"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

27 may. 2012

Eurovisión 2012



Quien afirme que Eurovisión está acabada se equivoca. Las redes sociales multiplican de tal manera la conciencia colectiva que en la actualidad todos, cual Fuenteovejuna, utilizamos esa arma de destrucción masiva que es Twitter para masacrar a cuantos aparecen en nuestro televisor. Y la Eurovisión del siglo XXI es el espectáculo televisivo por excelencia. Digámoslo ya, alto y claro, es el claro exponente de eso que se ha denominado como "Cultura Basura", una de las formas culturales mas populares que han existido nunca. Los "cantantes" que envían a este concurso son dignos mas dignos del extinto "Crónicas Marcianas" que de una academia de canto. De cantantes profesionales tienen lo que yo de cirujano vascular. Pero eso es lo de menos, los nuevos espectadores de Eurovision, los internautas, preferimos que los concursantes de Eurovisión no sepan cantar. Y queridos mios, los de anoche no sabían nada de nada. Por eso fue tan maravilloso. Mucho mariconeo, canciones propias de los 80, una realización televisiva dirigida por alguien que se había tomado media docena de trippis y mucha lentejuela y luces brillante. ¿Que mas se puede pedir para una noche de sábado? En mi particular lista pongo primero a unas adorables abuelitas rusas seguidas por unos gemelos de dudosa sexualidad que iban vestidos de Flash Gordon y en tercer lugar los espectaculares vampiros turcos que simulaban ir en barco. 


Eso es Eurovisión: espectáculo y nada más. Quien se lo tome en serio, como el concurso que realmente debería ser, tiene (como dijo el maestro Sergi Mas anoche en la red) un problema. 


El mismo problema de quien cree que los que aparecían en OT eran cantantes o los que aseguran que David Bisbal sirve para algo mas que para anunciar acondicionador de pelo. La cultura basura es lo que da valor a Eurovisión y lo que la define como el mayor receptáculo de basura precisamente por su internacionalidad que le otorga una diversidad mas allá de lo planificado. Tal que una espontánea quedada de frikis a nivel continental. Insuperable. Y anoche las redes sociales echaban humo entre los que nos reíamos de la condición equina de Pastora Soler (la mayoría) y los que defendían que su interpretación había sido perfecta (la minoría).

 
 
 

Y no digo con esto que Pastora Soler no sea una buena cantante o la canción que interpretaba fuese vergonzosa, eso me es indiferente, no me importa lo mas mínimo si es una buena profesional, lo único que me importa es si puedo reírme de ella. Así de claro. Porque, en efecto mis queridos animales de compañía, si salen por la tele podemos reírnos de ellos, no hay nada malo. La risa es vida. Eurovisión es vida. Y seguirán existiendo los que se ofenden porque se tomaran en serio a Eurovisión, el fútbol o las revistas de corazón. Que se ofendan porque nos riamos de Pastora Soler y se indignen porque no haya ganado. Allá ellos. Yo me sigo riendo, es mucho más sano. O al menos eso dice mi cardiólogo.

Y se preguntarán ustedes que quien ganó. ¿Qué mas da? Ganó una señorita que no hacía payasadas y teóricamente cantaba bien. Pues vale, pero les aseguro que en mi teléfono a partir de hoy solo sonarán las abuelas.


Desengáñense amigos mios, hay que reír mas, hay que consumir mas cultura basura y hay que fornicar mas, que la vida son dos días y nos pasamos uno durmiendo y medio día pagando impuestos.




22 may. 2012

Aventuras en la gran ciudad (2)




Hete aquí que me encontraba en la habitación de un hotel intentando elucubrar cual sería el siguiente paso para encontrar a mi particular cenicienta cuando la sintonía de un teléfono móvil inundó con una pachangera sintonía mi espacio de meditación. Había olvidado que le había puesto de tono a mi móvil una de esas cansinas, machaconas y repetitivas canciones que hablan de  de gasolina, minifalda y dulce de leche. Llegados a este momento del relato vamos a abrir una nueva aunque breve línea argumental para que conozcan el motivo que me había llevado hasta la capital del imperio. Comenzaré por el principio: cuando yo nací era pequeño. Obvio. Aunque eso solo duró unas cuantas semanas pues pronto comencé a crecer y crecer cual gorrino bien alimentado y para alcanzar la nada desdeñable cantidad de 23 kilos al cumplir seis meses. Ahora peso 187 kilos lo cual es una evidente desventaja. Sobre todo a la hora de ponerte los calcetines. Pero una ventaja si que tiene: no hay muchos como yo. Hace dos años me apunté a una agencia de modelos en el inútil intento de ser topmodel internacional pero las risas del personal de la agencia pronto me dieron a entender que mi camino debía ser otro. Me inscribieron como "modelo gordo de anuncios" y alguna cosa he hecho en el mundo de la publicidad, sobre todo con un cartel colgado del pecho donde alguien ha rotulado "Antes". Como pueden imaginar, cuando esto sucede, a mi lado siempre hay alguien con pelo o guapo o bien vestido o delgado o con todos los dientes y un cartel que anuncia "Después". Me habían hecho desplazarme a Madrid para hacerme fotos para nosequé campaña de publicidad de depilación masculina. Evidentemente, la llamada al móvil era para recordarme que fuese cuanto antes al estudio del fotógrafo. Y como soy un chico muy obediente, eso hice sin dejar de pensar en mi amada.

