"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

21/9/2014

El aerobic lo carga el diablo





¿Sabían ustedes que la catedral donde más se fornica es en los gimnasios? También en los clubs de intercambio aunque en los clubs de intercambio todo sucede en ese lugar físico mientras que en los gimnasios el sexo sucede físicamente antes o después de acudir al local.  Pero este texto no va sobre los clubs de intercambio sino sobre los gimnasios. Si quieren saber más de clubs de intercambio me preguntan por correo, prometo ser discreto y hacerme pasar por sus cornudos maridos.

Para quien suscribe, un gimnasio resulta un hábitat tan natural como un congreso de neurociencia para Belén Esteban. Los gimnasios cuestan dinero, te cansas, sudas y todo huele muy intenso. Si quieren todo eso vayan a un club de carretera.  Los gimnasios son un error del ser humano como Telecinco, el tofu o el yoga. Pero ahí están y ahí acudimos a diario a ser torturados sin el menos respeto por nosotros mismos. Que ustedes hagan el imbecil es algo que no me preocupa. ¿Pero y yo...? ¿Por qué diablos acudí a un gimnasio cuando tengo tarjeta VIP de todos los clubs de carretera en 50 kilómetros a la redonda? Bueno, mi vecina es profesora de aerobic y ya saben que sucede cuando día tras día ves unas diminutas braguitas colgadas en el tendedor frente a tu ventana (y las robas... y las hueles como si fuesen oxigeno enriquecido... y las devuelves). La obsesión es lo que mueve el mundo. ¿Qué habría sido de la pintura sin la obsesión de Van Gogh? ¿O que habría sido de la cocina sin la obsesión de Ferran Adria? ¿Qué habría sido de la literatura sin la obsesión de Hemingway? ¿O que habría sido de la inteligencia sin la obsesión de Rafa Mora? 

El aerobic consiste en enfundarse en mallas e imitar los movimientos de una profesora al ritmo de una música que haría sangrar los oídos al mismísimo Bethoveen. ¿De qué sirve esto? Se supone que te pone en forma y es un buen ejercicio cardiovascular aunque lo segundo lo dudo porque transcurridos 30 segundos de mi primera clase de aerobic acabé en el hospital donde tuvieron que hacerme un triple bypass coronario.

Pero las obsesiones no entienden de ataques al corazón así que tres meses después y con un corazón reforzado volví a la clase de aerobic de mi vecina. Las clases de aerobic están siempre llenas de mujeres y algún que otro hombre de dudosa sexualidad. Pero eso es lo de menos porque mi objetivo era mi vecina. Las gordas y el maricón eran objetivos secundarios.

La segunda clase de aerobic fue mejor que la primera, al menos aguanté dos minutos antes de caer al suelo sufriendo miles de calambres y un ataque de tos que me llevó a perder el conocimiento. La buena noticia es que, cuando abrí los ojos, mi vecina sostenía mi mano mientras me observaba preocupada.

Conseguí una cita con ella, aunque fuese una cita en una camilla del centro de salud más próximo al gimnasio pero era una cita y ella aun iba enfundada en unas mallas que se ceñían a su cuerpo como una segunda piel.

 -Te amo –dije sin poder evitarlo.
 -Estás confuso, tienes que descansar.
 -Yo era quien robaba tus braguitas y luego las dejaba en tu buzón. Debes saberlo, soy un hombre sincero y creo que la sinceridad es la única manera de comenzar una relación de sentimiento...

Entonces mi vecina me propinó una nueva bofetada que me devolvió a la inconsciencia. Para que luego hablen de que el aerobic es sano.

Ahora, cuando me ve en el rellano, escupe a mis pies mientras se santigua y lanza una maldición gitana. ¿Lo peor de todo? Ya no cuelga sus braquitas en el tendedero.

El aerobic lo carga el diablo, definitivamente.


