"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

10 de dic. de 2014

Más apalabrados



¿Sabían ustedes que el arma virtual más poderosa para ligar no son esas páginas de contactos ni tampoco Facebook ni aun menos los anuncios por palabras? En Internet existe un arma de seducción infalible y poderosa llamada “Apalabrados”. Yo, a estas alturas de la vida, ya había conocido el juego e incluso había escrito un texto sobre "Apalabrados" en este mismo blog, pero me cansé de poner las dichosas letritas en orden pues me parece más reconfortante gastar mis horas de asueto leyendo a Schopenhauer y viendo porno gonzo que jugando a encajar letras con un desconocido. Hasta que un amigo me dijo que donde hay un desconocido también hay una desconocida y que, con cierta paciencia y un buen diccionario se puede conseguir fornicio. ¿Un diccionario? ¿Eso qué es? Recuerdo hace años haber visto alguno en casa de mis padres. Al final encontré uno en casa de un amigo y descubrí que un diccionario es un libro donde las frases, en vez de contar una historia, cuentan palabras ordenadas alfabéticamente. Palabras… apalabrados.

Mi amigo era un puto genio.

Lo siguiente fue instalar el maldito juego en mi móvil, apenas tarde dos semanas en descubrir que en el teléfono fijo de casa no se puede instalar así que cuando me hice con un smartphone y lo tuve instalado, comencé a lanzar partidas al azar hasta que en una apareció la foto de una hermosa rubia. A por ella. El problema es que la rubia no hacía honor a su color de pelo y ganó la partida antes de que yo pudiese poner más que dos monosílabos. “Eh” y “Uh”. Mi primera partida después de tantos años y parecía un simio tras recibir tres dardos narcotizantes. Y lo peor de todo es que en las siguientes partidas, las mujeres con las que jugaba no contestaban a los chats que yo les enviaba dentro del juego con frases de manual del seductor como “en vez de donar tu cuerpo a la ciencia, dónamelo a mi “ o “las rebajas han acabado, pero por ti me vendo barato“.

-No están para chatear contigo, quieren jugar y distraerse, solo eso -me dijo mi amigo.
-¿Si no quieren chatear como conseguiré ligar con alguna?
-¿Tu eres gilipollas?
-En efecto… Fernando, para servirle a usted.
-Es un juego con letras… utiliza las letras.

Mi amigo continuaba siendo un puto genio. Las letras...

En mi siguiente partida utilicé hábilmente las 7 malditas letras del juego para componer alguna palabra seductora. Solo conseguí colocar “pez”, “silla” y “cafe”. Tampoco funcionó lo cual confirma que ni los peces ni las sillas ni el café son elementos afrodisíacos. Y además perdí la partida. Algo no acababa de funcionar así que volví a reclamar la sabiduría popular de mi amigo.

-¡Para qué diablos te dije que buscases un diccionario, gilipollas! –protestó mi amigo al día siguiente.
-En efecto… Fernando, para servirle a usted.

Claro, el maldito diccionario. Lo recuperé de debajo de una de las patas de mi mesa que siempre cojea y lo utilicé para la siguiente partida. Después de varios intentos conseguí colar la palabra “bonita” pero la mujer contraataco con “tonto” a lo que reploque con la palabra “tocar” y ella ganó la partida con “viejo”.Quizás había perdido pero al menos le estaba cogiendo el truco al tema. Claro, ligar con las palabras del maldito juego…el siguiente paso consistía en escoger las palabras adecuadamente olvidando el juego en si aunque pronto descubrí que también me gustaba jugar.

Después de 245 partidas consecutivas perdidas donde no conseguí ligar ni remotamente, y transcurridos tres meses conseguí ligar con las palabras “empujon”, “aceite” y “macho” (las de mi oponente fueron “total”, “amor” y “siempre”). Por desgracia, cuando le hube enviado la dirección de mi casa por chat a la susodicha, reparé en que con tanto fragor había olvidado mirar la foto y en realidad “colegiala69” era un señor con una camisa apretada y un gran bigote cruzándole la cara.

Llevo dos semanas sin salir de casa, gracias a Dios tengo el “Triviados” para hacer más llevadera la estancia en mi escondite jugando con desconocidos. Al menos en ese juego de trivial no se pueden escoger palabras, solo respuestas. También pierdo pero duele menos.