El estudio del fotógrafo estaba en el barrio de Chueca que, por si ustedes no lo saben, es un bonito barrio de Madrid donde todos los hombres son también bonitos, están musculados, van de la mano, visten camisetas apretadas y sostienen pequeños perritos entre los brazos. El fotografo también era un hombre muy bonito, musculoso, con una camiseta apretada y sosteniendo una gran cámara fotográfica entre los brazos.

-Encantado -dijo el hombre dándome dos besos y empujándome al interior del estudio- mi nombre es Agador y soy el fotógrafo.
-Hola Aguador -dije limpiándome las mejillas- mi nombre es Fernando y soy el gordo heterosexual.
-Agador.
-El nombre es lo de menos, vamos a lo de las fotos. Seamos profesionales, coño.

El fotógrafo (o aguador) se encogió de hombros y me señaló una parte del estudio donde había una pared pintada de blanco y varios focos. 

-Puedes colgar toda la ropa en el perchero -dijo el fotógrafo.

¿La ropa? Un hombre que se precie de su condición de hombre NUNCA se desnuda delante de otro hombre sea de la condición que sea, excepción hecha de cuando lo solicita un médico en una consulta o Robert Redford en "Una proposición indecente". Y aquel hombre no parecía ni un doctor ni Robert Redford.

-¿La ropa? -pregunté haciendo el signo de la cruz con los dedos y alejándome de él cual vampiro dispuesto a chuparme... la sangre.
-Por supuesto, tiene que estar desnudo en las fotos.
-Nadie me dijo nada de que tenía que desnudarme.
-Es para publicidad de depilación masculina, no querrá que aparezca vestido.
-Los hombres de verdad no se depilan.
-Yo soy un hombre de verdad y me depilo.

Y hete aquí que también la conversación siguió por tan estúpidos derroteros hasta que dos botellas de orujo, música de Barbara Streisand y el poder de convencimiento de Agador (junto al aroma de su maravillosa colonia) consiguieron que me quitase la ropa y dejase fotografiar las partes mas peludas e ignominiosas de mi desafortunada anatomía. Una vez acabada la sesión y mientras me limpiaba el aceite corporal, me dediqué a ver las fotos que habían colgadas por el estudio cuando, de repente, mis estrábicos globos oculares repararon en una foto en blanco y negro. ¡La pequeña y hermosa muchacha del helado! Arranqué el cuadro de la pared y lo llevé hasta mi nuevo amigo, el fotógrafo.

-¿Quien es? -pregunté zarandeándolo al hombre y al cuadro.
-No se, una muchacha del barrio, me pareció una bonita estampa y la fotografié en un bar.

En la foto se veía a la muchacha sentada en una mesa de un bar dibujando algo en un papel. Era una foto hermosa de una mujer hermosa, en blanco y negro. Mi amada.

-¿Se llamaba Elena?
-Creo que si, espera.

Al poco rato volvió el fotógrafo con un dibujo de una mariposa-tigre hecho a mano. Lo acerqué a mi nariz, olía a canela y a helado de McAlgo... En la parte superior alguien (mi amada) había escrito "La Mariposa de la Pava" y en la parte inferior había firmado "Elena" con hermosas letras.

-Un día le di la foto que le había hecho y ella me regaló este dibujo. Siempre está dibujando cosas.
-¿Dónde puedo encontrarla?
-Suele estar en un bar que hay...

