"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

11 dic. 2016

Novelista gilipollas




A veces, incluso en los días más oscuros de mi oscura existencia, encuentro motivos para seguir adelante, especialmente en verano, cuando las mujeres reducen todo cuanto textil cubre sus cuerpos y mis pupilas se dilatan hasta el colapso. ¿Pero y en invierno? El gilipollas hiberna y sobrevive a base de esas páginas de porno gratis en Internet que merecerían el Premio Nobel de La Paz. Y es que, además de dedicarme al onanismo salvaje, en invierno también pierdo el tiempo escribiendo. Y sucede que, durante todos esos inviernos, entre sexo conmigo mismo y llamadas al Telepizza, he escrito una novela. ¿Por qué escribir una novela? ¡Porque quiero ser famoso y firmar en los pechos de mis lectoras! No hay otras respuestas. No obstante, una vez finalizada mi novela, se me plantearon nuevos retos ante los cuales recibí ciento de portazos en pleno rostro cual tronista de Mujeres, Hombres y Viceversa en la inauguración de una exposición de arte. Al parecer, ni en el registro de la propiedad ni tampoco en las editoriales, admitían que alguien publicase una novela con el nombre de “Fernando Gilipollas”, cosa que puedo llegar a entender porque Fernando es un nombre de pila comercialmente terrible.

Así pues, tuve que buscar a un vecino que publicase la novela con su nombre, me diese todos los beneficios y además accediese a tener sexo conmigo cuando casi toda la humanidad se extinguiese por culpa de un virus mutante desarrollado en un laboratorio secreto en Los Monegros.

Y aquí está el resultado: una novela de humor negro cuya sinopsis es la siguiente:

En la tradición de la novela satírica clásica, “La ligereza de la grava” cuenta la historia de Anselmo Queralt, uno de los hombres más poderosos del país, recién cumplidos los setenta años, que ahora se encuentra en lo alto de un puente, dispuesto a acabar con su vida. Lo tiene todo y, no obstante, siente que no ha conseguido nada. Es entonces cuando aparece Edurne, una insoportable mujer que cambiará todo. Aunque las cosas no son lo que parecen a primera vista y este encuentro provocará una serie de imposibles situaciones que acabarán con toda la civilización al borde del colapso por culpa de tres misteriosos personajes y un bocadillo de sobrasada con pimientos.

Como podéis ver es una novela que hace honor a mi apellido.

Si queréis hacer feliz al onanista que suscribe, comprad cientos de ejemplares y luego venid a la puerta de mi casa a que os firme los pechos (incluso si sois hombres). Aunque si compráis un solo ejemplar también puedo darme por satisfecho.




Y no molestéis a mi pobre vecino Ricardo, ese es tan solo un idiota que ha aceptado poner su nombre porque cree que, el que su nombre aparezca en la portada de una novela, conseguirá que el banco le financie su proyecto de ser el primer escritor vivo que no venda una sola novela en toda su vida. En ello estamos.