"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

31 dic. 2012

Un año más (un año menos)



Comienza el nuevo año y comenzamos esa ridícula tradición de enumerar interminables propósitos que sabemos que nunca vamos a cumplir (por eso precisamente los escribimos). En mi lista  solo hay un verbo y si ustedes son seguidores míos no les costará demasiado adivinar que verbo es (pista: se acostumbra a hacer con personas del sexo contrario o una mano propia). ¿Qué es lo que nos mueve cada vez que llegan estas fechas a hacer balance y a prever el futuro? Nunca lo entenderé, sobre todo porque es el peor momento del año para hacer todo esto: no tenemos tiempo, estamos empachados, borrachos o buscando por toda la ciudad el dichoso juguete que quiere el niño para reyes. Porque esa es otra. De vacaciones de Navidad nada de nada. Tortura de navidad: cocinar, comprar, limpiar, empacharse, emborracharse, pegar al cuñado, soportar los besos de vaca de la abuela, ver a Bertín Osborne cantando rancheras en la tele. Y después madrugar para volver a comenzar con tal tortura que deja a la Santa Inquisición en una despedida de soltero… si esto son unas vacaciones entonces los señores de la Real Academia de la Lengua debería reformular la definición porque vacaciones significar posar el culo en un sofá con una cerveza, poner una película de Chuck Norris, rascarse ese culo y no hacer más naa. ¿Y que me dicen del frío? ¿Qué es eso de tener vacaciones con frío?  Ya se que eso solo sucede en la mitad del globo terráqueo pero es que a mí lo que sucede dos barrios mas al norte del mio me la trae floja. Frío  viento y aglomeraciones. Las fiestas navideñas son una mierda, reconozcámoslo. Donde haya un veranito con aire acondicionado y paella en la playita que se quiten las cenas de navidad. ¿Y qué me dicen de esos vídeos resumen del año que cierra donde todo son terremotos y asesinatos? Eso es, comencemos el año nuevo con una sonrisa viendo vídeos de masacres y fotos de muertos.

La raza humana es una ejemplo excepcional de cómo convertimos las equivocaciones en tradiciones y las tradiciones en torturas. Y ya no hay vuelta atrás, sobre todo porque El Corte Inglés y turrones El Almendro nos impiden abandonar las navidades.

Esta noche cálcense ustedes esas tradicionales prendas íntimas rojas, o mejor dicho, no usen ropa interior porque borrachos y en la parte trasera de un coche es difícil quitarse la ropa interior de imitación de cuero (puro plástico de los chinos) sin dejarse el prepucio o un pezón en el intento. Eso sí, hagan ustedes lo que hagan  piensen en una cosa, es difícil que el 2013 sea peor que el 2012. Así que ánimos y a comenzar el año fornicando. Personalmente nunca deseo que el año que comienza tengan ustedes el doble de sexo que el año que cierra porque si les sucede como a mi tendrán nada de nada. Solo les deseo que se cumplan sus sueños, sobre todo si incluyen una docena de personas de excelsos cuerpos untados/as en crema corporal y bailando sensualmente a los pies de sus lechos (conyugales o no). Pues eso.



17 dic. 2012

Elogio del doble sentido




Soy un amante de los dobles sentidos, también soy amante de los donuts recién hechos y de los calcetines a cuadros rellenos de nutella en noches de tormenta, pero esos no son el tema de hoy. Porque mis queridos animales de compañía, hoy vamos a hablar del doble sentido, o lo que es lo mismo, de cuando los hombres utilizamos palabras para hablar de sexo sin hablar de sexo y cuando nos reprochan que hablamos de sexo a todas horas nos defendemos diciendo que no estábamos hablando de sexo. Yo soy un maestro del doble sentido, es más, soy capaz de narrarle a alguien una película porno utilizando solo nombres de frutas, marcas automóviles y protagonistas de dibujos infantiles. Y como maestro que soy voy a darles unas pequeñas lecciones de cómo utilizar el doble sentido. Si son ustedes mujeres mejor vayan a comer un plátano (primera y obvia lección), las mujeres no utilizan el doble sentido en primer lugar porque no les asusta llamar a las cosas por su nombre y en segundo lugar porque cuando quieren algo lo cogen. Si das demasiados rodeos a una pizza acabas desayunando comida fría  Había un tercer lugar en todo esto pero mi dieta alta en grasas reblandece mi cerebro y me impide recordar las cosas más allá del número 2.