Y antes de que que aquel hombre que besa a otros hombres pudiese decir "abajo", salí corriendo vestido tan solo con unos pantalones, el cuerpo brillante de aceite corporal, una foto en una mano y un dibujo en la otra en dirección al bar. De camino por las escaleras sortee ágilmente a una anciana lanzándola contra la pared, a un perro haciéndolo caer de una patada por el hueco de la escalera y a dos muchachos que se interponían en mi camino de dos certeros golpes de barriga cervecera. Implacable arma de destrucción masiva conseguida a base de un cuidado plan de ingesta de cervezas. Llegué a la calle  y me metí en el susodicho bar repleto de gente. Ninguno era mi amada Elena. Agarré a un camarero por las solapas como había visto hacer en las películas y le enseñe la foto de mi amada. Me dijo que era una clienta habitual y que había estado tomando un café hacia bien poco, de hecho acababa de salir en dirección a una plaza cercana.

Y ahí me tienen corriendo vestido tan solo con unos pantalones mal ajustados a mi orondo diámetro, embadurnado de aceite corporal y blandiendo una foto por una plaza repleta de turistas y policías locales. Mala ecuación ¿no creen? Pues aun no han leído nada...

Continuará...


17 may. 2012

Aventuras en la gran ciudad (1)



En primer lugar he de confesar que el que suscribe no es una persona especialmente dada a los viajes,  en primer lugar porque me mareo en cualquier transporte más rápido que un anciano con andador pero sobre todo porque, debido a mi volumen corporal, me veo obligado a ocupar dos asientos con el consiguiente dispendio económico. También es cierto que cubrir ciertas distancias que superan los 600 kilómetros a pie no es algo propio del siglo en el que vivimos. No les desvelaré el motivo por el que me vi obligado a desplazarme a Madrid, la capital de nuestro antaño lustroso imperio. Por si ustedes no lo saben yo resido en Barcelona, esa ciudad al borde del mar llena de motos y rusos con Rolex de oro. Lo cual significa que podía efectuar el viaje de tres maneras, o bien motorizado o bien volando o bien en ese tren al que llaman AVE. Descarté la motorización porque no tengo coche y no quería hacer sufrir a mi burro José los excesos de aguantar 187 kilos durante 600 kilómetros. También descarté el avión por el simple motivo que me orino de miedo cada vez que el aparato despega o aterriza y resulta realmente incómodo hacer un viaje con los pantalones mojados. Así pues saqué mis dos billetes de ida y dos billetes de vuelta en el tren de alta velocidad. Un consejo a viajeros y viajeras: lleven el equipaje mas liviano que puedan, cargar con cientos de cosas que no utilizamos ni en nuestro propio hogar es propio de humanos. Pero si necesitan un paraguas, ya lo comprarán, no carguen con el. Y si necesitan condones, no se preocupen, ligar en un hotel es aun mas difícil como hacer bajar la prima de riesgo española.

Y de esta guisa, con una bolsa del Eroski con dos pares de calzoncillos y unos calcetines, me monté en el AVE y me dirigí a la capital del imperio. Sucede una cosa bien curiosa en el AVE pues siempre que lo cojo, siempre siempre siempre dan la misma mierdosa película que es "Como agua para elefantes" y es entonces cuando me cuestiono yo si por el precio que pagamos por esos asientos de plástico (yo el doble) no merecemos que el conductor aproveche la parada en Zaragoza a cambiar el DVD en el primer videoclub que encuentre. Con tal panorama lo mejor que puede hacerse en un tren es dormir, de eso no cabe duda. Siempre que no haya algún energúmeno hablando por el móvil a grito pelado. Que siempre los hay. Yo les llamo "los tontos del móvil que todo lo saben" pues se empeñan en dar lecciones empresariales por teléfono como si al resto de los pasajeros nos importase un carajo lo que dicen. No obstante, si consiguen conciliar el sueño y que en ese mismo sueño aparezca Bar Rafaeli untada en aceite, el transporte y la dicha serán todo uno.

Llegado a la capital del imperio caía un aguacero que habría hecho ir corriendo al mismísimo Noé a comprar un paraguas. En ese momento hubiese podido hacer gala del consejo que les dije antes y comprar el paraguas que me había dejado en Barcelona pero resulta que como, además de gordo soy catalán, preferí mojarme a pagar dos euros a un chino que pegaba voces en la puerta de la estación. Y fue cuando me dirigía al hotel, cuando la vi, una pequeña muchacha de ojos grandes, pelo castaño, nariz de ratón y sonrisa de ángel, completa y castamente mojada, sentada en un escalón comiendo uno de esos helados McAlgo que venden en McDonald's.

-Hola bella dama -dije poniendo mi mejor voz de galán de telenovela.
-Hola -contestó ella sonriendo mientras un poco de helado resbalaba desde la comisura de sus labios por su barbilla.

