"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

19 ago. 2015

Encuentros gilipollas en la quinta fase



Después de este merecido paréntesis vacacional vuelvo a ustedes con energías y vestuario renovados para compartir algunas de las aventuras que me han sucedido en las últimas semanas. Han de saber antes que en el idioma gilipollas “paréntesis vacacional” significa “sofá, ventilador y pizza”, lo de siempre, vamos. La única diferencia es que ni me levantaba del sofá para escribir en este blog. Quizás habría debido decir “paréntesis virtual”. Que se yo… tanta pizza ha convertido mi cerebro en pepperoni con anchoas.

Lo que les voy a contar, mis queridos animales de compañía, es tan real como la honestidad de un político o los 35 cms de media del pene hispano y sucedió a finales de Julio cuando caminaba yo por los alrededores de una playa nudista convenientemente ataviado con bañador, prismáticos, cámara de fotos y kleenex. Lo que se conoce como senderismo vacacional, vaya. Sucedió cuando me adentré entre unos juncos para obtener mejor visión de los preciosos animalicos que permanecían en el paraje, cuando una mujer llamó mi atención apareciendo casi de la nada también entre los juncos.

 -¡Eh no estoy haciendo nada malo! –comencé a protestar antes que ella abriese la boca- ¡No soy un voyeur ni vengo aquí a tocarme mientras contemplo con mis prismáticos a las mujeres desnudas cada día de Martes a Domingo de 10 a 12 de la mañana siempre que no llueva! ¡Yo no soy uno de esos degenerados!

Entonces me di cuenta que la mujer iba vestida como con una especie de traje de látex dorado. Y lo más curioso de todo es que a pesar de aquella vestimenta y de sufrir mas de 35 grados de temperatura, yo sudaba como un cerdo y ella no tenía ni una perla de sudor en todo su rostro. Había que ser muy extraterrestre para no fallecer de un golpe de calor de esa manera a esa hora y allí.

 -Soy una alienigena arribada de una distante agrupación nebulosa con el fin de adjudicarte una dádiva de nuestro poblado –dijo ella.

Una extraterrestre, maldita sea, había acertado algo por primera vez en mi vida y no era la quiniela ni la lotería primitiva.

 -Vale… ¿podrías hablar como si no fueses un manuscrito encontrado hace cinco siglos?

La mujer era hermosa como una muñeca hinchable e igual de cercana y humana. Hablaba de manera mecánica y me miraba por encima de mi sudorosa calva.

 -Una extraterrestre que te traigo un regalo -dijo finalmente ella con esa expresión de fastidio que no conoce de constelaciones.
 -Ah vale, entonces acepto –contesté deslizando mi bañador piernas abajo- ¿Prefieres encima o debajo? Aunque como buen caballero te advierto que si escoges abajo, las cañas estas se clavarán en tu alienígena trasero.
 -No voy a copular contigo, ente plastiforme con base de carbono.
 -¿Eso ha sido un insulto o un halago?      
            
La alienígena obvió mi pregunta y me hizo entrega de una especie de casco lleno de cables que sacó de vaya usted a saber dónde. Los alienígenas debían haber perfeccionado las mochilas transparentes, sin duda. Menuda tecnología...

 -Esto es un transpondedor de emociones básicas –dijo la alienígena-. Este es el regalo que nuestro pueblo hace a tu raza.
 -Lo siento, no tengo moto. Me quitaron el carné por estacionar mi scotter en la barra de un club de carretera. ¿No tendrás alguna otra de esas mochilas invisibles que te sobre? Eso si que sería un buen regalo y me vendría de perlas para cargar con todo esto cuando vengo a la playa y que nadie piense que soy un voyeur que coge el autobús 27 y hace transbordo al 42 para venir a de Martes a Domin...
 -¡Es un transpondedor! -interrumpió la muñeca de plástico visiblemente enfadada- ¿No sabes para qué sirve?