El lobo de Barcelona



En la vida existen dos maneras de enfrentarte a los demás, o bien eres un dulce osito de caramelo o bien eres un cabrón del tamaño del estadio de un equipo que juega la Champions. También puedes intentar ser tu mismo pero entonces tienes tanto futuro como un recién nacido flotando en un embravecido mar y rodeado de hambrientos tiburones blancos. Desde este blog he teorizado sobre la necesidad de la mentira. Sobre todo en las relaciones con los demás. La verdad está sobrevalorada porque es una debilidad en un mundo lleno de depredadores. Ir con la verdad por delante es como pretender sobrevivir en la selva armado con papel de liar y un palillo usado.

No obstante, hoy les hablaré de la mentira enfocada a la caza del placer. Hay gente que miente por conseguir dinero, por conseguir fama o por conseguir poder. Teniendo dinero, fama o poder, puedes conseguir cuanto placer desees, pero para conseguir todo ese dinero, fama o poder se necesitan años de esfuerzo en el que poca gente quiere invertir. Como en el tema de si la pizza ha de llevar piña o no, solo hay dos posibilidades: o bien tu padre, dueño de uno de los bancos más famosos del país, muere de repente en plena noche de un fulminante ataque al corazón con su cabeza entre las piernas de una stripper cuarenta años más joven que él... o bien eres un mentiroso de tomo y lomo.

Yo procedo a saltarme todos esos preliminares porque no se quien es mi padre e iré directo al placer y lo haré con mi mejor mentira colgada en la cara, a la altura de los ojos.

Para conseguir placer, lo mejor es acudir a un lugar donde haya muchas personas. Mujeres, hombres o enanos disfrazados de pastorcilla, cada uno que escoja lo que quiera. A mi me gustan las nórdicas disfrazadas de soprano de "El anillo de los Nibelungos". Es como cuando sales a pescar, siempre se consiguen mejor resultados navegando sobre una banco de peces que en una piscina inflable. Los conciertos, manifestaciones y partidos de fútbol es donde hay más gente pero no parece inteligente intentar fornicar con una adolescente histérica, una perroflauta o una hincha. Tienen demasiada personalidad… o demasiada poca.

Hay que pescar en discotecas de madrugada. Los peces de noche y confusos pican mejor el cebo.

Lo primero que han de hacer es crearse un personaje. Yo antes me inspiraba en el Stallone de los 80s pero ahora he escogido el personaje que interpretaba Leonardo Di Caprio en “El lobo de Wall Street”. Puede que el físico no me acompañe pero lo que importa es la actitud ganadora. Tener un pene de 35 cms también ayuda.

Cualquier viernes por la noche, me dejo caer en una de las muchas discotecas de Barcelona, no son las mejores discotecas porque ahí están las mejores mujeres pero también los mejores contrincantes. Me dejo caer en una de las muchas discotecas de gente de más de cuarenta (cincuenta e incluso sesenta) donde señoras recién salidas de la peluquería se esfuerzan por recuperar una época que hace demasiados años les abandonó para siempre. Pescar en un lugar así es relativamente fácil pero eso no evita que uno tenga que crearse el personaje y llevarlo hasta el límite. Les digo que soy corredor de bolsa, que tengo un deportivo aparcado cerca de la discoteca, les digo que vivo en una lujosa torre en Pedralbes, el barrio mas exclusivo de la ciudad, les digo todas las mentiras que quieren creer y rezo porque la oscuridad de la discoteca les impida ver que visto ropa del Zara, gafas rotas, peinado de peluquería china (final feliz incluido) y sandalias.

-Me llamo Jordan Belfort -comienzo mi discurso susurrándoles al oído (e intentando no escupir)- y no estoy en esta discoteca para venderte un bolígrafo a las cuatro de la mañana sino para que necesites un bolígrafo con el que apuntar mi teléfono, porque soy tan irresistible que pronto resbalarás en un charco que se está formando entre tus muslos. Soy el Lobo de Barcelona, el tipo mas seductor que nunca hayas conocido y, a juzgar por tu edad, nunca conocerás.

Cuando mientes y lo haces bien, la gente cree lo que dices porque les gustaría creer que lo que dices es verdad. A todas esas mujeres les gustaría creer que soy Leonardo Di Caprio. Este es el secreto del buen engaño, que la gente, a las cuatro de la mañana y después de tres gintonics, quieren ser engañados. Todos sin excepción.

Nunca me ha funcionado, también es verdad.