Tuve que colocar la maleta frente a mi miembro viril para que el pequeño ángel no pudiese ver la magnitud que estaba alcanzando cierta parte cavernosa de mi anatomía. No estoy acostumbrado a que una mujer me dirija la palabra pero aun menos a que reproduzca el final de una escena porno con un poco de helado.

-Mi nombre es Fernando -dije alzando una mano como un indio Sioux- encantado.
-Me llamo Elena.
-¿Quieres casarte conmigo?
-¿Qué?
-Que te has manchado la barbilla con helado.

La muchacha se limpió la barbilla y volvió a sonreír. Alguien acababa de apretar el disparo de la cámara fotográfica del amor, ¿Qué es el amor? Nadie lo sabe, quizás tan solo sea algo que cuentan novelistas o poetas, quizás solo sea una ilusión o una imagen fotográfica que se borra con el paso del tiempo. ¿Pero que importa eso? El amor, aunque sea mentira, es lo mas verdadero que puede sentir un ser humano. Y yo, empapado hasta las trancas de agua y en una ciudad desconocida, acababa de encontrar a mi amor.

Pero cuidado, no siempre que se pide un cigarrillo la otra persona fuma.

¿Cual era el siguiente paso? ¿Pedirle el número teléfono? ¿Invitarla a subir a la habitación? ¿Anudarme yo la camisa a la cintura y emular a Shakira bailando el Waka-Waka? Sepan ustedes, aprendices de seductores, que no hay plan malo siempre que lo ejecuten con total convencimiento. Así pues me anudé la camisa a la cintura y comencé a danzar y antes de que pudiese pronunciar el tercer "Waka" la muchacha huía corriendo calle arriba. Puede que comenzar a quitarse la ropa frente a una desconocida no sea el mejor plan para entablar amistad. Bueno, puede no: seguro. Pero si a Shakira le funciona ¿por qué a mi no? Quizás debía haber comenzado con algo mas clásico como pedirle el teléfono o invitarla a otro de esos McAlgo. Miré al suelo, ahí estaba el vaso vacío del helado que mi amor había estado comiendo.  Lo cogí y me lo guardé en la bolsa de supermercado cual zapato de cenicienta. Si los del CSI pueden encontrar a una persona solo con un pelo yo podía hacer lo mismo con ese vaso.

Pero a fe mía que aun me quedaban cuatro días en Madrid para, además de comer, defecar, dormir y trabajar, encontrar a mi amada Elena así que me encaminé al hotel mientras rebañaba lo que quedaba del helado. Realmente delicioso, oigan.

Continuará...


14 may. 2012

Bob Esponja y una mujer tostada.




En algún momento de nuestra existencia todos  nos hemos topado con alguna persona obsesionada con algo que a nosotros nos parecía ridículo. ¡Que extraños compañeros de viaje hace el amor! Por amor nos hemos visto obligados a decir que nos gusta hacer ejercicio o ver películas europeas en versión original o beber zumo de alcachofa cuando en realidad nuestro hábitat natural es el sofá de casa deleitándonos con una película de Chuck Norris con una cerveza en la mano y varias en el suelo. Por amor recitamos poemas evitando que se nos escape la risa o apretamos los dientes evitando que se nos escape una flatulencia bajo las conyugales sábanas. Por amor nos cambiamos cada día de ropa interior y sumergimos nuestra cabeza en litros de colonia. Por amor soportamos a los amigos de nuestras parejas, personas que, en otras circunstancias, habríamos atropellado repetidas veces hasta asegurarnos su total fallecimiento pero a quienes ahora reimos las gracias y fingimos interesarnos por sus aburridas vidas. Cuando conoces a alguien a quien deseas impresionar. Dices a todo que si, le aseguras que compartes todos sus gustos y pensamientos. Mientes de la manera mas mezquina para conseguir un momento de amor horizontal. El problema es que al día siguiente comienza una carrera en la cual todas nuestras mentiras deben continuar pareciendo verdades.

La carrera del amor. Pero no hay amor sin odio. Y ahora deben saber ustedes que si yo hay algo que odie por encima de todas las cosas, es al astro Sol. No es que me resulte molesto. Me resultan molestas las defecaciones de perro en la calle o los anuncios de compresas en televisión. En cambio al astro Sol lo odio con todas mis fuerzas. Imaginen una playa llena de mujeres mostrando sus encantos ¿verdad que es el paraíso de todo hombre heterosexual sin escrúpulos? Pues resulta que no, porque en la playa hay Sol. Mucho Sol. Mas Sol que en cualquier otro lugar. Un Sol especialmente malvado que encuentra un especial placer en quemar a los humanos. Y dado que los humanos somos mas tontos que una canica de cristal, nos empeñamos en estirarnos bajo ese malvado Sol para que nos pueda abrasar con facilidad y sin compasión. Las humanas, especialmente.