Lección 1: Comenzar es fácil, limítense a visualizar piezas de fruta, después visualicen órganos sexuales y comiencen a emparejarlos cual un puzle infantil. No me refiero a que un melocotón cuadre con una boca sino que el melocotón es el símil para las nalgas, una berenjena es un pene, los melones (fruta) son los melones (de mujer o travestí operado) y así hasta el infinito. ¿A que es sencillo? Pues, venga, comiencen con la foto de que ilustra este post (pista: Nacho Vidal)

Lección 2: Ahora que han comenzado a saber cómo usar el doble sentido, ha llegado el momento de usarlo. Para comenzar lo mejor es utilizar un familiar lejano del sexo contrario, un vendedor de cupones invidente o llamar a un número al azar. Una vez han contactado con vida inteligente (más inteligente que la suya si es que aun están siguiendo mis instrucciones) digan cosas como “me preguntaba si tienes ganas de comerte un plátano maduro” o “el médico me ha dicho que coma fruta así que voy a empezar con los melones”. Puede que no funcione como esperaban pero eso se debe a que hablan con su primo de Soria, con un ciego o con un funcionario de prisiones que ha respondido a una llamada al azar. No se desanimen, aun estamos practicando.

Lección 3: Bien, ya sabemos lo que decir y como decirlo. Ahora debemos buscar nuestra presa. Les recomiendo acudir en primera instancia a algún lupanar (también conocido como “putiferio” o “ese local de las lucecitas rojas al borde de la carretera”). ¿El motivo de tan curioso escenario? Cuando pagan 100 euros a alguien con quien van a tener sexo suelen reaccionar mejor a las frases pretendidamente sexuales. Una recomendación: los lupanares están llenos de meretrices de países del este, mejor busquen una meretriz local pues “melón” significa “boda” en ruso y “plátano” significa “soy de inmigración, muéstreme sus papeles” en rumano.

Lección 4: Ya sabemos lo que decir, como decirlo y hemos practicado con horizontal recompensa. Así pues vamos al examen final. Lo siguiente consiste en escoger a nuestra presa: una compañera de trabajo, una camarera, una amiga de un amigo o cualquiera que no sea la persona que nos dio a luz. Practiquen y practiquen usando todas las frutas en combinación con todas las escenas del kamasutra tal y como hemos les he enseñado. Posiblemente consigan ustedes que les insulten, les escupan o avisen al jefe de personal. Pero piensen una cosa: eso es lo que suelen hacer habitualmente cuando decimos las cosas por su nombre sin utilizar dobles sentidos. Al menos, echémonos unas risas.

Ni que decir tiene que todo esto funciona mejor si tienen la cara de Brad Pitt, el dinero de Favlio Briatore o el pene de Nacho Vidal (y estas asociaciones no son intercambiables).

De nada.


8 dic. 2012

El caso de la mujer sincera


Hace mucho que no les cuento sobre mis aventuras y desventuras en el universo femenino pero deben saber que eso se debe al que dichos encuentros casi nunca existieron y cuando lo hicieron fue fruto tan solo de mi imaginación. No soy un tipo con suerte, sobre todo cuando scasea la liquidez monetaria. Pero resulta que (aunque parezca imposible) hace poco quedé con una mujer de verdad, de esas que no se inflan ni tienen grapas de revista a mitad del cuerpo. Una mujer con cara, con piernas y con todo lo que ha de tener una mujer: pechos y culo. De acuerdo, también tenía cerebro, pero no eso no es imprescindible y para alguien como yo puede ser hasta un severo inconveniente. El cómo quedé con esta mujer para cenar es lo de menos, basta con conseguir un arma y amenazar a alguien de la familia y la cita se materializa por azar del (forzado) destino. Yo no hice eso señor agente, claro. El caso es que quedamos para tomar unas copas, cenar y seguir tomando copas o lo que traducido al universo masculino significa "hacer tiempo para fornicar entrada la noche". La mujer no era fea, tampoco una belleza de revista, pero parecía simpática y estaba dentro de los estándares que considero mínimos e indispensables (es decir, respiraba y no era un camionero soriano). 

La primera frase de ella ya debería haberme dado a entender por donde iban a ir los tiros esa noche.

-¿Siempre te vistes así? -dijo en vez del acostumbrado "hola".

Yo iba vestido como siempre, el uniforme gilipollas con la consabida riñonera de polipiel y una gorra de "Piensos Martinez". Nunca le he dado demasiado importancia a la indumentaria porque siempre he creído que mi personalidad es lo suficientemente arrolladora para evitar el pequeño inconveniente de vestir con ropa de 1993. Pronto me di cuenta que el problema no era precisamente mi vetusta indumentaria.

-Estas muy gordo -dijo ella mientras pediamos las bebidas en un bar de esos donde todo lleva sombrillitas y saca humo.
-Es que retengo líquidos, solo eso.
-Pues has debido retener el tsunami ese de la película porque estás inmensamente gordo.
-¿Te molesta?
-No, pero no voy a dejar que me pongas una mano encima, los obesos me dan asco, si quieres que te diga la verdad, respoplais como ballenas y tenéis la piel con un extraño brillo que me da grima.

