"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

20 may. 2015

El barco del amor (The fuck boat)



¿Recuerdan ustedes aquella maravillosa serie titulada "Vacaciones en el mar"? Yo la recuerdo con infinita ternura. Recuerdo a la directora bizca (Julie), también al capitán calvo de sonrisa perenne (Capitán Merrill), recuerdo al primero de a bordo con cara de perro pachón (Gopher) y al medico papuchi con media docena de ex-mujeres (Doctor Adam), pero sobre todo recuerdo al barman que tenía los dientes tan blancos como negro tenía el cuerpo (Isaac). Una maravilla, oigan. Siempre habían conflictos amorosos pero siempre acababan todos felices (a pesar de que Julie nunca se recuperó de su estrabismo). Desde pequeño soñaba con subir a un barco de tales características, sobretodo porque las bizcas me ponen bizco (fetiches tiene la vida) y también porque de pequeños creemos que el amor vertical es el único posible. Pero los años han pasado (además de aposentarse los kilos) y a mis (muchos) más de cuarenta años nunca había conseguido subirme al barco del amor. A lo máximo que llegué fue a algún viaje de Transmediterranea a Mallorca (vía Monasterio de Piedra) donde perdí la cabeza pero no por el amor sino por un mareo de considerables proporciones que convirtió las paredes del camarote 13B en un bonito lienzo de gambas, licor, huevos revueltos y carne estofada. 

Pero todo esto cambió cuando hace tres semanas anunciaron que atracaba en Barcelona un crucero para solteros/as (o "singles", como nos llaman ahora a los que no follamos) donde prometían diversión y amor horizontal a raudales. El precio: 600 euros por seis días todo incluido. Si ese "todo incluido" incluía a su vez el fonricio, muy barato parecía. Al llegar al puerto me coloqué en una cola tras una pléyade de gordos, calvos y desdentados. Buenas noticias: la competencia iba a ser menor de la esperada. Por desgracia la calidad de la carne femenina también era menor. No voy a ser desagradable ni describir los (escasos) encantos de las féminas pero he de decir que un cirujano plástico y un carnicero se habrían frotado las manos ante tal desfile de vestales. Es lo que tenemos los singles, estamos singles por algo.

El funcionamiento era bien simple. Ibas a tu camarote, dejabas la ropa y te ponías tu pulserita de "todo incluido" o lo que es lo mismo "todo el alcohol de garrafón que te puedas beber incluido" e interactuabas con todas aquellas mujeres sin futuro (ni tampoco) pasado en el vano intento de competir por ser lo menos malo de todo el dichoso barquito. Dos horas mas tardes zarpábamos con rumbo a Roma, escala en Palma de Mallorca. Aunque bien pensado... ¿que importaba donde atrancásemos? Lo único importante era atracar mi buque en alguna mujer lo suficientemente borracha para creer que su entrepierna era un puerto. Así que, vestido con mis mejores bermudas y camiseta Imperio, me dirigí a la cubierta Promenade donde se anunciaban las actuaciones musicales del crucero. A saber: 

-Cesar, guitarra reserva de "Celtas Cortos" 
-Pepe, segundo puesto en el campeonato de Karaoke año 1997 del  Bingo Billares
-Orquesta "El telefonillo veloz", finalistas del Festival de la canción de Benidorm 1967 
-Pepe, padre de uno que se presentó a "Operación Triunfo" 
-Manuela, transformista y artista de variedades  para sordos
-Don Jose, humorista e inventor del sacacorchos ecológico
Todos estos grandiosos artistas presentados por Bobo Andersen y sus muñecas de cartón-piedra. 

Ni que decir tiene que el cartel no era de primera, pero eso era lo de menos, yo estaba allí para fornicar, no para contemplar a unos caducos intentando no caerse del escenario. Al fin y al cabo, ellos podían decir lo mismo de nosotros ¿no?

