"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

23/10/2014

¡En la boca no!



“¡En la boca no!” es una de las grandes frases de la humanidad. Una frase que separó, separa y siempre separará a personas de todo género, raza o condición. Y no obstante la utilizamos a diario en los momentos más embarazosos de nuestra vida. Momentos que después recordaremos tanto por excitantes como por humillantes (sobre todo por lo segundo). Para algunas personas su boca es un templo inviolable... excepto si están en la consulta del dentista. ¿Pero esto es siempre así?


Una madre arrastra a su hijo al colegio, el niño a su vez arrastra una mochila repleta de material escolar que no le convertirá en persona de provecho. Llegan tarde al colegio y la mujer llega tarde al trabajo por cuarta vez en lo que va de mes. Desde que se separó de su marido, sus horas parecen ser más cortas que las de los demás. De repente llega tarde a todos lados. Además está a punto de agotar la paciencia y también el saldo de la tarjeta de crédito. Están parados ella y su hijo en un semáforo cuando, de repente, el niño coge una pieza de plástico y se la acerca a la boca. “¡En la boca no!” grita la madre mientras de un manotazo la pieza de plástico sale volando. El niño rompe a llorar y la madre también. Está cansada y le duele hasta el alma. Lo que no sabe es que ese niño, cuando sea mayor, será un famoso actor al que pagarán millones por cada película que hace pero que también será adicto a las apuestas ilegales.


Unos años mas tarde ese actor acosado de deudas grita "¡En la boca no!" a un matón que va a propinarle una paliza. Siempre han resultado de lo más peligrosas las apuestas ilegales, sobre todo cuando pierdes cantidades millonarias un mes tras otro. El matón aprieta los puños y mira a ambos lados por si pudiese haber alguien mirando. Entonces suelta el primer derechazo y algunos dientes del actor salen volando, describiendo un hermoso circulo de gotas de sangre en el aire. “¡Te dije que en la boca no!” protesta el actor arrastrando la mitad de las silabas. Hay un segundo matón, observando la escena y vigilando el escenario. “Avísame si aparece la policía” dice el primer matón mientras lanza un nuevo golpe a la boca del actor sin suerte mientras el otro matón susurra “sigue, sigue, que yo te aviso”.  Dos años más tarde, uno de los matones estará en un cine, con sus hijos, viendo una película protagonizada por el actor a quien un día le dio una paliza. En la pantalla gigantesca pueden verse perfectamente los relucientes dientes del actor. Son falsos pero eso solo lo sabe él.

Esa misma noche, muy cerca de ese mismo cine, una mujer sale del restaurante al paso del otro de los matones quien sostiene la puerta abierta. Se han conocido dos horas antes, por internet y han estado cenando. Al hombre le gusta la mujer, en realidad a este hombre le gustan las últimas cinco mujeres con las que ha quedado y que no le contestan las llamadas. A la mujer no le gusta el hombre, lo encuentra falso y prepotente, además es mayor de lo que sus fotos y su perfil de Internet anunciaban. “Estoy cansada, mejor me voy a casa” dice la mujer levantando la mano para parar el taxi. El hombre se encoge de hombros, resignado, en esta ocasión tampoco va a suceder nada. Se despiden y el hombre, apresurado, intenta dar un beso en la boca a la mujer quien efectúa un perfecto movimiento de la cobra mientras protesta diciendo “¡En la boca no!”. Nunca más volverán a verse hasta pasados cinco años cuando el hombre, con dos heridas de bala,  acude a urgencias del hospital donde la mujer es enfermera. Ella no le reconoce, el tampoco porque ha entrado muerto.

Al dia siguiente de la muerte del matón, la mujer acude a una cata de vinos. Esta harta de quedar con hombres por Internet así que ahora se apunta a cursos de baile, cocina, catas de vino o fotografía. Ahí también se conocen hombres, la mayoría son homosexuales pero al menos no quieren besarla en la boca cada vez que salen a cenar. El encargado de la bodega sirve un poco de vino en la copa que sostienen los participantes, no demasiado. La mujer se lleva la copa a la boca pero el experto en vinos se lo impide amablemente cogiéndola del brazo "En la boca no", le dice. "Hay que olerlo primero, el vino es un espectáculo para todos los sentidos". La mujer huele el vino pero no experimenta ningún espectáculo, no obstante finge que el olor la embriaga. Está acostumbrada a fingir frente a cualquier hombre. "Ahora tienes que recibirlo en la boca, pero sin tragar, saborealo, ya lo tragaras después", dice el encargado de la cata. ¿Dónde ha escuchado eso antes? La mujer se encoge de hombros y obedece. Incluso cuando finge placer, es una persona de lo mas obediente.