23 de nov. de 2014

Primer congreso gilipolllas del amor


Algunas personas acostumbran a enviarme correos electrónicos preguntándome sobre el amor. ¿Cómo reconocer el amor? ¿Qué hacer? ¿Cómo escapar? Entiendo que son preguntas que todo ser humano se hizo, se hace y se hará. ¿Pero por que coño me lo preguntan a mí? Solo se que el amor es una pérdida de tiempo. Yo entiendo de fornicio y eso tan solo como teoría. Escribo mis experiencias sobre cómo intento meterme bajo las faldas de cualquier mujer para que, quienes me leen, sepan como nunca deben comportarse si persiguen el éxito. Y a pesar de todo eso, ustedes siguen preguntándome sobre el amor.

En este mismo blog hay una sección titulada "Consultorio del doctor gilipollas" que tampoco parece suficiente para quienes sufren males de amor porque no les satisface un simple consejo. Quieren ser felices ya mismo y eso es una utopía a no ser que tengas un DeLorean que vuela. Los seres humanos nunca comprenderemos que es el amor porque el amor es un error de diseño de nuestra especie. ¿Cómo contestar sin defraudarles a absolutamente todos?

(Cinco cervezas mas tarde)

¡Ya lo se! ¡Tengo la solución! ¡Una mesa redonda! Hubiese preferido una cama redonda pero vamos a hablar de amor. O a intentarlo. Para esta mesa redonda he convocado a algunas personas de este blog que quizás algunos recuerden: el señor de Soria que no tiene nombre pero le gusta besar a otros hombres, mi amigo Abundio (perdidamente enamorado de una compañera de trabajo), Maria "la dientes" (una conocida del barrio que fuma bajo un farolillo rojo y tarifica el amor por horas) y a mi buen amigo Foxy Fita (lider del grupo musical "Los Sexys"). Los junté a todos en un bar y pedí cinco cervezas bien frías mientras ajustaba el cartelito encima de la mesa que decía "Primer congreso gilipollas del amor". Mi primer error fue que la mesa era cuadrada.

-Todos queridos -comencé poniéndome de pie- bienvenidos al primer congreso gilipollas del amor donde vamos a discutir sobre eso mismo, sobre el amor. Porque sino lo habría llamado "nos vemos en el bar".
-Yo creía que venia a una orgía -dijo el señor de Soria guiñándome un ojo.
-Yo tengo prisa que he de ir a hacerme la permanente -dijo Foxy Fita mirándose en un pequeño espejo que acababa de sacar de su chupa de cuero.
-¡Silencio! -grité dando un fuerte golpe encima de la mesa- Nadie os ha dado la palabra, soy el moderador, solo podéis hablar cuando os de la vez, como en la cola de la panadería.
-¿Podemos beber aunque no nos des permiso? -preguntó Abundio.
-Eso si -contesté- pero no bebáis mucho porque el presupuesto de este congreso es de cinco euros y las bebidas no se incluyen.
-¿Entonces para que son los dos euros? -preguntó Maria "La dientes" ahogando todas y cada una de las vocales de la frase (a María la conocen como "la dientes" aunque en realidad no le queda ni uno solo en toda la boca, circunstancia esta que la hace tan famosa como solicitada).

-Para mis cervezas -dije orgulloso de haberlo previsto todo- Y ahora vamos a a lo importante: ¿Vosotros creéis en el amor?

Nadie contestó así que repetí diez veces la pregunta hasta que me di cuenta que no les había dado la vez. Mis amigos son tontos pero disciplinados.

-¡Hablad coño!
-Entonces que hable la puta sin dientes -dijo el señor de Soria- que es la única que gasta de eso.
-¿De amor? -pregunté.
-De coño -contestó el señor de Soria.

Entonces Maria "La dientes" se levantó y se marchó de allí sin decir nada mas. Fantástico. No habíamos ni comenzado y ya habíamos perdido a una ponente con lo que solo quedábamos cuatro hombres. Bueno, tres hombres y el señor de Soria.

-Yo si que creo en el amor -comenzó Abundio- estoy enamorado de mi compañera de trabajo.
-Yo creo en el amor en las áreas de descanso de la autopista Gerona-Francia -dijo el señor de Soria.
-Yo creo que debería ir saliendo porque tengo hora a las 5 en la peluquería.

Y diciendo esto, Foxy Fita también desapareció del bar.