Lo siguiente fue dirigirme a la piscina donde me encontré con doscientos hombres apelotonados en una piscina de apenas cinco metros de ancho a la espera de que alguna fémina se dejase caer. Aunque lo único que se dejó caer en aquel lugar fue algún que otro fluido que hubiese hecho las delicias del CSI y el señor ese con la lamparita azul. Vamos, que aquella piscina parecía una fábrica de hormonas o una sucursal de Central Lechera Asturiana. Hombres, hombres, hombres. ¿Dónde estaban las mujeres?  Si había alguna, dudo mucho que se sumergiese con nosotros en aquel lodazal de indigesto sexo masculino. Entre todos aquellos hombres apretujados en aquel trozo de agua, entendí lo que significa el término "hacer un sandwich".


Los seis días pasaron con infinita mayor pena que ninguna gloria y he de confesar que volví a Barcelona con decenas de litros de alcohol barato en mi cuerpo pero apenas ni media sonrisa escrita en mi corazón. Supongo que éramos demasiados y estábamos todos demasiado ilusionados. Si la curiosidad mató al gato, la ilusión mata al gordo. No obstante algunos si que consiguieron su carnal objetivo. ¿Quieren saber que hombres consiguieron fornicio durante el crucero? En efecto, ellas fornicaron con los camareros, con los animadores y con los profesores de aerobic.

La moraleja sobre los encuentros de "singles" es que sigue siendo mas barato ir a un club de carretera. Y aunque no sea más barato siempre será más efectivo. Otra moraleja es que frente a una piscina llena de gordos, una mujer escoge un profesor de aerobic de origen cubano. Menuda desfachatez.


6 may. 2015

Consultorio del doctor gilipollas (14)

 
Apreciado Dr. Gil. Me hablaron de usted y le traslado mi problema para ver qué puede hacerse. el mes pasado por primera ven en mis 53 años de vida me apercibí de que doblando la cintura para recoger el rollo de papel de WC que se me había caído al suelo , la punta de mi pene, erecto en ese momento, se acercaba a mi boca y de hecho llegaba a tocarla. No pude evitar besar, breve y castamente, la cosa simplemente por ver si lo que nunca me había planteado como posible era de pronto una extraña realidad. En los días a seguir, el rollo de papel higiénico se me cae cada vez que voy a hacer mis cosas al baño (de hecho voy con inusitada frecuencia) y aunque sé que eso no esta bien, no he podido comenzar a meterme en la boca el tiburón y lamerlo como un calipo. Dos semanas después, ademas de la culpabilidad  he de cargar con 3 hernias discales y ya no sé que hacer con todo esto. Gracias Firmado: Jamiroslaw Jodarozsky
Estimado amigo, en primer lugar cámbiese usted el nombre porque he intentado pronunciarlo y he perdido el sentido (además del aire). En segundo lugar, lo que usted tiene se conoce como el síndrome del "hombre con 4 costillas de más". Ha de saber usted que para tan magna practica que es el onanismo dental, le han de extirpar a usted las costillas flotantes con lo que evitaremos las hernias discales. No obstante y atendiendo al precio de la operación, resulta mas barato llamar a Francisca Montesinos (alias "Paca la fácil") que además de tarificar el amor por horas no tiene dientes. Boca de seda, oiga. Mejorando lo presente.

Querido Doctor Gilipollas, mi nombre es Lola y quisiera explicarle mi problema que no es baladí. Estoy enamorada de Jorge Javier Vázquez. ¿Que puedo hacer? Firmado: No me llames Dolores, llámame Lola.
Estimada Lola (¿ve que obediente soy?) no puedo responderla como debe porque llevo media hora intentando buscar el significado de baladí. Respecto al resto, déjese de mariconadas.
 
