igual que un trabajo sea relajado o no requiera de una especial capacitación, lo único que importa en la búsqueda de cualquier trabajo es: ¿el sueldo es inmoral? Y que conste que la inmoralidad tiene doble lectura, si es inmoralmente bajo entonces olviden ese trabajo. La comida, las medicinas para los niños y whiskys en los bares de carretera cuestan dinero. Pero si la retribución es inmoralmente alta entonces a por él. No nos engañemos, trabajamos por dinero, mucho o poco dinero, pero por dinero. A todos esos modernos que sonríen como prostitutas en el paseíllo, cuando les preguntas por su trabajo y dicen que su trabajo es el mejor trabajo del mundo y que trabajarían incluso pagando, entonces pídanles que cada mes les transfieran la nómina a su banco a ver que cara ponen. ¿A que el moderno ha dejado de sonreír? Pues eso, hasta los Martinis de fresa cuestan dinero.

¿Pero cuál es el sueldo de un político? Desde luego no es un mileurista. Pero eso es lo de menos, lo importante no es el inmerecido sueldo ni el exorbitado patrimonio. Lo importante son las oportunidades. Terrenos que recalificar, mociones que votar, comisiones que presidir. Oportunidades para recibir “regalos” de banqueros, empresarios, constructores o puticlubs. Porque la ventaja de ser político radica en las ventajas que podemos dar a los demás. Ventaja por ventaja, y eso tiene un precio.

¿Por que no ser político? Todo el mundo les odia. Actualmente es la profesión mas vilipendiada del planeta después de la de árbitro de fútbol. Despiertan mas antipatias que una balada de Michael Bolton.  ¿Y que? Ser político es un buen empleo, el mejor que puedes conseguir hoy en día si careces de escrúpulos y te asusta la sangre. Confíen en mi palabra, yo no soy político.


4 abr. 2012

Semana Santa en blanco y negro




El Sol comenzaba a escapar en silencio, tímidamente tras un grupo de árboles, y mientras esto sucedía, una comitiva formada por encapuchados caminaba lentamente, levantando una liviana nube de polvo por el camino de tierra con el único objetivo de cumplir la tradición que sus ancestros les habían inculcado. La devoción por lo que hacían era inquebrantable y se arraigaba en lugar donde habían nacido todos aquellos melocotoneros o tomateras. No todo el mundo les entendía pero a ellos poco parecía importarles, su fe era más fuerte que lo que cualquiera pudiese cuestionarles.

Al principio cargaban con una gran cruz de madera. Después la comitiva de encapuchados formada por mas de cincuenta hombres, intentando no perder el compás. Al final dos personas les seguían a una distancia prudenciañ, era un hombre de mediana edad con pantalones cortos, camisa floreada comprada en H&M y una cámara de fotos colgada al cuello, a su lado caminaba su esposa, vestida con una especie de túnica de colores y unas gigantescas gafas de sol que ocultaban su rostro a pesar de que el Sol agonizaba.

-Que bonita es la Semana Santa, ¿no crees? -preguntó la mujer.
-Quiero volver al hotel, me duelen los pies y quiero tomar un rebujito -dijo el hombre arrastrando los pies como un niño pequeño.
-Deja de quejarte, esto solo sucede una vez al año.
-María... ¿les has visto bien?

La mujer volvió a mirarles, se habían detenido en una especie de pradera y comenzaban a clavar la cruz en la hierba. Entonces se dieron cuenta que en la cruz había un cristo clavado, tan real que parecía de verdad. Su piel brillaba a la luz de la nueva luna, una piel oscura y brillante. Debía tratarse de alguna madera de ébano tan magníficamente tratada que parecía piel de verdad.

-Oiga usted -dijo la mujer tocando el hombro de uno de los encapuchados para llamar su atención.
-What's happened? -contestó el hombre con un fuerte acento del sur.

Del del sur de los Estados Unidos de America...

-¿Habla usted mi idioma?
-What?
-¿Cómo se llama ese cristo? Por cierto, el cristo se está moviendo. ¡Milagro!
-María -dijo su marido apartándola del grupo- creo que esto no es un paso de Semana Santa.
-Ya decía yo que era extraño ver una procesión de Semana Santa en Arkansas, Manolo.
-A mi me extrañó lo del Cristo negro desde el primer momento.
-En Cataluña tienen una virgen negra.
-Ya, pero son catalanes, eso no cuenta.
-¿Entonces qué hacemos?
-Yo voto por irnos por donde hemos venido.

Y de esta manera, Manolo y María, naturales de Cáceres, se dieron rápidamente la vuelta y se alejaron del grupo del Ku Kux Klan que iban a proceder con aquel ritual que no duraría una semana pero que, sobre todo, tenía poco de santo.

Recuerden, la vida es mucho mas bonita en colores.