"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

15 feb. 2012

Persecución tanga


Todos hemos sido delincuentes en algún momento de nuestras vidas, ya sea robando un perfume en El Corte Inglés o robándole el corazón a una adorable viejecita de cuya fortuna queríamos aprovecharnos. Si podemos estafamos a Hacienda o si se equivocan al darnos el cambio  salimos corriendo con 50 céntimos de más como si hubiésemos asesinado a una persona. Todos llevamos dentro un delincuente en mayor o menor medida. En mi caso en mayor medida pero esto solo es debido a mi mayor tamaño. ¿Mis delitos? Mi único delito es haberme enamorado de usted, señoría. De acuerdo, es frase de película mala. No he podido resistirme. ¿Mis delitos? Muchos y variados, mas de uno penado, pero todos inconfesables por la naturaleza de los mismos. Y a pesar de ellos voy aquí a confesar uno.

Sucedió hace dos años, en un gran centro comercial en el centro de la ciudad, uno de esos monstruos de acero y cristal inundados de tiendas cuyas franquicias puedes encontrar en miles de lugares similares. Es mas, de no ser por la peculiaridad arquitectónica de estos centros comerciales, en el resto son iguales, las mismas tiendas de ropa con música a todo volumen, las mismas dependientas con forzadas sonrisas y los mismos bares con las mismas patatas fritas mas blandas y pasadas que la papada de una abuela centenaria. ¿Cual es el encanto de un centro comercial? Ninguno, a no ser que seas un ladrón y yo en aquel momento había decidido serlo, pero un ladrón realmente peculiar. Supongo que el decálogo de todo buen narrador de historias implica explicar los motivos, el como sucede ese algo y sus consecuencias. Mis motivos y el como sucedió es algo que voy a obviar saltándome a la torera las normas de la literatura y voy a ir a lo realmente importante: las consecuencias. ¿Por qué hago esto? Bueno, es más sencillo y en tiempo de crisis debemos ahorrar aunque sean palabras. La consecuencia de mi robo es que salí corriendo de una tienda de lencería con un tanga rojo robado entre mis manos. Si estuviésemos en una película ahora es cuando la imagen de mi oronda gilipollez en veloz movimiento se congelaría y la voz en off de Ramón Langa diría "¿Cómo llegué hasta aquí?". Pero como voy a obviar los antecedentes del delito, presionemos de nuevo al PLAY para observar como salgo corriendo de la tienda acompañado de 187 kilos de carne magra moviéndose en oleadas cual mar embravecido. Puede que mi peso no sea el mas adecuado para escapar corriendo de dos jóvenes guardas de seguridad mientras la alarma antirobo resuena por todos lados. Pero sepan ustedes que la inteligencia es capaz de superar cualquier físico. Así pues me lancé al interior de un grupo de ancianos que se dirigían a una cafetería haciéndolos rodar por el suelo como un strike en una bolera y haciendo que mis perseguidores se viesen obligados a saltar por encima de ellos. Después de esta hábil maniobra mas propia de un malnacido que de Jason Bourne, me dirigí a toda prisa hacia las escaleras mecánicas. ¿Se han dado cuenta que cuando en las películas hay una persecución el protagonista siempre baja las escaleras mecánicas en dirección contraria? Yo hice lo mismo, derribando también a todos los que subían tranquilamente y como la física dice que bajar por unas escaleras que automáticamente suben implica no moverse apenas, los guardas que me perseguían tomaron las escaleras correctas y en nada estaban a mi altura dispuestos a detenerme. Pero claro, en las escaleras equivocadas. Recuerden la tontería esa del intelecto. Simplemente tuve que darme la vuelta y correr escaleras arriba mientras los dos tipos, de repente, tenían que remontar unas escaleras que iban en dirección contraria, hacia abajo. Y habiendo recuperado el primer piso con evidente ventaja respecto a mis torpes perseguidores, dejé escapar una carcajada de malvado de dibujos animados y eché a correr de nuevo topándome con los viejos que intentaban levantarse del suelo. Como la agilidad no es lo mío confieso que pisé a mas de uno e incluso recuerdo el crujir de octogenarios huesos pero yo no tengo culpa de estar gordo y de que ellos sean ancianos con osteoporosis. Toda guerra tiene daños colaterales. Volví a pasar por delante de la tienda de lencería agitando el tanga rojo a modo de orgulloso trofeo y me oculté tras un arbolito de decoración, hábil táctica si pesas alrededor de 40 kilos pero que, para alguien de mi tamaño, no servía de mucho. Los vigilantes se dirigieron directamente hacia donde me había escondido: el arbolito en cuestión. Y si volvemos al imaginario cinematográfico ¿que hace el protagonista en estos casos? En efecto, salta sobre un toldo o se descuelga por algún anuncio de grandes proporciones hasta aterrizar cómodamente a escasos metros de la salida o de una hermosa fuente donde niños comen helados de colores. No había ningún anuncio pero si el toldo de un bar del centro comercial así que, no sin cierta dificultad, me subí a la barandilla y me dejé caer los 5 metros que había hasta el toldo, el cual se partió de inmediato dando con mis carnes sobre una mesa alrededor de la cual media docena de turistas japoneses intentaban dar cuenta de media docena de batidos de fresa. Ni que decir tiene que incluso la mesa cedió a mi peso aplastando los batidos que formaron bajo mi masa corporal una gran mancha de algo rojizo que todos habrían confundido con mi sangre de no ser porque era rosa y tenía trozos de fresas. Los japoneses sacaron media docena de cámaras y comenzaron a inmortalizar la situación mientras los guardas de seguridad me ayudaban a levantame. Si quieren caer desde una altura de cinco metros y no romperse nada recuerden rodear sus huesos de kilos y kilos de carne y grasa. Ser gordo, es una ventaja cuando te persigue la autoridad.