Vengan del planeta que vengan las mujeres parece que siempre causo el mismo impacto en ellas: sorpresa, hastio, ira y misterio. Lo del misterio es porque misteriosamente todas desaparecen al cabo de un rato.
 
 -Hay mañanas en que me levanto y no sé ni para qué sirve la toalla del baño, querida. Creo que habéis ido a escoger al humano menos capacitado.
 -Un tranpondedor de emociones básicas es un adminiculo que te colocas en la cabeza y te obliga a expresar las emociones más básicas sin ningún tipo de filtro ni moral ni educacional.  Nos hemos dado cuenta que el principal problema de vuestra raza son vuestros dirigentes, los que tienen el poder económico o social. Imagina que utilizáis esto con vuestros dirigentes… ¡podríais saber que piensan realmente!
 -¿Y cómo funciona?

La alienígena plantó el caso en mi cabeza y de repente mi boca se abrió y solté toda la sinceridad que guardaba dentro de mí.

-¿Sabes una cosa? –comencé acercándome a ella- Lo que en realidad quiero es que acabe esta cháchara interestelar para arrancarte la ropa a mordiscos y comerte el (censurado) y lamerte los (censurado) y después meter mi (censurado) en tu (censurado) y coger un tarro de mermelada y untarte los (censurado) para después comerme la mermelada directamente de tu alienígena (censurado) y después (censurado) (censurado) (censurado) (censurado) (censurado) (censurado) y además (censurado) (censurado) (censurado) (censurado) (censurado) (censurado) (censurado) (censurado) y finalmente (censurado) (censurado) (censurado) (censurado) (censurado) (censurado) (censurado) (censurado) (censurado) mirando las estrellas.

Como no podía ser de otra manera, la alienígena desapareció con la misma facilidad con la que aparecían las cosas de su mochila invisible y nunca más volví a saber de ella. Supongo que volvió a su planeta de tías buenas de látex o quizás le regaló el caso  a algún otro pobre ingenuo motorista.

Al parecer nuestro mundo no está preparado aun para una invasión de la sinceridad más absoluta.


3 jul. 2015

Un día en las carreras

Hace poco un conocido me invitó a unas carreras de karts (karts indoor) que se celebraban en las afueras de la ciudad. Acepté imaginando que echaríamos una buena tarde sentados en una grada viendo a niñatos dándose ostias unos contra otros mientras bebíamos cerveza y lanzábamos hermosos eructos al cielo. Cual fue mi sorpresa cuando descubrí que la proposición incluía gastar muchos euros para conducir aquella especie de troncomovil homologado. De espectador a protagonista en unas pocas frases (lo que siempre hemos soñado cuando vemos una porno). Para quien desconozca lo que es un kart, se trata de una especie de auto de choque que, efectivamente, va chocando contra todo solo que a una endiablada velocidad que te invita (nada) amablemente a sacar el hígado por la boca al salir de la primera curva mientras gritas "¡Decidle a mis hijos que les quise mucho!". La cámara de tortura la conformaba una suerte pista de scalextric gigante con una buena noticia de regalo: tenían un luminoso bar donde atendían unas lustrosas señoritas con pantalones tan cortos como el currículum de un estudiante de bellas artes. Después de registrarte y escoger un apodo te dan un carnet de corredor que supongo es como una súper licencia de F1 solo que esta es para que idiotas sin futuro se estampen contra un puñado de neumáticos en la primera curva. Yo escogí como apodo "follador" sin saber que anunciaban a los corredores de cada tanda por los altavoces al tiempo que mostraban nuestras fotos en unas gigantescas pantallas de vídeo. Sin palabras.