-No os preocupéis amigos -dije con tono pausado- nosotros tres podemos seguir hablando del amor.
-¿Tu crees en el amor, gilipollas? -preguntó Abundio no sin cierto escepticismo.
-Creo en el amor siempre que acabe en sexo -contesté entre trago y trago-. En realidad creo en cualquier cosa que acabe en sexo.
-Pero el amor no es sexo -protestó Abundio.
-¿Entonces por que le llaman "hacer el amor"? -pregunté yo.
-El amor es una tontería -dijo el señor de Soria- yo nunca he sentido amor por una mujer.
-Tu calla camionero maricón -dije.

Y con la última palabra de mi frase, el señor de Soria se levantó de la mesa y también desapareció del bar. Entonces miré a mi amigo Abundio y me di cuenta que no podía discutir de amor con él. De nada sirve discutir de amor con alguien que está enamorado. Es como discutir sobre alcohol con un borracho o discutir sobre honestidad con un político. Todos han perdido el norte.

-El amor no existe -dije levantando mi cerveza- y con esta conclusión doy por finalizado el primer congreso gilipollas sobre el amor.
-Menuda mierda -dijo Abundio.
-No lo sabes tu bien amigo, por cierto ¿llevas dinero para  todas las cervezas que hemos tomado?

Salimos corriendo del bar como alma que lleva el diablo mientras el dueño del bar nos perseguía calle abajo diciéndonos de todo. Moraleja: el amor siempre cuesta dinero (y no solo en los locales que frecuenta Maria "la dientes"). ¿Realmente creen ustedes que cinco descerebrados como nosotros íbamos a comprender lo que miles de millones de personas llevan sin comprender durante cientos de años? Como dijo el maestro Groucho Marx: "Lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis y, cuando se han curado de la indisposición, se encuentran con que se han casado."


18 de nov. de 2014

El cuento de la rana y la princesa (siglo XXI style)




Este es la fábula de la rana y la princesa, una historia que muchos conocemos porque todos los viernes por la noche se repite en todos los discopubs del planeta tierra con la única diferencia que, después del beso, las ranas continúan siendo ranas. Este nuestro cuento se ubica en pleno siglo XXI así que la rana era de plástico y la princesa llevaba una minifalda de espanto que dejaba al aire unos muslos impropios de cuento infantil. Además, la rana, aunque de plástico, era capaz de hablar. No se extrañen,  hay artefactos de plástico que hacen felices a muchas otras princesas solitarias. La rana tenía por nombre "Rana" y la princesa se llamaba "Princesa", lo que simplifica mucho el cuento (sobre todo para mí que soy quien lo cuenta). Coexistían ambos en una bonita ciudad con su castillo, su río y sus caballeros de playmobil. Una villa cualquiera de cualquier reino. El cómo se conocieron es un misterio, unos dicen que la rana paso de mano en mano hasta que fue a parar a manos de la princesa, otros dicen que unos sicarios kosovares la raptaron en una charca de algún pueblo de Transilvania y luego la vendieron en nuestro país como parte de una trama organizada de tráfico de ranas. Lo que salvó a la rana de acabar de acabar en la olla de un restaurante chino fue precisamente su plástica condición. Lástima que los gatos no sean también todos de plástico. 

Y esta fue la conversación que tuvieron la rana Rana y la princesa Princesa:

-Hola preciosa ranita verde -dijo la princesa luciendo la mejor de sus sonrisas, una de esas sonrisas que iluminan campos enteros de trigo en pleno otoño
-Hola tía buena. Y no me preguntes porque te llamo tía buena porque salta a la vista.
-¡Pero eso es una falta de respeto!
-¡Pues no te vistas con esas ropas tan apretadas!

No me sean idiotas, si llegados a este punto han asumido que una rana de plástico puede hablar, entonces tampoco se extrañen ustedes de que una princesa vaya enseñando cacho. Esto no es una película Disney, diablos.

-¿Cómo te llamas dulce ranita?
-Me llamo rana. ¿Y tú?
-Me llamo princesa.
-Nuestros padres eran listos... ¿eh?
-Bueno, mis padres son reyes.
-¿Entonces conoces a Undargarin?

De la misma manera que hay princesas buenorras enseñando cachas también hay ranas divertidas. Todo es cuestión de perspectiva, imaginación y mucha droga.

