"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

18 nov. 2014

El cuento de la rana y la princesa (siglo XXI style)




Este es la fábula de la rana y la princesa, una historia que muchos conocemos porque todos los viernes por la noche se repite en todos los discopubs del planeta tierra con la única diferencia que, después del beso, las ranas continúan siendo ranas. Este nuestro cuento se ubica en pleno siglo XXI así que la rana era de plástico y la princesa llevaba una minifalda de espanto que dejaba al aire unos muslos impropios de cuento infantil. Además, la rana, aunque de plástico, era capaz de hablar. No se extrañen,  hay artefactos de plástico que hacen felices a muchas otras princesas solitarias. La rana tenía por nombre "Rana" y la princesa se llamaba "Princesa", lo que simplifica mucho el cuento (sobre todo para mí que soy quien lo cuenta). Coexistían ambos en una bonita ciudad con su castillo, su río y sus caballeros de playmobil. Una villa cualquiera de cualquier reino. El cómo se conocieron es un misterio, unos dicen que la rana paso de mano en mano hasta que fue a parar a manos de la princesa, otros dicen que unos sicarios kosovares la raptaron en una charca de algún pueblo de Transilvania y luego la vendieron en nuestro país como parte de una trama organizada de tráfico de ranas. Lo que salvó a la rana de acabar de acabar en la olla de un restaurante chino fue precisamente su plástica condición. Lástima que los gatos no sean también todos de plástico. 

Y esta fue la conversación que tuvieron la rana Rana y la princesa Princesa:

-Hola preciosa ranita verde -dijo la princesa luciendo la mejor de sus sonrisas, una de esas sonrisas que iluminan campos enteros de trigo en pleno otoño
-Hola tía buena. Y no me preguntes porque te llamo tía buena porque salta a la vista.
-¡Pero eso es una falta de respeto!
-¡Pues no te vistas con esas ropas tan apretadas!

No me sean idiotas, si llegados a este punto han asumido que una rana de plástico puede hablar, entonces tampoco se extrañen ustedes de que una princesa vaya enseñando cacho. Esto no es una película Disney, diablos.

-¿Cómo te llamas dulce ranita?
-Me llamo rana. ¿Y tú?
-Me llamo princesa.
-Nuestros padres eran listos... ¿eh?
-Bueno, mis padres son reyes.
-¿Entonces conoces a Undargarin?

De la misma manera que hay princesas buenorras enseñando cachas también hay ranas divertidas. Todo es cuestión de perspectiva, imaginación y mucha droga.

-¿Y hay algún príncipe que caliente tus aposentos? -preguntó la rana Rana.
-Siempre hay alguien -dijo la princesa Princesa dejando escapar un hondo suspiro que se llevó el viento-.Ranas hay demasiadas, príncipes demasiados pocos. El problema es que no lo descubres hasta que ya les has besado.¿Si te beso te convertirás en un príncipe?
-A lo mejor si metes la lengua con fuerza...
-¡No seas marrano!
-Vamos tonta... solo un piquito. Si te gusta tengo una habitación alquilada hasta mañana por la mañana en ese hotel de ahí -dijo la rana señalando unas luces en la lejanía-. Te enseñaré a jugar al strip-scatergories.
-¿Lo tenías todo preparado?
-Soy una rana de plástico, no tengo tantas oportunidades de que un pedazo de mujer como tú me dé un beso así que... digamos que sí. Lo tengo todo preparado para que esto sea una película de amor.
-¿De esas donde al final se casan y tienen niños rubios?
-No, como esas donde se besan encima de la fotocopiadora y acaban limpiándose con un kleenex.
-¿Lo ves? Por eso no puedo fiarme de ti.
-¿Por qué? ¿Alguna vez te ha hecho algo malo una rana de plástico? Venga tonta... probemos. Hasta que no me beses no sabrás si soy como los demás.
-Me da miedo besarte porque algo me dice que el beso es el comienzo de otra cosa.
-Un beso siempre es el comienzo de otra cosa. A tu edad deberías saberlo.
-¿Me estás llamando vieja?
-A ver, no es eso... pero al final, de tanto ver pasar ranas se te va a pasar a ti el arroz. Las princesas de los cuentos no se tiñen las canas...
-¿Tanto se me nota?
-Es que aun llevas los rulos y el papel ese de plata.
-Ah si...

Entonces, sin pensarlo, la princesa besó a la rana y una especie de resplandor iluminó todo el planeta como un parpadeo del mismísimo Dios nuestro señor. Cuando tal acontecimiento se disipó en el aire, la princesa se encontró frente a un tipo gordo, calvo, vestido con pantalones cortos, sandalias, calcetines de tergal, una camiseta imperio y una riñonera rodeando su oronda anatomía.

-Encantado -dijo quien antes había sido rana -soy tu príncipe.
-Que feo -soltó la princesa dando unos pasos hacia detrás.
-Mejor feo que de plástico. Mi nombre es Fernando Gilipollas, encantado –dijo el tipo abalanzándose sobre ella para besarla de nuevo aunque esta vez con su lengua como avanzadilla de la conquista.

La princesa le propinó una fuerte patada en la entrepierna que le hizo caer al suelo entre gemidos. Después ella salió corriendo.

-¿Entonces de follar ni hablamos, no? –gritó el gilipollas desde el suelo.

Y colorín colorado, esta mierda de cuento se ha acabado. Porque, queridos niños y niñas, las princesas y las ranas solo existen en los cuentos, los juzgados y las charcas.


18 comentarios:

  1. ¡¡¡jajajaja!!! ¿camisa imperio? ni yo sé lo que es eso, diantres!! ¡jajaja!!

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    1. Camiseta Imperio Abanderado, busque usted en google, querida. Un clásico entre el hombre de siempre.

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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    2. Esto es una camiseta imperio: https://www.flickr.com/photos/horitzo/7057337027/

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  2. yo tengo una pollita de plastico... y no la beso, pero siempre se convierte en príncipe durante unos 10 minutos. Después la escondo.

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    1. Si desea usted una de verdad, no mas grande pero si mas funcional, ya sabe donde estoy querida.

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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  3. Jajajaja, imaginación no te falta, Fernando. Me ha gustado mucho tu cuento, lo siento por el príncipe, se llevó la peor parte.
    Saludos.

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    1. Querida mía, en este mundo de realezas corruptas, los principes siempre se llevan la peor parte.

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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  4. Uy!... tú te estas enamorando... la Laura esa te tiene loquito, pero claro con camiseta imperio, riñonera y calcetines de tergal poco hay que hacer... ánimo.

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    1. No confunda usted amar con empujar, querida. ¡Por supuesto que quiero empujar a la mujer del autobús! ¿Pero amarla? Nunca cometería ese error.

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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  5. Los cuentos, cuentos son. Pero en algunos casos se parecen tanto a la realidad...
    Saludos.

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    1. No me diga que a usted también le ha pasado... no me lo diga. ¡Que no me lo diga!

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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    1. La vida misma es la misma que se encarga de recordarnos que si vivir (fornicar) fuese tan fácil como chasquear los dedos... estaríamos todo el día chasqueando los dedos.

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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    1. Gracias querida.

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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  8. Gracias por hacerme reír desde mi particular encierro. Un beso enooooorme mi príncipe.

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    1. Un beso aun mas enorme, mi princesa.

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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