La vida está llena de momentos donde una persona dice a otra “¡En la boca no!” poniendo cara de pocos amigos.  ¿A ustedes se les ocurre otro ejemplo? A mí no…


22/10/2014

¿Muslo o pechuga?



Cada vez que, frente un grupo de personas humanas, cualquier domingo a mediodía, nos sentamos todos alrededor de un pollo a l'ast, todo rustidito y bonito, con sus patatitas al horno y sus ciruelitas, la piel tostada y el olor a grasa recién derretida, crujiente pecado venial, nadie puede negarse a un ejercicio de carnal placer que (además) incluye una envenenada pregunta. El pollo a l'ast de los domingos es lo mejor que se puede hacer un domingo aparte de una siesta pecadora o el vermú leyendo el periódico al sol de una terracita de verano. Y es entonces cuando alguien formula esa pervertida pregunta de rigor llegado el momento de trocear el pollo con el ansia de un Hannibal Lecter después de tres gintonics cargados…


¿Tú eres más de muslo o de pechuga?
 
Respecto a animales muertos y a la brasa, soy mas de pechuga porque odio los huesos y porque ansío, sueño y desvarío con hundir mis dientes en carnosas pechugas. No entiendo como para comer carne hay que chupar un trozo de hueso. Los daños colaterales no deberían existir en un domingo a mediodía.

En cuanto a las mujeres soy mas de muslos porque estos son la antesala del monte que todo hombre heterosexual pretende escalar a cualquier hora. En los muslos de una mujer puedes hundir tus dientes cual émulo de "Crepusculo" sin miedo a llegar al hueso mismo. Siempre me ha gustado hincar el diente en cualquier carne prieta del sexo contrario. Y puestos a escoger, escojo muslos. Unos bonitos muslos tienen carne suficiente para que los supervivientes de un accidente de avión en los Andes puedan vivir 3 o 4 años. Y a mi siempre me ha gustado la carne (y aun mas hundir los dientes en ella). ¿Que si me gustan las pechugas de las mujeres? Maldita sea, a mi me gusta de las mujeres hasta la cera de las orejas. ¿Pero que tipo de pregunta es esa?

Por cierto, ¿saben ustedes si los gays son mas de muslo o de pechuga? A mi me da que los gays son mas de butifarra con judías aunque también eso es debido a que los muslos o la pechuga de un hombre no es lo mejor que tienen (si es que los hombres tenemos algo bueno donde hincar el diente). Los hombres con falda y enseñando pechuga dejaron de estar de moda tras la caida del imperio romano. Y de eso hace demasiado.


Después de desayunar, enciendo un cigarrillo (hecho curioso porque ni acostumbro a desayunar ni aun menos a fumar) y es entonces cuando la veo a ella, caminando por el centro comercial, esa mujer que trabaja cerca de donde estoy yo, con esos muslos rotundos e increíbles. Una de esas mujeres a las que los tejanos les sienta como un guante pero que cuando (una vez cada cinco años) opta por abandonar los tejanos en por del lucimiento de breves faldas, es entonces cuando nos regala unos muslos aun mejores que lo que imaginé. Y eso que yo imagino muy bien. Cada vez que veo sus muslos me pregunto como serán sus pechugas y cada vez que imagino sus pechugas me doy cuenta de que la butifarra con judías nunca será lo mío. Malo, malo... ¿por que eres así Sr. Gilipollas? ¿Por qué siempre imaginas que las mujeres vienen servidas en platos de postre? Me gustan demasiado los dulces, no voy a negarlo. El idiota que escribe estas lineas me ha imaginado así.

Para cualquier hombre que se precie de tocarse mirando el "Interviu" no hay demasiada diferencia entre muslo o pechuga, ambas partes son partes de una mujer y a nosotros, además, nos gusta la mujer entera, no las partes (excepto si eres Jack El Destripador). A pesar de esta globalidad carnal, han de saber que la mejor manera de conocer a una mujer es conocer sus muslos. Unos muslos finos o pocos definidos son propios de una gallina aquejada de bronquitis. No obstante si ustedes ven unos buenos muslos pueden estar seguros que lo que le acompaña un resto igual de rotundo y comestible. Pero ahora que no se me ofendan las mujeres de finos muslos: todo payaso tiene su público. No obstante, para mi, unos buenos muslos, lechosos prietros y rotundos, como los de mi vecina currante, son una tentación para un hambriento como yo. Ojalá pudiese hincar mis dientes en ellos. Aunque si he de ser sincero, si me ofrece su pechuga también hincaré los diente. El deseo es hincar algo en ella.