-¿Y hay algún príncipe que caliente tus aposentos? -preguntó la rana Rana.
-Siempre hay alguien -dijo la princesa Princesa dejando escapar un hondo suspiro que se llevó el viento-.Ranas hay demasiadas, príncipes demasiados pocos. El problema es que no lo descubres hasta que ya les has besado.¿Si te beso te convertirás en un príncipe?
-A lo mejor si metes la lengua con fuerza...
-¡No seas marrano!
-Vamos tonta... solo un piquito. Si te gusta tengo una habitación alquilada hasta mañana por la mañana en ese hotel de ahí -dijo la rana señalando unas luces en la lejanía-. Te enseñaré a jugar al strip-scatergories.
-¿Lo tenías todo preparado?
-Soy una rana de plástico, no tengo tantas oportunidades de que un pedazo de mujer como tú me dé un beso así que... digamos que sí. Lo tengo todo preparado para que esto sea una película de amor.
-¿De esas donde al final se casan y tienen niños rubios?
-No, como esas donde se besan encima de la fotocopiadora y acaban limpiándose con un kleenex.
-¿Lo ves? Por eso no puedo fiarme de ti.
-¿Por qué? ¿Alguna vez te ha hecho algo malo una rana de plástico? Venga tonta... probemos. Hasta que no me beses no sabrás si soy como los demás.
-Me da miedo besarte porque algo me dice que el beso es el comienzo de otra cosa.
-Un beso siempre es el comienzo de otra cosa. A tu edad deberías saberlo.
-¿Me estás llamando vieja?
-A ver, no es eso... pero al final, de tanto ver pasar ranas se te va a pasar a ti el arroz. Las princesas de los cuentos no se tiñen las canas...
-¿Tanto se me nota?
-Es que aun llevas los rulos y el papel ese de plata.
-Ah si...

Entonces, sin pensarlo, la princesa besó a la rana y una especie de resplandor iluminó todo el planeta como un parpadeo del mismísimo Dios nuestro señor. Cuando tal acontecimiento se disipó en el aire, la princesa se encontró frente a un tipo gordo, calvo, vestido con pantalones cortos, sandalias, calcetines de tergal, una camiseta imperio y una riñonera rodeando su oronda anatomía.

-Encantado -dijo quien antes había sido rana -soy tu príncipe.
-Que feo -soltó la princesa dando unos pasos hacia detrás.
-Mejor feo que de plástico. Mi nombre es Fernando Gilipollas, encantado –dijo el tipo abalanzándose sobre ella para besarla de nuevo aunque esta vez con su lengua como avanzadilla de la conquista.

La princesa le propinó una fuerte patada en la entrepierna que le hizo caer al suelo entre gemidos. Después ella salió corriendo.

-¿Entonces de follar ni hablamos, no? –gritó el gilipollas desde el suelo.

Y colorín colorado, esta mierda de cuento se ha acabado. Porque, queridos niños y niñas, las princesas y las ranas solo existen en los cuentos, los juzgados y las charcas.


14 de nov. de 2014

Abundio, auxiliar administrativo



Desengañémonos, todos tenemos una compañera de trabajo a la que desearíamos arrancar el tanga con los dientes. No importa el tamaño ni el color del tanga, no importa si es de tergal o de algodón, si está comprado en el Primark o es una cara pieza de seda asiática del Victoria's Secret. Porque lo importante no es el tanga sino la persona. Quien diga que nunca ha deseado meter de dónde saca es que es un mentiroso del tamaño del monte más alto del planeta tierra. O más aún.  

La pregunta correcta no es si debemos o no liarnos con alguien del trabajo porque la respuesta siempre será la misma: el roce hace el cariño y el cariño lleva a hundir tu cabeza entre las piernas de la rubia de pelo rizado de contabilidad. Si, esa que está entrada en carnes pero que llevas 6 años soñando con coincidir con ella, los dos solos en un ascensor estropeado en pleno verano. Liarnos con alguien del trabajo es imposible de evitar. La pregunta correcta es: ¿sexo o amor? Si me preguntan a mí siempre contestaré lo mismo: sexo. El sexo con alguien del trabajo es emocionante, es prohibido e incluso puede llegar a ser divertido excepto si se hace encima de la mesa de caoba de la sala de reuniones durante la junta general de accionistas. Pero hay que tener cuidado, porque hay gente (muy rara, eso sí) que se han acabado enamorando de otra gente con quien tan tenido sexo. A eso le llamo yo "ser más tonto que Abundio".