15/9/2014

La gran mentira






La mentira es necesaria. Vaya por delante esta frase lapidaria antes de comenzar cualquier argumento. El mundo se divide entre los que mentimos mucho, después están aquellos que simplemente mienten y finalmente hay algunos otros extraños seres que siempre dicen la verdad, huelen a colonia cara y sufren las consecuencias del resto. Los que mentimos (sea mucho o poco) siempre iremos un paso por delante de los que dicen la verdad. No hablo de moralidad, hablo de ventaja. Hay quien asegura que la sinceridad es una virtud y la mentira es un defecto. Primer error del tamaño de la réplica en látex del pene de Nacho Vidal. Los hombres (como género masculino) hemos entendido perfectamente que si queremos algo hemos de mentir y si queremos que se perpetúe hemos de perpetuar la mentira. Pongamos como ejemplo los infieles: pocos son los infieles que confiesan su infidelidad. Los infieles viven en la mentira perpetua hacia quien carga con los cuernos y así ha de ser siempre. La infidelidad es la base que sustenta, cual poderoso pegamento, cualquier matrimonio y la mentira es lo que sustenta la infidelidad. Porque, en efecto, el matrimonio es una gran mentira y como tal así la hemos de mantener para que la sociedad no se desmorone como un castillo de naipes y todo esto siga su lento, inexorable (e hipócrita) camino. Imaginen ustedes llegar al trabajo y que una compañera les pregunte si les gusta su nuevo peinado (que en realidad parece un gato atropellado encima de su cabeza). En efecto, ustedes siempre tirarán de la mentira ya sea por no ofender o para evitar una bronca que acabe en nuestro coche con las cuatro ruedas pinchadas. Las mentiras piadosas también son necesarias para todos los tipos de convivencia. ¿Cuántas veces un hombre ha dicho a una mujer "me quedo pero solo a dormir, tranquila, no pasará nada entre nosotros"? Me quedo solo a dormir pero a medianoche mis manos recorrerán tu cuerpo y mi misil intercontinental intentará alcanzar el monte que corona tus caderas cual gran danés en celo. Y es que, además de que es necesario mentir, es aun más necesario que nos mientan. Cuando compramos un coche sabemos que el vendedor nos mentirá para que compremos el coche más caro pero queremos que nos mienta porque nuestro ego necesita un coche mejor que el de nuestro vecino. Mentimos y nos mienten a diario. Y eso, además de necesario, es divertido.


¿Y los que siempre dicen la verdad? Pobre de aquel (o de aquella) que siempre diga la verdad porque está destinado a sufrir las consecuencias para el resto de su vida. La verdad puede que reconforte nuestra alma pero golpea sin piedad nuestras vidas. Decir siempre la verdad es fácil, asumir sus consecuencias es un tormento. La mentira facilita nuestras vidas. Si la verdad fuese moneda de cambio el mundo sería infinitamente peor, créanme, porque la mentira crea un mundo falso y fácil de vivir. Como los anuncios de compresas, vamos. Yo he mentido, mucho, miento casi más que hablo. Miento a las mujeres con las que me quiero acostar (que son todas), miento a mis jefes, miento a los inspectores de hacienda y a los agentes de la guardia urbana, miento a mi familia y a mis vecinos, miento al médico de cabecera y a quien me vende los diarios. Miento porque quiero vivir en un mundo falsamente feliz donde los problemas no existen si los escondes bajo toneladas de mentiras. Y esto, amigos, además de divertido, también es necesario. ¿Acaso no sabían que todos ellos también nos mienten a nosotros?

 

La mejor manera de explicar que todo es mentira es explicar la paradoja del mentiroso con la frase "esta frase es falsa". Ahora les pregunto... ¿he dicho una verdad o una mentira con esta afirmación?  Si la frase es verdad entonces lo que dice ("esta frase es falsa") es cierto lo cual nos lleva a la conclusión de que cuando dice que es falsa es que debe ser falsa lo cual es una contradicción en sí misma. Si la frase es  mentira, entonces lo que afirma cuando dice "esta frase es falsa" es falso. Ya que afirma que la frase es falsa, entonces la oración debe ser verdadera, una nueva contradicción. Vale, tomémonos un descanso, ha sido un ejemplo difícil de entender. Pero mola hacerse el intelectual.



Si revisan mis textos en mis aventuras con las mujeres verán que siempre miento, miento cuando digo lo que soy y miento cuando digo lo que busco. Ahora permítanme una pregunta... ¿acaso son ustedes tan inocentes para imaginar que las mujeres no saben que las estoy mintiendo? La mentira solo es mentira cuando el otro desconoce por completo la verdad. Ahí está el secreto, ahora piensen en ello y piensen también en que quien suscribe tiene un miembro viril que mide 35 centímetros. De verdad de la buena.


