"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

25 ene. 2014

Correspondencia con Tita Gekkeikan (6)

Y con estas cartas llega a su fin la correspondencia que desde hace casi 4 años mantengo con Tita Gekkeikan. Quienes no conozcan esta penosa relación epistolar, les invito a que lean las anteriores misivas


Y a partir de aquí... despedida y cierre:

 “Querido sobrino
Me alegra leer que sigues tan rematadamente tonto, tu familia de ojos rasgados siempre supimos que conseguirías decepcionarnos. El otro día tu tio me preguntó si tenías mujer y le he contado la verdad, que las únicas mujeres que conoces son unas muñecas hinchables. Como no sabe lo que es una muñeca hinchable se lo he explicado sin pelos pero con señales y ha salido corriendo al sex shop mas cercano a comprar media docena. Gracias a Dios el sex shop mas cercano está a 300 kilómetros y podré comerme yo sola toda la sopa de miso que he cocinado esta mañana. Espero que sea sopa de miso porque como soy ciega y no tengo brazos quizás haya cocinado al gato o al alcalde de nuestra aldea. Por aquí todo sigue igual. El otro día se casó la gorda de tu prima Matsuma a quien ahora estoy dictando esta carta. La boda fue muy bonita a pesar de que el novio huyó en ultimo momento al ver a tu prima embutida en el kimono ceremonial y no nos quedó mas remedio que casar a Matsuma con el gay del pueblo que es el único que aceptó tal reto. No era cuestión de desaprovechar la fiesta que habíamos montado. Gracias a Dios el gay del pueblo también es nuestro sacerdote y fue fácil convencerle aunque la única condición fue que le dejásemos vestirse a él de novia y tu prima Matsuma –y su futura esposa- se vistiese de bombero de Nueva York mientras todos coreábamos canciones de “Village People” cosa comprensible porque todos vivimos en una aldea. Después de la boda nos untamos el cuerpo con aceite de coco y bailamos canciones de Tetsudo Makuda (el Georgie Dann asiatico) hasta el amanecer. Es lo que tiene beber mas sake del que puedes mear. Aparte de eso no hay nada nuevo en nuestras vidas. El Sol sigue saliendo por donde siempre y los niños nacen con dos cabezas. Es lo que tiene vivir tan cerca de Fukushima. Sigue así de gilipollas que eres el orgullo de la familia.
Tu tita que te quiere.
Tita Gekeikkan.” 

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“Querida tita

Creo que vamos a tener que dejar de escribirnos. No es que me canse escribir ni tampoco que no tenga nada que decir. Es simplemente que me aburren tus historias y las de tu aldea. Además, después de mucho pensar he llegado a la conclusión de que no somos familia. El hecho de que no nos apellidemos igual, no nos parezcamos y nadie de nuestras familias se hayan visto nunca, me parece suficiente motivo para asegurar que esto ha sido una gran equivocación. Es verdad que de pequeños una señora japonesa nos cuidó pero no creo que seas tu porque después de asesinarla la enterramos en el jardín trasero. No te deseo nada malo, me parecéis unos japonesitos de lo mas simpáticos pero escribir a mano significa que no puedo utilizar mi mano derecha para el hobby del onanismo y como bien sabes, el porno en Internet ha hecho que hayan demasiadas mujeres para tan pocas horas que tiene el día. Espero que todos seáis muy felices a pesar de vuestros continuos accidentes y que la radiactividad de la cercana Fukushima os haya convertido a todos en mutaciones que deberían dormir en barriles sellados y lanzados a la má profunda fosa marina. Una cosa no quita la otra. Siento que nuestra relación acabe de manera tan inmediata pero prefiero dejarlo aquí y tener un bonito recuerdo de todos y cada uno de vosotros, pedazo de idiotas.Que la fuerza os acompañe
Siempre tuyo
Un completo gilipollas.”

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 “Querido gordo gilipollas
Vete a tomar pol culo.
Tu ex-tita.”

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Nada es para siempre ¿no? Aunque bien pensado. ¿Quién quiere que las cosas sean para siempre? Como dijo el filósofo:  Dios, si existe, debe estar aburridísimo de su eternidad. Como digo yo: disfruten de sus vidas, de sus familias y de sus amantes furtivos en este mundo lleno de Fukushimas y tsunamis.