No tenía porque preocuparme, todo el mundo sabe que a medida que se bebe cerveza los prejuicios desaparecen y algo me decía que aquella pequeña mujer era bebedora de cerveza. El problema no es que fuese antipática, era simplemente sincera, de una sinceridad arrolladora y brutal, sin anestesia ni paños calientes. Y además parecia no darse cuenta de que las personas no estamos acostumbrados a la sinceridad mas absoluta. Sobre todo en las relaciones entre humanos que, como todos sabemos, están basadas en la mentira mas pasmosa.

-Bebes como un alcoholico -dijo ella mientras acababa yo mi sexta cerveza en apenas diez minutos.
-No soy un alcoholico.
-Pues dentro de media hora lo serás.

Y así toda la noche, que si me olía el aliento, que si estaba calvo, que si mi conversación era aburrida, que si solo queria acostarme con ella. Bueno, no hacía falta que me dijese lo que ya se, soy gilipollas, no idiota. Pero continué al pie del cañón en el ingenuo intento de que en algun momento de la noche conseguiría aparcar mi autocar del amor en aquel tunel de sinceridad. 

Evidentemente, eso no sucedió. Ella dijo que estaba cansada y que se iba a casa a dormir.

-Espero que no te moleste mi sinceridad -dijo mientras nos despedíamos- a veces soy un poco bruta pero es solo eso: sinceridad.
-¿Has dicho que eres un poco puta? Es que estoy un poco sordo.
-Lo que estás es gordo, cojones.
-Has dicho "puta", vale.

Y ahí acabó nuestra deliciosa (aunque breve) historia de amor. Y es que no estamos acostumbrados a la sinceridad mas absoluta. Gracias a Dios. Sepan ustedes que la mentira es un don divino. ¿O cuando preguntan como les queda el peinado o la ropa quieren que la gente sea sincera? ¿O es que cuando preguntan a su pareja si le es fiel espera que conteste siempre la verdad? Necesitamos que nos mientan, una mentira piadosa y barnizada de colores brillantes. No una mentira real y dolorosa. La virtud está en saber mentir. El defecto en ser demasiado sincero.

Esa es la verdad. O no.




2 dic. 2012

Onanismo gilipollas



No se ustedes pero yo soy de la firme opinión de que la autosatisfacción es uno de los inventos más positivos de la historia de la humanidad. Un invento por otro lado nunca reconocido en ningún foro internacional y al que nunca se ha dedicado un “día internacional del onanismo”. Por otro lado es complicado entregar el Premio Nobel de la Paz a un chimpancé con comportamiento masturbatorio compulsivo, pero al menos debemos reconocer lo que es de recibo. Este modesto texto es mi forma de reconocer a algo que ha ayudado a hombres, mujeres y obispos durante siglos. Miren ustedes, yo soy hombre y catalán así que imaginarán lo que el arte de la autosatisfacción representa para mi, aúna lo mejor de los dos mundos: sexo fácil y sexo gratis. Pero no me imaginen como un mono que esté cantando todo el año y a todas horas canciones de navidad dándole fuerte a la zambomba arriba y abajo. La autosatisfacción es un invento saludable, simple, relaja y da brillo al cutis, nos distrae de las preocupaciones diarias, permite hacer volar nuestra imaginación, ayuda a los fabricantes de kleenex y siempre está al alcance de nuestra mano. Por eso, si pueden obviar eso de que se quedarán ciegos o irán al infierno, sean libres porque ni el infierno existe ni la autosatisfacción provoca ceguera. Puedo demostrar ambas cosas. Cuentan que el primer onanista fue un hombre de neardental que se quedó atrapado en una cueva durante todo un invierno y para sobrellevar el hecho de que tuviese que comerse uno de sus propios pies para sobrevivir, echó mano de lo que no debía y nos enseñó el camino al resto. Por si ustedes lo desconocían, el término “onanismo” se debe a que unos cuantos siglos después de nuestro amigo el cojo neardental, existió un personaje bíblico llamado Judea, el cual tenía tres hijos llamados Er, Onán y Selá. Digamos que Er no era precisamente un corderito de buenas intenciones y (nuestro buen) Dios lo hizo morir. Entonces Judea obligó a Onán a casarse con su cuñada y procurar descendencia a su hermano muerto. Pero como Onan se olía que aquello iba a ser como pasarle la pensión a dos ex mujeres, se dio al arte de “trillar dentro pero sembrar fuera» (expresión literal de la biblia) evitando así mantener hijos que no llevarían su propio apellido y a la vez impedir que la herencia de su padre se repartiera. Por este pecado Dios hizo que la Tierra se lo tragara. Bonita historia que contar a nuestros nietos ¿no? Muerte, cuernos, traición mentira y onanismo. Pues ale, ya saben de dónde viene “Onanismo”. Y sobre todo, no confundan todo esto con tener sexo con gente bajita.