Hace unas semanas, en una barbacoa de unos amigos, había una desconocida y hermosa mujer de pelo breve, camiseta de "Ramones" y unos fantásticos muslos asomando bajo unos pantalones cortos. La mujer no dejaba de echarme el ojo. En realidad me miraba con expresión extraña pero cuando una mujer nos mira (e incluso nos escupe), los hombres creemos que es deseo. Así pues, cuando el pollo a la brasa llegó a la mesa, yo me acerqué sensualmente a ella por detrás cual depredador de la sabana dispuesto a devorar cuanto animalillo se le ponga por delante..
 

-¿Tu eres mas de muslo o pechuga? -la susurré al oído con mi voz de locutor de radio que no ha aprobado los exámenes de acceso.
-No sigas por ahí, gilipollas. Soy lesbiana.
 

Pues vale... Ni muslo ni pechuga, simplemente una patata caliente. También hay que estar preparado para eso.

20/10/2014

Las trampas de la memoria



La memoria, al igual que el Whatsapp, las carga el diablo. Recuerdo cosas que nunca han sucedido y he olvidado cosas que estoy convencido que debieron suceder (tengo un tatuaje "Manolo te quiere" en la nalga derecha que atestigua esto último). Nuestra memoria no es una máquina perfecta, más bien parece un Pentium de los 80s conectado a fibra óptica de alta velocidad, una imperfección mecánica que nos ayuda a que nuestra vida sea infinitamente mejor. Ahora recuerdo el equipo de bronceado de Suecia con el que tuve una orgía y también del día que me otorgaron el Premio Nobel de Medicina. Me acuerdo perfectamente de cuando escalé el monte Everest pertrechado tan solo con un cuchillo de postre y bermudas de colores. Me acuerdo cuando nadaba entre delfines o volaba entre ponis de colores que vomitaban arcoíris. Supongo que alguna de estas cosas pertenece tan solo a mi maltrecha memoria. ¿Pero que mas da cuando son recuerdos maravillosos? En el otro lado de la balanza, he olvidado las malas caras, los malentendidos, los errores, las broncas y las decepciones. He olvidado todas y cada una de las veces que me equivoqué. Porque en nuestra memoria, como en nuestros sueños, recordamos lo malo cuando queremos evitarlo y lo bueno cuando queremos repetirlo.

Estoy convencido que muchos y muchas de ustedes, seres perfectos que beben agua y mean colonia, recuerdan los errores y eso les ayuda a ser mejores personas. Pero si hacen eso, se están engañando a sí mismos. Lo que nos hace mejores personas es precisamente olvidar los errores. No creo que un asesino en serie o un político sean mejores personas si, día a día, recuerdan lo que hicieron. Yo, en cambio, posiblemente sea mejor persona viviendo en mi ingenuo mundo donde todo fue maravilloso y mi pene media veinte centímetros mas que ahora (o sea, veinticinco centímetros).

De acuerdo, seres perfectos, tienen ustedes razón: no recordar los errores nos invita a repetirlos, pero el ser humano ha de equivocarse una y otra vez para recordar precisamente eso, que es humano. Si nuestra memoria recordase todo nos veríamos obligados a aprender de nuestros errores y acabaríamos siendo perfectos. Pero el mundo no está preparado para la perfección porque no hay nada más imperfecto que la perfección (observen sino a Mario Casas o a  Cristiano Ronaldo). La imperfección es necesaria y la única manera de ser imperfecto es obligar a nuestra memoria a olvidar lo malo y recordar lo bueno, aunque lo bueno sea una ilusión.