Cuentan las historias que Abundio fue un agricultor navarro del siglo XVIII que cuando iba a vendimiar se llevaba uvas de postre, también dicen que se empeñó en regar sus campos usando como única herramienta su pene y su orín. Otros aseguran que San Abundio fue un mártir en la Córdoba Musulmana el siglo VII, fiel seguidor del obispo Samuel de Córdoba y de San Eulogio, quien se empeño en ser martirizado a pesar de que once veces le dieron ocasión de retractarse.  Hay que ser muy tonto para cualquiera de los tres supuestos.

Enamorarse de alguien con quien ya has fornicado es un error de diseño aun más grande que el Twingo o el estilismo de Jorge Javier Vázquez. Los hombres decimos que queremos a alguien cuando lo que queremos es empotrar a alguien. ¿Para qué decirle a alguien que le amas cuando ya has empotrado? Es como follar después de fumar. Sea como sea, enamorarse de alguien del entrono laboral puede ser un error entendible (e incluso aplaudible si es la buenorra de la planta 8) pero hacerlo después de haberte acostado con ella, entonces eso ya es propio de cualquiera de los Abundios antes descritos. En cualquier cena de navidad, todos beben con todos y todos follan con todos menos tú. Pero como asegura el dicho popular: lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas. O lo que es lo mismo: el fruto de la euforia alcohólico-laboral de la cena de navidad, debería quedarse en eso. Pero no. Hay gente que incluso se enamora de sus compañeros de trabajo después del polvo navideño en los lavabos del discopub "Nothingan Prisa". ¿Por qué diablos hacen eso? Para compartir coche de camino al trabajo? ¿Para cuadrar balances mientras recuerdan como se comían la boca en un hotel dos noches antes? ¿Para que nunca les falte alguien a la hora del desayuno?

El morbo del compañero (o compañera) de trabajo inalcanzable es un mito como lo de que si mezclas tónica con Baileys te mueres o el mito de que en algún lugar de nuestro país existe un político honesto. Pero los mitos, como las jugadoras de voley-playa, están mejor tirados por tierra.

¿A qué viene todo esta reflexión erótico laboral? Hace poco me encontré con un amigo (se llama Abundio, precisamente) quien me confesó que se creía enamorado de una compañera de trabajo.

 -¿Qué harías tu? –me preguntó Abundio todo preocupado.
 -¿Te la has follado?
 -Hemos hecho el amor, si.
 -¿Pero te la has follado?
 -No entiendo...
 -Déjala y busca otra manzana del mismo cesto, amigo.
 -Pero es que creo que me he enamorado de ella.
 -¿Lo crees o lo sabes?
 -Lo creo.
 -Entonces busca otra manzana del cesto, amigo. En serio.
 -¿Tu nunca te has enamorado?

En esos momentos recordé a Laura, la mujer del autobús con quien había compartido un café unos días atrás. ¿Estaba yo enamorado de Laura? No, por Dios. A mí no podía pasarme eso. Los folladores-vividores no podemos enamorarnos (sigo autodenominandome follador-vividor aunque haga años que no conozco hembra). Los hombres de verdad no tenemos sentimientos mas allá de nuestros testículos.

 -¿Amor? ¿Eso qué es? -pregunté haciéndome el Lee Marvin.
 -Amor es cuando no puedes dejar de ver a una persona en cada esquina de una ciudad, en el rostro de cada persona, amor es levantarse con el corazón hinchado de puro gozo, amor es...
 -Un momento, chavalote. No sigas. ¿Sabes lo que te pasa a ti, mi querido Abundio? Que haces honor a tu nombre de pila...

Miren ustedes a su alrededor, a sus compañeros o compañeras de trabajo. Miren esos pantalones de pinzas que tan bien les marcan el culo a ellos o observen esos escotes que se descontrolan cuando se agachan ellas a recoger unos clips del suelo. Eso es pasión, eso es sexo, eso es vida. ¡A follar que el mundo se va a acabar! ¿Qué puede importarnos que estemos rodeados de archivadores y fotocopiadoras? En el sexo, como en las películas porno, lo importante son los participantes, nunca el decorado. Pero por el amor de Dios, aunque estén ustedes emulando la trilogía porno titulada "Por un puesto de trabajo, por arriba y por abajo", no se enamoren ustedes de compañeros de trabajo. Eso nunca. Nuestra economía no puede permitírselo.