Con una de esas humanas me encontré yo hace poco en el metro y entablé lo mas parecido a una conversación casual que derivó en un agradable flirteo. A saber: era una mujer de mediana edad (una vieja), con cierto (ningún) encanto, una agradable (soporífera) conversación y lo mas importante de todo: aun no había rociado con su spray de pimienta. No soy una persona especialmente exigente en cuanto al físico de las mujeres. Como he repetido en varias ocasiones, mientras mi víctima sea mayor de edad y respire tengo mas que suficiente. Y debo aclarar que estas dos premisas las he incluido expresamente a petición de mi abogado. Aquella persona era una mujer, respiraba y había dejado la mayoría de edad varios siglos atrás. Semáforo en verde: comienza la carrera.

En un momento dado me dijo que se dirigía a la playa, a tomar el Sol y como consecuencia mi mentira fue: "yo también iba a la playa, me encanta el Sol".

Lo se, fue una mentira tan grande como yo mismo. Pero con ello conseguí acompañarla a la playa mientras intentaba recordar si la ropa interior que llevaba yo estaba limpia y podía pasar por bañador.

Cuando lleguen ustedes a una playa han de recordar siempre una cosa: si el astro Sol tiene una especial debilidad en achicharrar humanos, le gusta mas aun achicharrar la arena. Así pues, después de haber robado hábilmente una toalla de Bob Esponja a un niño, me quité los zapatos y comencé a caminar por la arena repitiendo la danza del toreador de "El cascanueces" en un intento de que la arena no convirtiese las plantas de mis pies en un filete bien pasado. Cuando llegamos a nuestro destino, la susodicha se quitó la ropa descubriendo su verdadera naturaleza: había nacido en la época de los faraones y toda sus piel y sus carnes estaban desplazadas unos diez centímetros mas abajo de donde debía.

Pero seguía siendo una mujer. Y seguía respirando. Estiré mi recién adquirida toalla infantil en el suelo y me quité la ropa menos unos calzoncillos que bien podían hacer pasar por bañador escogido por un invidente. De momento el truco de prestidigitador funcionaba. Nos estiramos y permitimos que el astro Sol comenzase a efectuar su labor. A los tres minutos estaba yo completamente cubierto de sudor, me costaba respirar y la cabeza me latía como si tuviese dentro a una docena de  tertulianos del corazón discutiendo a grito pelado. Cuando esto sucede deben ir corriendo al agua y remojarse de inmediato. Y eso es lo que hice, abandonando a mi nueva conquista y adentrándome en las profundas y peligrosas aguas del mar mediterráneo sorteando a niños que jugaban a pelota y a ancianos remojándose el ombligo.

Fue cuando ya me había adentrado unos metros y mis pies no tocaban fondo cuando recordé un hecho bastante importante cuando te adentras en el mar: no se nadar.

Lo único que recuerdo de aquello fue que comencé a gritar, a tragar agua y a agarrarme a todo cuanto flotaba hasta que alguien me hizo nosequé maniobra y me rescató llevándome a un lugar donde mis pies tocaban suelo.en ese mismo momento vi que mi rescatadora había sido mi acompañante y que en uno de mis intentos por salvarme le había dado un golpe y ahora era ella quien flotaba boca abajo. Rápidamente varias personas acudieron a nuestra ayuda, la sacaron del agua y la estiraron en la arena.

-¡Houston tenemos un problema! -grité haciéndome cargo de la situación- soy el novio de esta mujer y además he visto todos los capítulos de "Los Vigilantes de la Playa" a cámara lenta. Déjenme paso.

Y entonces le hice el boca a boca aprovechando para buscar con mi lengua la suya. También le hice un majase cardiaco poniendo mis dos manos sobre sus pechos y apretando. Muchos de ustedes (sobre todo muchas) argumentarán que es de una moralidad mas que dudosa aprovecharse de una mujer que ha perdido el conocimiento. No hagan caso de eso amigos míos, no permitan que nadie le diga como han de caminar o como deben comportarse. : por muy dramática que sea la situación un hombre sigue siendo un hombre. Nunca desaprovechen una situación como esta.

Finalmente la mujer escupió una gran cantidad de agua por la boca y comenzó a toser. Estaba viva. Mujer, viva y mayor de edad.

El amor horizontal aun estaba en el aire.