6 ene. 2014

Chicas malas

     La vida te reserva demasiadas sorpresas, incluso para alguien como yo que ha abierto ya todas las casillas del calendario de adviento. He conocido a tantas mujeres y me han rechazado tantas que conozco el universo femenino mejor de lo que pueden conocer la totalidad del colegio de ginecólogos. Y aun y así, siempre hay mujeres que me sorprenden. Curiosamente el número de mujeres que he conocido y el número de mujeres que me han rechazado, coinciden. Esta es la esencia de mi particular sabiduría.
      Conocí a la hijaputa en una web de contactos, el lugar donde todos los hombres dicen buscar el amor vertical cuando en realidad buscan el horizontal. Para que luego digan que la virtualidad no es como la vida misma. Era una mujer realmente hermosa, algo entrada en carnes pero con un rostro privilegiado, ojos azules, pelo rubio ensortijado y unos labios que parecían haber sufrido media docena de infiltraciones de botox y pedían zanahorias a gritos.
      Quedamos en un café del centro, ella apareció con un vestido negro ajustado a todas y cada una de sus redondeces que hizo que mi riñonera subiese unos centímetros mas de lo necesario. Tomamos asiento, ella pidió un café y yo una sangría de litro y comenzamos una de esas charlas de desconocidos donde uno se interroga al otro mientras intentas que la otra persona no se de cuenta que le miras el escote, la barriga o las tetas.
 -¿Qué estudiaste? –pregunté yo.
 -Química. Pero no crees que fue difícil, me follé a todos los profesores. Bueno, a todos no. En realidad a los viejos solo les dejé meterme mano, en aquella época aún existía el Viagra.
 -Yo no pude estudiar, mi familia no tenían dinero, eso y también que soy un lerdo.
 -Mi familia tampoco tenía dinero pero en la facultad de química era fácil hacer pastillas de esas que te llevan al séptimo cielo. Hicimos de todo, desde LSD a anfetaminas. Gané mas dinero del que podía gastar, pero no me juzgues, me considero una buena persona, todo el dinero que sobraba de trapichear con pastillas en la puerta de la discoteca lo doné a una ONG.
 -Pero las pastillas matan gente también…
 -Entonces todos los abuelos estarían muertos. ¿No? Además, solo vendía a menores de edad, esos no lo mezclan con alcohol. O no debieran.
     Preferí no continuar con ese tema, no es buena idea hacer enfadar a alguien a quien deseas desabrochar el sujetador con los dientes. Hay muchos temas sobre los que nunca has de hablar en una cita si quieres causar buena impresión. El trabajo es uno de ellos. Pero resulta que yo no quería causar buena impresión, solo fornicar con aquella malnacida.
 -¿Dónde trabajas?
 -En Industrias Frenco.
 -¿Industrias Frenco? ¿Esos no son los que les denunciaron por hacer abono con niños coreanos?
 -Si bueno, pero yo solo trabajaba en administración, llevando la contabilidad de toneladas de niños y de abono. Ya sabes, peras que entran y manzanas que salen.
         En esos momentos me sentí como uno de esos dioses que deben escoger entre enviar a la humanidad cientos de plagar o regalarles un soleado día de domingo con palomas blancas y cerveza gratis. Supongo que es la misma sensación que debe tener un político la primera vez que le ofrecen un sobre hinchado de dinero. Conste que no soy una persona con demasiados principios, mas bien soy de finales (felices). Decidí dale una ultima oportunidad, estaba demasiado buena para cualquier otra cosa.
-¿Y que aficiones tienes? -pregunté
-Bueno, me gusta emborracharme y bailar desnuda en la barra de los bares, también me gusta disparar a la gente con una escopeta de perdigones desde la ventana del baño e ir a misa los domingos.
 -¿Has dicho misa?
 -¿Si no nos queda la fe que nos queda? Soy una gran practicante.
 -¿Pones inyecciones? Pensaba que habías dicho que trabajabas en una empresa que convierte a los niños en abono.
 -¿Te ríes de la religión?
 -Me río de todo. Vamos, reírse es sano.
 -Es una falta de respeto.
 -Lo que es una falta de respeto es drogar a los niños, convertirlos en abono y dispararles en el parque con una escopeta de perdigones.
 -¿Me estas juzgando? Me confieso todos los domingos.
 -Yo tengo un blog, también confieso ahí todo lo que hago pero eso no me exime de la culpa. Yo soy gilipollas pero tu eres una hija de la gran puta.
       Por primera vez en mi vida había pronunciado una frase medianamente inteligente. Creo que fue la última vez en mi vida. Aquella mujer era hermosa, una cabrona malnacida de mucho cuidado, pero hermosa. Y a los hombres nos importa mas lo primero que lo segundo. Acababa de meter la pata. Ella se levantó, me lanzó esa mirada de desprecio que tan bien conozco y desapareció moviendo su magnifico trasero mas de lo necesario a modo de puya que envía el toro moribundo al cielo de los toros.
    ¿La moraleja? Aquí no hay moraleja mis queridos niños, solo un polvo perdido. Todos tenemos principios, algunos mas férreos que otros, pero todos nuestros principios se derrumban llegado el momento de quitarnos la ropa y compartir el sudor. No importa si somos heterosexuales, homosexuales, lesbianas, transexuales, perros de caza o el Obispo de Salamanca. Todos somos iguales. Igual de idiotas, me refiero. Debería haberme follado a aquella maldita hija de puta de magnifico trasero pero no lo hice. ¿Soy mejor persona por ello? No creo, sigue siendo una hija de puta y yo sigo masturbándome a solas en el baño con las fotos de la sección de contactos de un periódico deportivo.