Querido Doctor Gilipollas. Mi novia no quiere que aparque mi autobús del amor en ella hasta que nos casemos. Le he sugerido que puede sacarle lustre a mi balloneta o ensalivar el pistón atascado pero no hay manera. Firmado: Manolo.
Querido Manolo ¿acaso no puede hablar usted sin metáforas propias de las películas de Esteso-Pajares? A las cosas hay que llamarlas por su nombre y a su mujer tiene usted que trajinarsela por la mañana, tarde y noche porque si no puede darse la terrible tragedia que descubra usted la noche de autos que su ya esposa es tan ardiente como un kilo de lubina congelada. Si quiere puedo hacer yo la exploración por usted.

Apreciado doctor, últimamente con los hombres me pasa que no puedo hacer el amor con ellos sin estar enamorada. El problema es que soy ninfómana y esto me causa un gran inconveniente porque en los últimos dos años me he casado media docena de veces. ¿Que puedo hacer? Firmado: Ester.
Apreciada Ester, ser ninfómana y enamoradiza es la peor combinación que existe después de ser registrador de la propiedad y presidente del gobierno. Lo que le recomiendo son duchas vaginales y que deje usted de leer novelas de amor. Juntar amor horizontal con amor vertical siempre ha sido, es y será un error. Por cierto... ¿quedamos para tomar un café?
 
Señor gili. Mi nombre es Luisa y mi problema es que tengo 19 años y un cuerpo de infarto pero solo me atraen sexualmente los ancianos (mayores de 70 años) . El problema tambien es que mi cuerpo de infarto ha causado ya cinco idem a cinco ancianos. O sea, o a mis amantes no se les levanta o si se toman viagra acaban muriendo de un infarto en pleno acto.
Querida Luisa su vida sexual es un deporte de riesgo, de eso no cabe duda. Le recomiendo que cambie los ancianos por los gordos, calvos y con gafas. Encantado, mi nombre es Fernando Gilipollas, para servirla (y ha de saber que aunque tengo un pene pequeño, mi corazón es grande y resistente).



3 may. 2015

The Speed Dating Experience





¿Alguien sabe lo que es el speed dating? Yo hasta anoche no lo sabía y créanme cuando hoy puedo asegurar, sin duda alguna, que el ser humano es el animal más tonto que puebla el planeta tierra después del caracol. ¿A quién se le ocurre inventar un reloj con solo veinticuatro horas? Nuestra cotidianeidad apenas nos deja tiempo para nada, los días deberían tener treinta horas y las semanas nueve días para adecuarnos a esta vertiginosa vida que nos ha tocado vivir, llena de cosas que hacer y responsabilidades que cumplir. Poca gente tiene tiempo ya para conocer a otra gente en la búsqueda del amor vertical y horizontal. Los seres humanos no quieren invertir un tiempo en otros seres humanos porque son conscientes que, inevitablemente, todo acaba en nada. ¿A cuántas personas han conocido ustedes a través de Internet?  Yo a miles. ¿Con cuantas personas han conseguido ustedes esa verticalidad y/o horizontalidad? Yo solamente con un camionero de Soria (y de eso no prefiero no hablar porque se trata de un doloroso recuerdo... en todos los sentidos).

Es por eso que, de los creadores de la vaporetta y los pines con luces, llega ahora el “speed dating” que no es más que “no voy a perder el tiempo dándole conversación a este cateto”. Llegas a un local lleno de hombres y mujeres y hablas con todos/as por turnos y con un tiempo marcado lo cual significa que conoces a muchas mujeres en poco tiempo. ¿Eso es bueno? Para tipos como yo sí y no. Porque cuando me juzgan a primera vista me rechazan pero cuando me conocen bien, me insultan y me escupen. Puesto a ser rechazado mejor que sea algo rápido. ¿Quién dijo miedo? Escogí un speed dating donde las citas tenían una duración de tres minutos y el número de mujeres que podías conocer era de quince. Cuarentaicinco minutos de pura incertidumbre. El local era un bar de esos de franquicias americanas que sirven hamburguesas a precio de oro y tienen discos y guitarras colgados de las paredes (no puedo decir “Hard Rock Café” por un tema de royalties). El grupo de hombres era variopinto, es decir, varios gordos con pinta de no haberse duchado en una semana. Las mujeres tampoco estaban mejor pero al menos el maquillaje evitaba que alguien se confundiese y las echase a un container de reciclaje.