Lo primero que te obligan a ponerte es un ridículo gorrito de baño para mantener la cabeza higiénicamente a salvo de las cabezas de otros cientos de corredores que se han calzado el mismo casco pues de todos es sabido, entre los corredores aficionados de karts es común la proliferación de piojos, pulgas y extraños cortes de pelo. Yo, además del profiláctico gorrito me coloqué un protector dental de boxeador, una huevera de aluminio y un condón con sabor a fresa. Lo reconozco, soy gilipollas pero gilipollas corredor de karts precavido vale por dos (aunque por mi tamaño ya valgo por dos... o sea, valdría por cuatro). También hay a disposición de los que se creen Fernando Alonso, unos cuantos monos de cuero, zapatillas y guantes. No me los puse porque imaginé que alguien de mi tamaño intentando salir de un mono de cuero en pleno verano debe ser tan fácil como resolver un puzzle de diez piezas de Peppa Pig.

Una vez explicado el funcionamiento del dichoso cochecito y las dichosas normas del circuito, nos metimos en nuestros respectivos bólidos (mas bien yo me encajé dolorosamente en lo que parecía una sillita de bebé) al tiempo que el resto de corredores (quienes no tendrían mas de quince años) tomaban asiento en otros bólidos de juguete. Sonreí para mis adentros imaginando que aquellos mocosos nunca habían conducido en toda su breve vida y, por lo tanto, la gloria del podio estaba tan solo al alcance de mi pie apoyado en el pedal del gas. El comienzo de todo aquello debería haberme dado alguna pista de que la realidad siempre es diferente de lo que nos muestran en Telecinco, En la linea de salida, en vez de dos docenas de espectaculares pitgirls enfundadas en cortísimos pantaloncitos y ajustadas camisetas, había un tipo con cara de no haber acabado la siesta y que nos repetía "cuidado con las luces" como si estuviésemos todos inmersos en el remake de "Poltergeist".

De la carrera no puedo contar demasiado porque en la primera curva mis cervicales decidieron ir por un lado y mi cabeza por otro lado en un crujido digno de la separación de los continentes. Yo intentaba no vomitar y controlar aquel diabólico cochecito mientras los niños me adelantaban, golpeaban y mostraban el dedo corazón en común ritual que escapa a mi entendimiento. Las normas del circuito decían que si algún corredor iba mas rápido que tú te mostrarían una bandera azul para que le cedieses el paso. Mi carrera fue un maravilloso desfile de banderas azules al tiempo que todos adelantaban en una especie de juego que yo no acababa de comprender.
 
Diez minutos mas tarde, la tortura finalizó y volvimos a los boxes mientras yo barrutaba si cabía la posibilidad de haberme dejado algún empaste dental en la pista. Me ayudaron a salir del tortuoso vehículo, vomité encima de un comisario de pista, me ayudaron a llegar a la salida, vomité en una maceta... y si creen ustedes que mi tortuoso paso por esta versión infantil de la Formula 1 finalizó aquí, deben que saber que al acabar la carrera ponen un vídeo con los ganadores y los tiempos. No subí al podio (evidente) pero los espectadores pudieron contemplar a los tres ganadores encaramados en el podio y a través de pantallas gigantes de vídeo donde también se veía a quien suscribe vomitando dentro de un casco junto a ellos. Para mayor desgracia era el casco de uno de los corredores de la siguiente tanda quien se lo encajó con rapidez en la cabeza sin reparar en el puré de ADN gilipollas que guardaba en su interior y comenzó a deslizarse por sus mejillas y su cuello.  

Vomité en la calle, vomité en el autobús de vuelta a casa, vomité en casa y sigo vomitando mientras escribo esto y mientras mis cervicales aun siguen dando vueltas por el dichoso circuito buscando la salida. ¿Quieren un consejo? Uno bueno, en serio, y gratis: cojan su carné de identidad, miren el año en el que han nacido, calculen la edad que tienen (la calculadora ayuda) y ni se les ocurra emprender ninguna empresa propia de alguien con la mitad de edad que ustedes. Sus cervicales y su estómago se lo agradecerán. 

