"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

8 nov. 2014

El acelerador de particulares

Vivimos a toda prisa, como cuando Mad Max apretaba el botón azul y el nitrógeno entraba en el motor para hacer que el coche saliese disparado con el fin de alejarse (o acercarse) de los malos malotes. Vamos corriendo de un lado a otro con la lengua fuera y el ánima derrotada, en la búsqueda de poder hacer cuantas cosas mejor en el día que nos ha tocado vivir. Muchos dicen que no es culpa nuestra, que no tenemos culpa de tener hijos ni obligaciones, que hay cosas que no podemos evitar. Pero deberíamos recordar que en la prehistoria no había funciones escolares, cenas de empresa ni teléfonos móviles. Camino por la calle y veo a la velocidad que caminan algunas personas en una continua e invisible carrera, algunas incluso lo hacen molestas porque delante suyo hay alguien que camina más lento que ellos. Y no hablemos de cuando nos montamos en un vehículo motorizado porque he visto calles a las 8 de la mañana de un día laborable que no tienen nada que envidiar a un premio de Formula 1 en cuanto a frenadas, velocidad, aceleración o insultos. Observen ustedes la gente que viaja en transporte público, cuando el transporte llega todos se apelotonan para subir o bajar como si el hecho de poner el pie primero en la calle tuviese un premio. Lo mismo en los ascensores o en los aviones, nos empujamos unos a otros por llegar los primeros... a ninguna parte. Supongo que esto se debe a la innata competitividad del ser humano... y también porque esta sociedad de mierda nos ha convertido en unos histéricos de los cojones. 

No obstante, en todo aquello que asumimos como placer, pretendemos que la prisa se convierta en pausa. Hacer el amor lentamente, degustar un buen vino o una buena comida con relax, caminar lentamente por un bello paisaje de montaña, tener una relajada conversación con nuestros amigos. Pretendemos pasar a toda prisa por aquello que creemos innecesario para luego echar el freno de mano en aquello que creemos que es necesario. Y, como siempre, nos equivocamos. 

En una ocasión conocí a una mujer que era un auténtico torbellino, como si acabase de ingerir al mismo tiempo todas las drogas conseguidas en una redada policial. Hablar con ella era como tener un free pass de la montaña rusa mas grande que existe. Sus manos se movían a toda prisa, gesticulando como si el famoso interprete de lenguaje de signos del funeral de Mandela, se hubiese bebido tres litros de Red Bull. Muchos de ustedes se estarán preguntando si estaba buena. Pues si y no. Con "si" quiero decir que los parámetros físicos que la acompañaban estaban dentro de los estándares que la alejaban de El Hombre Elefante pero con "no" quiero decir que toda aquella velocidad hacia que inmediatamente tu cerebro la rechazase, Un cerebro normal, no el mío. En mi cerebro cualquier mujer que me dirigía la palabra es una top model internacional. Los pobres tenemos que hacer de la comida basura nuestra particular cocina de autor. No forniqué con ella si es eso lo que también están pensando, no por falta de ganas (ya saben mi amor por la comida basura) sino porque ella me dijo que yo era demasiado pausado, demasiado lento en mi conversación. Incluso el Diablo de Tasmania parecería ir a cámara lenta junto a aquella histérica mujer. 

Poco después conocí a otra mujer que iba a cinco por hora con el freno de mano echado. Sus movimientos eran lentos, sus pausas eran interminables. El problema es que yo había decidido ir mas rápido como consecuencia de la experiencia de mi anterior cita y la tragedia se repitió con los géneros invertidos (no, no acabé en un local gay). Así pues el problema de nuestra existencia y el secreto de nuestro fracaso sexual suelen ser las diferentes velocidades de nuestras vidas. Pero piensen una cosa... el problema no es que siempre haya alguien que va mas lento o mas rápido que otros. La auténtica tragedia es que todos vamos a toda prisa y hay algunos que van (aun mas) rápidos que el resto. ¿Y si echásemos el freno de mano? 

Ahora recuerdo aquella escena de Superman cuando Lois Lane muere y el superheroe, cabreado porque se ha quedado sin superfornicio, comienza a dar vueltas alrededor de la tierra y la hace girar en sentido inverso para que el tiempo retroceda y con ello, su amada vuelva a estar operativa. De acuerdo, es fantasía, pero no es una fantasía demasiado diferente a cuanto nos rodea. No digo yo que haya que invertir nada, Telecinco no soportaría en su plantilla mas hombres que besan a otros hombres de los que ya emplea, pero quizás si que algún Superman despistado ralentizase la velocidad de este maldito planeta, podría obligarnos a o todos a ir un poco mas despacio. Obligarnos a mirarnos a los ojos y a intentar entender lo que nos está diciendo la otra persona en vez de pensar en las mil cosas que debemos hacer antes de que acabe el día (expectativas de fornicio, incluidas). 




10 comentarios:

  1. Yo estoy de correr para no llegar hasta la peineta.

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    1. ¿Querida mía, podría aclararme donde lleva usted la susodicha peineta?

      Gracias mil

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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  2. Reconozco que siempre voy acelerada a todas partes. A ver si bajo un par de marchas. Cordiales saludos.

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    1. Querida Mi Álter Ego. Bajar un par de marchas no suele funcionar. Lo mejor es gripar el motor y tomarse unas buenas y forzadas vacaciones.

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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  3. Es verdad, vamos corriendo a todos lados, yo la primera y nunca llego a tiempo de los premios. Porque, digo yo que habrá premio!!!
    Saludos.

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    1. El premio soy yo. Siento defraudarla.

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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  4. Lo importante es disfrutar el viaje, cuando llegas ya se acabó la diversión. :)

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    1. Exacto, es como el perro que se vuelve loco cuando escucha el saco de comida para perros pero luego, con la comida en el plato... se acaba la diversión (quien dice perro dice perra)

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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  5. Vale, compró. Pero hay ritmos desesperantes. Un poquito de dale a tu cuerpo alegría Macarena a más de uno, tampoco iría mal.

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    1. Mi querida Susana, el ritmo es como en el futbol, hay jugadores rápidos, otros lentos... y algunos que no sabemos ni jugar.

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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