Reproduciré solo las conversaciones mas destacadas que sucedieron anoche en el susodicho speed dating.

Mujer 3
 -Eres muy feo –dijo ella.
 -¿Entonces de fornicar nada?
 -¡Siguiente!

Mujer 5
 -Creo que te conozco del barrio –comienza ella- ¿siempre por los bares, no?
 -Es que soy representante de bebidas no alcohólicas.
 -Resulta curioso porque siempre te he visto borracho.
 -Es que soy intolerante a la lactosa y el cortado al que me invitan me sienta mal…

Mujer 9
 -¿Me estas mirando las tetas?
 -¡Pues claro!

Mujer 10
 -¿Qué opinas del matrimonio?
 -Que solo sirve por la noche de bodas.
 -¿No crees en el sagrado matrimonio?
 -Si vas a dar misa saca el vino sacramental al menos y nos echamos unos tragos.

Mujer 12
 -¿De qué trabajas? –preguntó ella.
 -Estoy desempleado.
 -¿Qué tipo de trabajo buscas?
 -No busco trabajo.
 -¿Por qué no?
 -Porque es muy cansado y me tiro pedos a todas horas. No me juzgues, es algo involuntario.

Mujer 15
 -¿Cómo te va, guapo? –preguntó ella con voz sospechosamente profunda
 -Oye… pero si tu eres un tío.
 -Que no, cariño, que soy muy mujer.
 -Pues te pareces mucho a “Paca la morcilla”, un travesti del barrio. Pero no es eso lo que te ha delatado.
 -De acuerdo, no he conseguido engañar ni a uno solo de estos idiotas.¿En qué te has dado cuenta?
 -Se te ve la morcilla bajo esa minifalda.


Y esta es toda mi experiencia en el speed dating. ¿Conseguí algo? Si, desde luego. Perdí veinte euros y también perdí quince mujeres con las que conseguir sexo. Bueno, catorce, “Paca la morcilla” no cuenta (y eso que era la única con la que hubiese podido conseguir amor horizontal, aunque fuese tarificado. 

¿Es recomendable el speed dating? Mi respuesta es la de siempre, si son ustedes como George Clooney posiblemente sea recomendable, aunque bien pensado, si fuesen ustedes como George Clooney para que querrían ir a un speed dating? 

Una paja a tiempo, es mejor que cualquier otra cosa y siempre la tenemos al alcance de nuestra mano.




18 abr. 2015

La que no se llamaba Ana




Supongo que debería haber sabido donde me metía cuando conocí a aquella mujer en aquel bar. Supongo que nunca debería haber entrado pero cuando las ganas de mear son iguales a las ganas de beber y ambas son exageradas, entonces te metes en cualquier lugar donde puedas hacer una parada técnica y volver a la pista de carreras lo antes posible. Desconfíen ustedes de cualquier establecimiento con los cristales tintados porque quien tiene algo que esconder, suele esconderlo. El bar donde entré tenía los cristales tintados y una extraña corona de espinas de metal por pomo de puerta con la que era imposible no sentir cierto dolor al tirar de él. Pero afuera ponía “Bar” y cuatro letras más que yo desconocía su significado. Con “Bar” tenía más que suficiente. 

El interior del bar era oscuro, con una larga barra forrada en cuero negro y cadenas colgadas por las paredes. La iluminación era una especie de lámparas que imitaban a cirios de iglesia. Había unas cuantas mesas de metal viejo con extrañas sillas, pero nadie a excepción de una rubia al final de la barra y un camarero lleno de tatuajes y piercings, vestido tambien con unos extraños pantalones de cuero. Solo los pantalones. Menudo lugar.