Las imágenes que acompañan este post corresponden a fotogramas de películas de ese gran maestro de la mentira y el humor que fue Billy Wilder (por orden: "El gran carnaval",  "En bandeja de plata", "Un, dos, tres" y "El apartamento")


1/9/2014

1 de Septiembre (bonus track)


He decidido a escribir este bonus track adicional a las 31 entradas de agosto porque sentía que había quedado algo en mi interior. Literalmente. Algo que no conseguía sacar tras 31 días de búsqueda y fracaso. Una suerte de estreñimiento sexual que me regalaba calambres en el estómago. Necesitaba sacarlo cuanto antes. Y por eso escribo. Aunque no voy a hablar de sacar sino de meter. porque este último post del verano no cuenta acerca del Sol, la playa ni la sangría. En realidad voy a hablar del deporte favorito de la antigua Grecia: el griego. ¿Por qué? Porque yo lo valgo, siempre he considerado que todo lo relacionado con la puerta trasera es un tema que separa a amantes y algo sobre el que deberíamos despejar cualquier duda ya mismo. No hablo de amor, no hablo de cariño... hablo de empotrar. Para un hombre (que no se jacte de besar a otros hombres) su propia cloaca es puerta solo de salida, no obstante vivimos en el convencimiento que cualquier agujero ajeno de contrario sexo es un túnel con grandes luces rojas que invita a una entrada sin peaje ni atascos. Y encima encaminamos nuestro autobús del amor asegurando con total convencimiento que no duele cuando desconocemos cualquier sensación al respecto. ¿Cuantas veces hemos respondido "sólo la puntita" a la frase "¡por ahí no!" y hemos acabado en urgencias? Los placeres griegos son como pagar impuestos, uno disfruta mientras el otro sufre. Eso del "win / win" en el deporte trasero solo funciona cuando eres gay o cuando solo miras Telecinco. Entiendo que es algo que nunca afirmaremos haber hecho de la misma manera que nunca hemos fumado un porro o nunca nos hemos teñido el pelo púbico. El sexo no convencional, como ir de putas o llorar con "Los puentes de Madison", es algo que todos hacemos pero nadie confiesa. Conozco a una persona que dice que nunca lo practica porque no es estético y tiene toda la razón aunque tampoco puedo imaginar algo que hagamos desnudos y sea estético a no ser que nos ganemos la vida posando desnudos. Los placers griegos no son estéticos (a no ser que te hayas hecho un blanqueamiento en el cerito) y además  es doloroso. ¿En cambio porque estamos empeñados en entrar por la puerta de servicio cuando tenemos un ascensor al lado? La respuesta es fácil: todo lo prohibido nos atrae. Nos han dicho tantas veces "por ahí no" que, cual adolescentes rebeldes, entendemos que esa es la única entrad. Por ahí si.

En una ocasión, en una fiesta donde habían mas hombres que mujeres y los hombres hablaban bajito entre ellos acaraciandose cariñosamente las nucas, conocí a un tipo que me dijo que los heterosexuales no son gays simplemente porque duele. Menuda tontería, vivimos en una sociedad donde todo duele, donde los políticos nos sodomizan día si y día también y encima les pagamos, vivimos en una sociedad donde nuestro jefe practica sexo anal convencional cada día con nosotros y donde lo que mas nos da por el culo es la gente que no piensa como nosotros.

Y encima tenemos las santas narices de asegurar con total convencimiento que nunca nos lo han hecho...



31/8/2014

31 de Agosto

Se acabaron las vacaciones y no ha sucedido nada interesante (en términos de fornicio) como ustedes bien han podido leer en este blog durante todos estos días, pero eso tampoco es malo. En ocasiones, la ausencia de acontecimientos es la mejor noticia, sobre todo cuando vas al proctólogo o a una administración de hacienda. Mañana toca volver al trabajo que en mi caso consiste en robar colillas de los ceniceros o propinas de los platillos. La vida tiene eso, es maravillosamente imperfecta. Háganme el favor de sonreír aunque no haya puesto ni una sola broma en este último post. 