Me acuerdo de hace unos años, estaba yo con una mujer en un callejón sin asfaltar, nuestras lenguas eran una y mis manos se deslizaban por debajo de su vestido de algodón buscando el lugar de donde todo hombre viene y todo hombre desea siempre volver. Fue un momento maravilloso donde los cielos se abrieron y cien mil ángeles descendieron con sus trompetas elevándonos por encima de todo lo conocido y por conocer. ¿Sucedió realmente? Posiblemente no. Pero mi memoria prefiere recordar ese momento de esa manera  a otros momentos que no me gustaron de mi pasado. Es en este infantil mecanismo que duermo más feliz, soñando con macizas en bikini y jacuzzis llenos de chocolate fundido. Soñando con que siempre tengo cientos de euros en cualquier bolsillo y soñando con que tengo mejor salud que Iron Man con la batería cargada. Soñando con siestas que nunca sucedieron y días donde siempre llueve. Mi imaginación quiere recordar sonrisas maravillosas, pechos deliciosos, sexo desenfrenado y cerveza bien fría. Y además, mi engañosa memoria quiere recordar que eso sucedía día tras día.

Ustedes recuerden lo que quieran, incluso si quieren recordar la verdad. Allá ustedes, yo soy un cuentacuentos e imagino siempre un final feliz (sobre todo si estoy en una peluquería china).


19/10/2014

La técnica del doble pivote


Hoy voy a explicarles una nueva técnica para ligar llamada "doble pivote", también conocida como "calcetín desparejado" o "¿eso de ahí es una pistola o es que te alegras de verme?". Antes que nada debo aclarar que mis técnicas solo sirven si ustedes son hombres. Si son mujeres la técnica para ligar es única y se llama "porque si". También han de saber que, para que cualquiera de mis técnicas llegue a buen término, deben seguirlas a rajatabla, no saltarse ningún paso y (si cabe la posibilidad) ser más guapo que George Clooney cuando era guapo. Este último punto es bastante importante porque aunque la técnica sea un mojón del tamaño del Everest, las posibilidades de éxito se multiplican por 2,37.

La técnica del doble pivote comienza buscando una mujer con la que (o sobre quién) aplicarla. Mujeres hay en todos lados, incluso en los bares de lesbianas o las cárceles de mujeres pero harían ustedes bien en asegurar la alineación antes comenzar el partido. Las mujeres con las que mejor funciona la técnica del doble pivote son las mujeres que ya estaban dispuestas a dejarse seducir antes de aplicar la técnica, o sea, que esta técnica funciona mejor con jubiladas, ninfómanas y mujeres que tarifican el amor por horas. No obstante si quieren aplicar la técnica del doble pivote en una mujer “normal” y no son ustedes más guapos que George Clooney cuando era guapo… entonces el riesgo es demasiado alto.

La técnica del doble pivote comienza escogiendo un calcetín desparejado. Mejor que sea desparejado porque sino correrán ustedes el riesgo de desparejar algo que ya está emparejado y eso, en los días que corren, sería una auténtica tragedia.Una vez tienen el calcetín lo enrollan sobre si mismo lo colocan dentro del calzoncillo, junto a su pene. ¿Ven la diferencia de tamaño entre el calcetín y su pene? A eso se le llama “engaño”.  También “esperanza”. 

En efecto, amigos míos, la técnica del doble pivote consiste en engañar a las mujeres haciéndolas creer que tenemos el pene del tamaño de un pepino ecológico. Puede que en vez de "doble pivote" la técnica debería llamarse "doble pene" ¿pero pondrían ustedes en marcha una técnica que incluya dos pollas juntas? Jorge Javier Vázquez posiblemente sí.

El siguiente paso consiste en dejarse caer en el interior de unos pantalones tejanos demasiado apretados y acudir al un bar, discoteca o donde quieran que hayan muchas mujeres (heterosexuales) para contonearnos cual palomo (no cojo) haciendo gala de un tamaño del que dos horas antes carecíamos (y dos horas más tarde volveremos a carecer).

Imagino que muchas mujeres estarán ahora blandiendo sus machetes en el convencimiento feminista que este texto es machista solo porque asumo que a las mujeres lo único que les importa es un pene grande. En primer lugar debo pedirles disculpas si las he ofendido, por supuesto que no creo que a las mujeres solo les interese un gran pene, estoy convencido que también les interesa que el hombre tenga una gran cuenta corriente, una gran casa, un gran coche y un gran yate.

Y sobre todo, recuerde que la técnica del doble pivote solo sirve para ligar. Si se da el imposible caso que llegase a funcionar y acabasen ustedes en casa de alguna mujer que desliza su vestido hacia el suelo, recuerden que siempre es mejor salir huyendo que pasar la vergüenza de intentar fornicar con un calcetín y un micropene.

De nada.