22 jun. 2015

“Fui por un orzuelo y me hicieron una reconstrucción de himen”




Entiendo que el título y la imagen que acompaña este post pueda parecer extraño. O quizás todo lo contrario y les parezca demasiado cercano. Pero puedo asegurar que esta historia inventada tiene más de verdad que la historia de verdad que otros se han inventado para ustedes. De acuerdo, puede todo parecer algo indescifrable pero como dijo Federico García Lorca "La creación poética es un misterio indescifrable", que no aclara nada pero mola meter una cita a Lorca bajo una foto así.

Ella se llamaba Letizia, con Z, como la princesa, aunque todos en el barrio la conocíamos como la Z. Una mujer que bordeaba la ninfomanía, el alcoholismo, el síndrome de tourette  y media docena de órdenes de alejamiento. Ni que decir tiene que la Z de su apodo hacía referencia a la versión femenina de ese mamíferos carnívoro incluido en la familia de los cánidos (lo que se llama una zorra, vamos). La versión femenina de quien suscribe quien ademas siempre había ido tras ella en la búsqueda de mi ansiado y nada romántico amor horizontal, pero Z siempre se resistía a pesar de todos los encantos que me adornan.

Hace una semana me la encontré en un bar del barrio. Sentada tras una mesa, fingiendo que leía un libro aunque el libro estaba del revés y además era un catalogo de IKEA. El viejo truco para atraer hombres inteligentes como yo. Me aproximé a ella contoneando mis caderas de 140 cms de contorno en la esperanza de dejar de ser uno de los pocos hombres que Letizia no se había pasado por el arco del triunfo.

 -¿Cómo estás Letizia? –dije poniendo una cerveza frente a ella.

Letizia cogió la cerveza y se la bebió de un solo trago, después hizo lo mismo con las siguientes seis cervezas hasta que se decidió por saludarme.

 -Hola gilipollas, aquí estoy buscando un marido a quien entregar mi preciosa virginidad.
 -Perdona Letizia, no me gustaría parecer grosero y menos aun en las primeras palabras que intercambiamos, pero creo que olvidas que te has pasado por la piedra a medio barrio mientras el otro medio hacía cola. Me temo que tu virginidad está más allá de la órbita del planeta más lejano que existe. Incluso puede que un poco más allá.
 -Ahí es donde te equivocas, vuelvo a ser virgen.
 -Y yo una pastorcilla. Venga Letizia…
 -En serio… me han hecho una pavoplastia.
 -¿Eso qué es?
 -Te reconstruyen el himen.
  -¿Qué es el himen?
 -¿Alguna vez te contaron lo del polen y las abejas?
 -Te estaba tomando el pelo Letizia, se perfectamente lo que es un himen. He visto cientos de ellos en películas porno. ¿Cómo te lo reconstruyeron?
 -Bueno, fue por casualidad, fui al médico porque me salió un orzuelo infectado, me tenían que hacer una pequeña intervención así que aproveché que estaba en el oftalmólogo y me hicieron una pavoplastia.
 -Disculpa mi ignorancia, nueva virgen… ¿pero el ojo y el himen no están demasiado separados?
 -Depende de donde tengas la cabeza, gilipollas –dijo ella guiñándome un ojo.

De repente, la más ligera del barrio era una nueva virgen dispuesta a conservar aquello firmemente sellado hasta encontrar marido. Maldita suerte la mía. Para una vez que conseguía hablar con ella y era en esas condiciones. Por cierto, deben saber ustedes que en el barrio me llaman el 2% porque pertenezco ese porcentaje de hombres heterosexuales con los que Letizia nunca había yacido.Ni iba a conseguir yacer a la vista de lo que acababa de escuchar.

 -¿Y ya tienes marido que te desflore?  -pregunté mientras ingeríamos nuestra séptima cerveza.
 -Aun no –contestó ella- estoy aguardando para entregar mi preciada flor a una persona en concreto de la que estoy enamorada. Se llama Alberto De los Ríos, lo conocerás porque es el presidente de ese partido político que se llama “Pobladores”.
 -¿Y el sabe que le vas a entregar tu flor?
 -Mi querido gilipollas, las armas de mujer hacen que cualquier hombre se convierta en potencial y hábil jardinero. No lo sabe aun pero no podrá negarse.