Pedí una cerveza y fui al baño, otro lugar tan oscuro y extraño como el resto, pero la cerveza estaba fresca. Más que suficiente para mi. Transcurrida media docena de botellines decidí que ya había juntado el valor suficiente para intentar ligar con el único cliente.

La mujer se llamaba Ana, o al menos eso pude entender. Una hembra imponente, rubia, de pelo corto mal teñido, con varios tatuajes por el cuello y los brazos. Vestía pantalones cortos y una especie de camiseta rota por varios lados. Era tan grande como pesada pero eso a mí no me importaba. Las mujeres son como la carne, cuanto más caras y pesadas mejor (sé que con esta frase acabo de ganarme la simpatía de todas las feministas que me leen, si es que quedaba alguna, claro).

Me preguntó si quería tener una sesión con ella. Cuando una mujer me pregunta algo así lo primero que contesto es que no tengo dinero. Y además es cierto, no tengo. Ana sonrió y dijo que no importaba. Nunca cobraba por sus servicios, lo hacía por placer. ¿Entonces qué diablos era ella? ¿Una prostituta con buen corazón y mal ojo para los negocios? ¿Una inspectora de hacienda que hace la vista gorda? ¿Una levantadora olímpica de peso que quería entrenar conmigo? Que importaba eso, las tres opciones me resultaban atrayentes. Y por vez primera en muchos días (quizás años) conseguía pasar de un “hola” a un “ven a mi casa” en menos de seis horas.

Vale, nunca me había sucedido antes.

La casa de Ana era igual de sinestra que todo lo sucedido en las ultimas dos horas, también con cadenas por las paredes, una especie de látigos y ropa de cuero por todos lados. Que curiosa manera de decorar una casa.

Ana me dejó solo en el comedor y al poco rato apareció vestida con una especie de body de cuero, medias negras y una máscara también de cuero. Podía parecer extraño y estoy seguro que algunos de ustedes habrían salido corriendo nada mas ver aquello. Pero más extraño resultaba que una mujer quiera fornicar conmigo y allí estaba ello frente a una mujer como aquella. Dudas fuera.

Ana me dijo que le apetecía atarme. Le dije que podía hacerlo. En realidad le dije que podía atarme, untarme de miel y asarme al horno si le apetecía. Con una mujer asi frente a ti, debes estar dispuesto a casi todo. Ana rió y me dio una fuerte bofetada.

Aquel gesto no me hizo demasiada gracia, pero siempre he preferido una bofetada y un polvo que una bofetada y un desprecio.

Ana me ató sobre la cama, completamente desnudo y boca abajo. Dacó un largo látigo de cuero que levantó sobre su cabeza dispuesto a descargarlo sobre mí. ¿De qué iba todo aquello?

-Un momento, un momento –protesté- No iras a pegarme con eso ¿verdad Ana?
-¿Ana? –preguntó ella con el látigo aun suspendido en el aire a punto de caer sobre mis orondas nalgas-. ¿Quién diablos es Ana?
-Tú, me dijiste que te llamabas Ana.
-Te dije que me llamases Ama. ¿Eres idiota o que te pasa? ¿No sabes dónde te metes o qué?
-Me metí en un bar porque tenía sed y ganas de mear, solo eso.
-Era un bar BDSM.
-Sí, ya lo vi… por cierto ¿Qué significa BDSM?
-Ahora lo descubrirás, perro –y al decir comenzó a descargar con furia el látigo sobre mis nalgas desnudas.

No pude escapar de allí hasta pasada una hora más o menos, cuando durante una pausa conseguí librarme de cuerdas y nudo para salir corriendo como alma que lleva el diablo, completamente desnudo y las nalgas como la bandera de Japón.

Desde entonces, y ha pasado ya más de una semana, no puedo sentarme en ninguna silla. Pero lo más doloroso no es eso, lo que realmente duele como nunca antes había experimentado es que necesito volver a aquel bar a volver a hablar con aquella mujer. Pero esperaré a que pase ciertas inflamaciones en ciertas partes de mi anatomía.