Al menos estamos vivos.

30/8/2014

30 de Agosto

Una de las cosas que deben ustedes llevar a una cita con alguien que les invite a cenar es, aparte de la ropa (nos desnudamos como última etapa, solamente), una botella de vino. Las convenciones nos dicen que una botella de vino es una señal de respeto y agradecimiento. Mentira, llevamos una botella de vino a quien nos invita a cenar para emborrachar a esa persona y propiciar lo de la última etapa.

No se emocionen, ninguna mujer me ha invitado a cenar, es solamente una nueva táctica que he ideado para conseguir amor horizontal en el último día de este experimento sociológico denominado "31 días". Mi táctica es comprar una botella de vino y pasearla por la ciudad en el convencimiento de que cualquier mujer acabará preguntando para quien es y yo diré "para nosotros, querida". Reconozco que es una táctica un poco precipitada, bueno... en realidad es una táctica de mierda. Pero es una táctica y al menos eso algo.

Esta misma mañana he entrado a una bodega a comprar una buena botella de vino. Una de esas bodegas reconvertidas a templos de modernos con vocación de borrachos. En vez de el típico bodeguero malcarado de toda la vida ahora tienen muchachos que te ayudan a escoger el mejor vino. En vez de cuatro botellas de vidrio verde mal lavadas que rellenaban con dudoso vino de barrica, ahora hay cientos de hermosas botellas magnificamente alineadas, mostrando sus originales etiquetas y sus prohibitivos precios. No obstante yo no necesitaba ayuda pues estaba decidido a escoger el vino como siempre lo hemos escogido: el vino caro es el bueno y el vino barato es barato.

 -¿En que puedo ayudarle? -vino corriendo hacia mi uno de los muchachos de la bodega.
 -He venido a comprar vino. 
 -¿Sabe cual desea?
 -Diez euros.
 -Por ese precio tenemos multitud de variedades aunque si me permite, por un poco mas podriamos acceder a una variedad...
 -Diez euros -interrumpí yo- ni un centimo mas.
 -De acuerdo, veamos que podemos comprar con diez euros...

¿Por que en los sitios modernos simple hablan en plural? ¿Podemos? ¿Tememos? ¿Podríamos? Yo pensaba beberme el vino solo o en compañía de una mujer así que ya podía estar aquel aprendiz de gay despejando el plural de su vocabulario o se iba a quedar sin la propina que nunca le hubiese dado.

 -¿Algun vino de referencia? -preguntó el muchacho.
 -Si... que no venga en tetra-brick.
 -Gran elección. ¿Recuerda el último vino que le gustó?
 -Creo que era un Montsant...

Entonces el muchacho me cogió del brazo y me arrastró hasta una especie de mapa de la D.O. Montsant donde se veían todos los viñedos divididos por colores. A continucación comenzó a explicarme las caracterítsticas de todas las tierras y cuales eran mejor que otras.

 -A ver animalico... -comencé yo- he dicho que quiero vino, no me quiero comprar una parcela para construirme una casa de verano. Un puto vino de menos de diez putos euros y adios muy buenas.

El muchacho fingió cara de mapache rabioso y me llevó hasta una estanteria llena de vinos donde empezó a decirme las características de cada uno.

 -No me toques las narices -volví a interrumpirle.
 -De acuerdo -dijo el muchacho- mas sencillo. ¿Que va a acompañar este vino? ¿Carne o pescado?
 -Bisexual lo será tu madre que en paz descanse. No se como, cuando ni quien va a acompañar el puto vino. ¡Dame uno! 

El muchacho cogió un vino y me lo entregó. La etiqueta marcaba 10.50 euros.

-A ver, alma perdida... que me estás inflando los cojones y ya de por si los llevo hinchados que estamos en Agosto. Aqui pone 10.50. Y yo te he dicho 10. ¿Que parte no has entendido?
 -Solo son 50 centimos.
 -50 ostias con la mano abierta te voy a dar, borracho bisexual...

En efecto, esta mañana no he comprado el vino porque me han echado de esa bodega y de otras cinco. Ahora escribo esto desde mi casa, bebiendo una cerveza fria y esperando a que cualquier mujer llame a mi puerta.  Es la última esperanza que me queda este Agosto.