-¡No me pongan las manos encima! -grité con todas las fuerzas que mis lastimadas costilas me permitían- ¡Indignados! ¡No podrán con nosotros! 
-¿Pero que coño estás diciendo? -comenzó uno de los vigilantes-. Si has robado un tanga rojo en el Woman's Secret. 
-¡Indignados! ¡Tangas para todas! ¡Indignados! 
-¿Pero que estás diciendo? Le has robado el tanga a una dependienta. 

Vale, lo reconozco, el motivo por el que hemos pasado directamente al desenlace obviando el nudo de la historia es por un fetichista motivo que me avergüenza. En efecto, en la tienda de lencería fina de putidama había robado el tanga que llevaba una de las dependientas y no uno de los expuestos. ¿Cómo conseguí tal hazaña? Provéanse de una percha, mucha paciencia y un billete falso de 100 euros que tirar al suelo. Con un poco de imaginación descubrirán la respuesta.

Esa fue una de las muchas noches en las que hice amigos indeseables en un calabozo de la comisaria mientras ampliaba mi colección de multas y órdenes de alejamiento. Quizás no fue un momento memorable de mi vida. ¿Pero acaso ustedes han tenido algún momento igual de emocionante en el que emulasen a un agente secreto británico huyendo de los agentes de la KGB?

La vida, sin un poco de pimienta y tangas usados es muy aburrida. 



23 comentarios:

  1. Procuro ponerle a la vida toda la sal y pimienta que soy capaz sin que me llegue a hacer estornudar y atendiendo la retención de líquidos,... pero, usted lo que quiere es que confiese mis delitos... ¿Eh, bribón?

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    1. Querido Sergio... su único delito es ser tan guapo con ese pelazo blanco, bribón.

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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  2. Jo, con lo difícil que es mangar un tanga... unas bragas aún resbalan, pero un tanga, que se incarna ahí cual redecilla de redondo de ternera.

    Tiene su mérito. No tengo ninguna aventura ni remotamente similar... Debo tener poca pimienta.

    Besitos.

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    1. Debe condimentar el redondo de ternera con mas pimienta.
      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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    2. Voy a por un molinillo y un espejo. Gracias.

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    3. Cuidado donde cae la pimienta que escuece.
      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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    4. Tendré a mano el jabón de tocador, no se preocupe.

      :)

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  3. Respuestas
    1. Reírse para adentro provoca gases. Cuidado

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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    2. naaa el que solo se ríe de su pimientilla se acuerda...

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  4. Es lo que digo... hay que levar bragonazas de algodón y vivir la vida a sus anchas...

    Anda que te voy a contar mis pecados...;)
    bs

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  5. Llevo un rato largo (al menos cinco minutos) dándole vueltas a cómo le quitó el tanga a la dependienta y faltan datos: o la dependienta llevaba una falda sin medias, o usted llevaba unas tijeras. No hay otra explicación. Claro que esto lo he pensado después de que se me pasase la risa por la escena de las escaleras: ole por usted!, aunque al final le pillasen...
    Besos!

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    1. Si quiere le demuestro como... :)

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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    2. Me lo estoy pensando..., que la intriga me está matando ;)
      Más besos!

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  6. Es que la ropa interior sólo cobra vida cuando se lleva puesta. Hagas lo que hagas, ponte bragas.

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  7. Ud. dígame de que color lo quiere y se lo mando sin que lo tenga que robar!

    un saludo

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  8. Ese tanga se parece a una braguita mía. Qué hará usted con un tanga usado?...

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  9. Jajaja, me parto. Desde luego tiene usted arte pa' la descripción cinematográfica...!
    Dedíquese usted a eso, que no hace falta salir de casa y se ganará un pastón.

    Bejinhos!

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  10. Nunca se me había ocurrido mangar un tanga, pero si alguna vez sucede, gracias a usted, ya tengo desarrollado mi plan de fuga. Con la ventaja de que yo sí podría ocultarme detrás del arbolito. Así que gracias por la información.

    Eso sí, el tanga nunca, jamás, será usado.

    Un saludo.

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  11. !!Hola fernando!!

    Bonita historia,me he reido mucho.
    Aunque ando dandole vueltas como consiguio con una percha coger el tanga.

    Te beso Fernando

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  12. Bueno, a mí me parece una estupidez la entrada en su conjunto. ¿Quién en su sano juicio iba a robar un tanga y cómo un loco gritar "indigandos" para que lo dejasen en paz? Huele a mentira.

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  13. !!Fernando!!
    ¿Donde esta ,mon ami??

    Te beso.

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  14. ummm... me parece que la que estaba de voto (fallido) de silencio era yo.... no Usted...

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