Y diciendo esto se levantó y se marchó del bar meneando su trasero como quien bate un Cola-Cao y pretende asesinar cualquier grumo que quede. Como una auténtica Z, vamos.

¿Creen ustedes que esta historia es inventada? Puede que lo sea, mis queridos lectores, pero entonces eso demostraría que ustedes no son consumidores de la prensa del corazón y que yo soy un personaje de ficción.



21 jun. 2015

Elogio del pecho (femenino) veraniego




Ahora que llega el verano y como excelente erotómano que me considero, me veo obligado a hablar de ese extraño fenómeno que se da una vez al año y que consiste en que la mujer  (y algún que otro hombre adicto al gimnasio) comienzan a enseñar todo lo que ocultaron con recelo el resto del tiempo. Si he de ser sincero, no hay época del año que odie más que el verano: cuesta caminar y nuestras camisetas están siempre sudadas lo que nos hace vivir en un permanente concurso de Mister Camiseta Mojada. Pero el verano también tiene sus cosas buenas (aparte del aire acondicionado) y esa es la de que puedes ir a la playa y pegarte tal hartazgo de ver pechos femeninos que acabes silbando incluso a un torso masculino y depilado. 

He estado (re)buscando por Internet a ver si descubría quien inventó el topless pero lo único que dice la Wikipedia es que el topless es el hecho de no llevar ropa que cubra los pechos. Pues vale. Tampoco me importa quién inventó la cerveza o la riñonera pero ahí están para hacer mi vida infinitamente más feliz. ¿Y donde hay mas pechos desnudos femeninos en verano? En efecto, en ese trozo de tierra inventado para hacer el ridículo y llamado "playa".

Seré sincero: no me gusta la playa. Está llena de niños y arena y señoras que gritan y agua fría. Pero como toda perfecta balanza eso que compensado con que muchas mujeres practican topless. Y es ahí donde cualquier hombre heterosexual que se precie, clava su sombrilla en la arena (en efecto, es una analogía de nuestro pene) y ataviado con oscuras gafas de sol, se pega el festín de su vida observando pechos caídos, levantados, morenos, blancos como la leche, separados, juntos, jóvenes, ancianos, grandes o pequeños. ¿Qué más da como sean unos pechos? Todos son hermosos, incluso los que no lo son. Bueno, no exactamente. Existe un tipo de pecho que me causan rechazo y esos son los que muestran evidentes síntomas de estar rellenos de silicona. La contradicción de todo esto es que por muy perfectos que sean unos pechos de silicona, la perfección siempre será una ilusión. Dicen que de ilusión vive el hombre. Puede que sea cierto pero tal ejercicio de dureza escapa a mi entendimiento.

Mujeres del mundo, id a la playa y mostrad vuestros blanquecinos pechos, solo sucede una vez al año y es algo que estáis (casi) obligadas a hacer para que el mundo siga siendo mundo y el hombre siga siendo un animal de tiro al que podéis dominar. ¿O es que aun no os habíais dado cuenta?


13 jun. 2015

Trucos para sobrevivir al verano




Aprovechando que se acerca a toda velocidad y hacia nosotros ese tren sin control que se llama verano, utilizaré este medio para regalarles unos pequeños consejos que, estoy seguro, les ayudarán a sobrellevar (aunque no tengan aire acondicionado) el envite que nos llega. Son modestos consejos que ustedes pueden poner en práctica (o no) dependiendo del interés que tengan en vivir mejor o en ser unos perdedores que duermen sin ventilador ni tan siquiera. Les aseguro que todos son baratos y a lo más que se arriesgan es a que alguien les rompa los dientes, la nariz, alguna pierna y acaben ustedes pasando la noche en un calabozo.

