"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

12 oct. 2014

¡Tetas, tetas tetas!



Para completar la cuadrologia de las partes mas decididamente erógenas de cualquier tipo de cuerpo (menos del de Carmen de Mairena), voy a hacer lo que algunas de ustedes me han pedido y que no es otrs cosa que, después de escribir sobre culos, coños y pollas, ahora deba contar sobre pechos. Voy a hacerlo no porque sea un experto en pechos sino porque me gustan los pechos y escribir sobre algo que te gusta siempre es un pequeño placer. Un aviso: los únicos pechos importantes en la humanidad han sido los pechos femeninos y el pecho de Charlton Heston. Pero sobre este señor no voy a escribir hoy.
 
Tipos de pechos hay muchos, tanta variedad como tipos de penes, coños o culos. Hay pechos grandes, pequeños, precipitados, alzados, turgentes, descontrolados, tubulares, etc. Si preguntan a un hombre que tipo de pechos le gustan, cualquier respuesta será mentira excepto la de “me gustan todos”. Quizás eso se deba a que la primera parte erógena de sexo contrario que nos metemos los señores en la boca es ese pecho materno que nos alimentaba y nos daba calor. Pero es que Dios nuestro señor, también en su infinita sabiduría, consciente del error de diseño del coño (ese monedero sin cremallera) decidió crear los pechos como complemento perfecto de las manos. Dos pechos, dos manos. Y creó tantas formas de pechos que aquel a quien no le gusten los pechos es que pierde los nervios con el catalogo del Ikea o es que nunca ha salido del armario FJELL (2 puertas, pino, € 399 / ud).
 
Si me preguntan qué tipos de pechos me gustan a mi les contestaré más o menos lo mismo, de hecho me gustan todos, lo único que no me gusta de los pechos es esa obsesiona tan malsana de las féminas por ocultarlos bajo toneladas de telas. Me gustan los pechos breves de una conocida, los pechos medianos de una vecina o los pechos grandes de una compañera de trabajo. Pero decidir qué tipos de pechos me gustan seria como decir que solo acepto billetes de 50 euros porque los de 10 y los de 5 no son tan bonitos como los billetes de 50. Por cierto, hablando de billetes han de saber ustedes que varios billetes de 50 euros ayudan a ver pechos en ciertos locales.  Ya lo dice la rima: "La teta que no cabe en la mano, no es teta que es grano. La teta que la mano no abarca, no es teta que es barca. La buena teta que en la mano quepa".
El diseño del pecho femenino es perfecto, porque es redondo y en el círculo radica la perfección, con su pezón central a la altura de nuestro dedo pulgar, es como una radio antigua. ¿Y qué me dicen de los pezones cuando hace frio? A veces veo a algunas mujeres en la calle con las que me costaría bien poco colgar la toalla de baño o utilizarlo a modo de diamante para cortar un vidrio y entrar a robar a una tienda de ropa interior. Los pezones, como diseño, son dos penes pequeños que crecen con la excitación. No... esperen... olviden esa idea de que son dos penes pequeños. En primer lugar los penes no se ponen duros con el frio y en segundo lugar odiaría pensar que cada vez que estoy metiéndome en la boca el pezón de una mujer, me estoy metiendo el pene de un enano de circo. 
 
Gracias también a Dios, las modas nos están ayudando a los hombres a ver más pechos que nunca. La moda del topless en las playas, la moda de las transparencias o la moda de las feministas que protestan a pecho descubierto. Las modas no pueden equivocarse. Ahora solo falta que se imponga la mano de que las mujeres vayan con los pechos desnudos por la calle. También utilizamos los pechos para vender, desde Victoria Secret's a Interviu pasando por Corporación Dermoestética o Telecinco. Dos pechos bonitos nos deslumbran como las luces de un coche deslumbran al conejo en plena noche. Y todo el mundo sabe que la mejor manera de vender es deslumbrar.
 
Les voy a contar una historia. Hace muchos años, cuando yo tenía la desgracia de trabajar, entró en la oficina una preciosa muchacha de unos 25 años, era guapa y tenía un cuerpo de escándalo pero lo que realmente nos volvía a todos eran sus pechos, unos pechos grandes y presumiblemente prietos que hacía que la contabilidad nunca cuadrase y los trabajadores masculinos pasasen más tiempo del habitual en los lavabos. Sobre todo en verano. Yo imaginaba día tras día como serían aquellos pechos desnudos, imaginé la perfección e imaginé que no podía haber pechos mejores. He de confesar que también imaginé que dormía entre ellos y otras cosas inconfesables. Muchos años después, por casualidades que no voy ahora a contar, pude contemplar los pechos de esta muchacha y confieso también que eran diferentes a cuanto yo había imaginado. ¿Pero quieren saber una cosa? No siendo tan perfectos como yo había imaginado fueron aun mejores. ¿Y quieren saber el motivo? Porque, efectivamente, los tuve entre mis manos y entre otros lugares inconfesables. Esa es la grandeza de los pechos femeninos, que sean como sean, siempre acabarán siendo perfectos.

Y les aseguro que esta historia está basada en pechos reales.


10 comentarios:

  1. Puedes añadir otra rima: Teta que la mano no cubre, no es teta sino ubre.

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    1. Si, si... Muchas rimas pero pocas tetas.

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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  2. Yo ando más bien escasa en ese sentido, pero bien contenta. Jajajaja. Cordiales saludos.

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    1. No se preocupe querida, mis manos no son especialmente grandes.

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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  3. Siempre odié tener más razones que mis amigas... en fin. El problema de las tallas, uffff.
    Saludos.

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    1. Eso habría que verlo, querida.

      Y tocarlo, y manosearlo, y morderlo, y besarlo, y...

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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  4. ...y ante la duda, la más tetuda, me enseñaron mis mayores.
    Saludos,
    JdG

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    1. A mi, mis mayores me enseñaron que es mejor robar que trabajar.

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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  5. Ay dios mío, los pulgares. Me ha provocado usted un calentón a estas horas de la mañana. Compórtese!

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    1. Lástima que esté usted tan lejos porque ahora mismo procedía a enfriarla con medio kilo de hielos de gin tonic y mi legendaria incapacidad para fornicar.

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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