Okupa de mis propios vecinos: con la excusa de que usted se queda en la ciudad durante el verano (pero sus vecinos no) ofrézcase a regarles las plantas, recoger las cartas y vigilar de vez en cuando lo que sucede para asegurarse que los ladrones no campan por sus anchas. Sus vecinos aceptarán encantados y les darán una copia de las llaves. En cuanto sus vecinos se vayan, trasládese usted al domicilio de ellos, pongan el aire acondicionado las 24 horas, bébanse todo el alcohol del botellero y duerman en sabanas de seda ajenas. Es decir, como un hotel solo que a escasos metros de su propia casa. Cuando vuelvan los vecinos finjan ustedes un ataque al corazón y después múdense de barrio.

Esa piscina privada: lo primero que debemos hacer es buscar una de esas piscinas exclusivas de algún bloque de vecinos de la parte noble de la ciudad. Una vez localizada la piscina, hemos de estudiar como visten los vecinos tanto en la piscina como fuera de ella. Lo siguiente es bien sencillo, nos colamos en el edificio, convenientemente disfrazados, y nos dirigimos a la piscina saludando a todo el mundo para disfrutar de un oasis que nos es ajeno. Este plan funciona mejor si no fotografiamos a las mujeres que hacen topless ni nos tiramos a la piscina en bomba, ni aun menos robamos la merienda de los niños.

El futbolista famoso: Otro de los trucos para vivir mejor en verano es hacerse pasar por un futbolista famoso que está de vacaciones en la ciudad. Este plan funciona mejor si somos atléticos, de sexo masculino y con cierto parecido a algún futbolista famoso. Lo siguiente es pintarnos todo el cuerpo con un rotulador a modo de tatuajes, comprarnos unas gafas de sol rani-bani de esas que están en una manta en el suelo y rodearnos de algún amigo que finge pedirnos un autógrafo o hacerse una foto con nosotros. Cuando algún curioso nos pregunte quienes somos contestaremos con convicción que somos Cristiano Ronaldo o Messi. Con eso tenemos asegurado que nos inviten a comer y a beber e incluso consigamos sexo gratis. Si son ustedes mujeres finjan ser Scarlett Johansson de vacaciones en la ciudad. Vale, ya se que ambos planes (tanto mujer como hombre) son una mierda imposible de llevar a cabo. Pero es verano ¿acaso hay algo mejor que hacer? (dormir la siesta no cuenta).

El falso chorizo de playa: Puede que ustedes crean que robar a la gente en la playa no es una buena idea pero el consejo del falso chorizo huye del robo y asienta su eficacia en la solución al robo. Lo primero que debemos hacer es buscar en la playa a alguien que parezca tener dinero. Es fácil de encontrar porque lucen bolsos de playa Louis Vuitton, gafas de sol Cartier y ropa de baño de Coco Chanel. Seamos claros: quienes van a la playa en bicicleta, mochila del Decathlon y bocadillo envuelto en papel de plata, no son objetivo suficiente para nosotros. El plan es bien simple, primero les robamos el bolso (a los deliciosos ricos, no a los asquerosos pobres), después cuando esos mismos ricos están nerviosos, llegamos corriendo y decimos que hemos presenciado el robo y que hemos salido corriendo detrás del inmigrante ilegal y hemos recuperado el bolso (los ricos piensan que los ladrones son siempre inmigrantes ilegales), con esto conseguiremos una generosa recompensa y si además fingimos que nos hemos hecho daño al perseguirlos puede que saquemos incluso una paella y una buena botella de vino.

Espero que les sirva de ayuda. Se que, a primera vista, parecen una mierda de consejos. Lo son. Pero al menos hay que intentarlo. Si quieren pueden ustedes enviarme más trucos que tengan para sobrevivir mejor al verano. Será un placer ponerlos en práctica y publicarlos aquí mismo. Y recuerden siempre, como dijeron personas tan célebres como Woody Allen o varios políticos de PP: “coge el dinero y corre”.