"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

8 oct. 2014

¡La polla!



El otro día rasgué este virtual papel intentado contar sobre los coños así que hoy voy a escribir sobre pollas (no me refiero a garabatear encima de un miembro masculino). Mi primera intención cuando escribí sobre coños era evitar escribir sobre pollas, en primer lugar porque hacer algo  para que el mundo sea más ecuánime me parece una soplapollez (nunca mejor dicho) de épicas proporciones. Si existe la justicia, yo alguna noche debería haber tenido sexo con una top model mientras Flavio Briatore tenía sexo con una mujer desafortunada a las cinco de la mañana en un cajero automático mientras un puñado de vagabundos aplauden. Las cuotas y la igualdad me la traen al pairo por el simple motivo que nunca he visto un mundo justo. La justicia existe solo en la mente de los abogados y las feministas. La realidad es que voy a escribir sobre pollas solo porque la presidenta de mi club de fans lo ha solicitado educadamente y además me apetece dar la visión complementaria del coño. También porque la presidenta de mi club de fans huele fuerte, empuja un carrito de supermercado lleno de latas, está rodeada de gatos y va siempre con un cuchillo de cocina en una mano.


 Vaya por delante confesar que no he visto tantas pollas como coños en persona. Pollas he visto la mía y la de un señor engalanado con una gabardina que repartía dulces en la puerta de mi colegio. Coños he visto el de mi madre (aunque no lo recuerdo) y el de media docena de animadoras de un equipo de baloncesto que olvidaron ponerse la ropa interior. Cierto es que en películas porno hay pollas y coños por doquier, como si se tratase de una frutería descontrolada. Pero las cosas que vemos en las películas no suelen ser la realidad, a no ser que la directora sea Isabel Coixet (que entonces son realidad pero provocan la profunda siesta). 


 Una polla, como diseño, es un rotundo triunfo de Dios nuestro señor. Dice la biblia que Dios creó el hombre a imagen y semejanza suya. Así pues Dios nuestro señor debía tener pene. La pregunta es... ¿quien puso entonces un pene a Dios? Quien fuese que lo hiciese lo primero que hizo fue mirar las manos de Dios y pensar "necesito algo que se acople a eso" y creo un cilindro de múltiples utilidades. No obstante, ir siempre con el cilindro a cuestas preparado para el amor propio o ajeno no parecía una buena idea así que ese mismo alienígena pensó "voy a hacerlo extensible, como las antiguas antenas de los coches". Y así se creó la polla y luego Dios, armado del cilindro, creó el monedero femenino para guardar ese cilindro. Y esta es la historia verdadera de porque tenemos tantas pollas y tantos coños (aunque no los dos al mismo tiempo, bueno... en una orgía si). Quizás lo de que los alienígenas creasen el pene de Dios  a imagen de una antena extensible de coche sea una licencia exagerada pero en mi imaginación las cosas suceden así.

A los hombres nos encanta tener polla y muchas mujeres también querrían tenerla. La polla es un acierto de diseño y de funcionalidad, es algo al alcance de la mano de cualquiera.. Además, ha servido para mucho porque el hecho de que para que la polla funcione agitándola arriba y abajo nos ha ayudado a  inventar el merengue, la zambomba y agitar los botellines de zumo. Mientras para obtener placer la mujer debe encontrar el punto exacto que debe tocarse, con el ritmo, exacto, la presión, dentro o fuera, arriba o abajo, derecha o izquierda... el mecanismo de la polla es más simple que el de una cuchara de postre. Arriba, abajo y un pañuelo de papel.

Pero eso es solo porque los hombres somos tan simples que cualquier mecanismo más complejo que agitar hubiese significado la extinción de la raza humana. Porque, en efecto amiguitos onanistas, el placer es el engaño para perpetuar la raza. Sobre todo si eres del Opus Dei. Tanto pollas como coños están diseñados de manera complementaria para que las mujeres sigan pariendo políticos y banqueros. Todo un acierto.

 
A los hombres nos gusta nuestra polla pero no las pollas de los demás. En los vestuarios masculinos los hombres siempre evitamos mirar los penes de otros hombres. Cosa que no sucede en los lavabos, donde involuntariamente los ojos se nos van al pene del tipo que está miccionando a nuestro lado. Yo tengo una teoría de porque en los vestuarios evitamos mirarnos las pollas pero en los lavabos no. Mi teoría es que los gais mean sentados, así pues, los hombres que meamos de pie somos heterosexuales y podemos mirarnos los penes sin temor a darnos un beso en la boca. Por otro lado, en los gimnasios, ahí es imposible saber quién es gai o no, así que evitamos mirarnos los penes para evitar acabar todos en las duchas haciendo un remake grupal de "Espartaco".  Todo esto no sucede porque a los hombres nos preocupe ser gais sino porque si metemos nuestra polla en agujero del mismo sexo, la humanidad entonces sí que se extinguiría. O solo habría hijos del Opus Dei. Que no sé que es peor. Sea como sea, al hombre solo le gusta su polla, no porque sea grande ni bonita sino simplemente porque es suya. Bueno... mi polla también es de ustedes si son top models que se han aburrido de Flavio Briatore


Espero haberles ofendido a todos y a todas con estos dos textos sobre pollas y coños. Esa era mi única intención. Si no... siempre puedo hablar de tetas de manera decididamente ofensiva.


9 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Pronto vendrá el de las tetas... pronto. No se me impaciente usted, querida.

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

      Eliminar
  2. Eso eso! ¡esperamos el de las tetas!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pronto, pronto...

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

      Eliminar
  3. Ye hemos tenido culos, coños, pollas y pronto tendremos tetas ¿Qué nos falta? El hipocampo, ¡que nombre tan bonito!. Y es ahí donde se concentran las pasiones más ocultas, los deseos más intensos y las compulsiones ancestrales. Por favor, Fernando, háblanos del hipocampo. Besotes, Ana.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Querida Ana, le hablaría largo y tendido del hipocámo... sobre todo tendido. Pero me temo que soy mas de culos.

      Femeninos.


      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

      Eliminar
  4. Si llego a saber q ibas a escribir sobre este tan delicado te hubiera aportado la teoría de uno que conocí una vez que aseguraba que los hombres se hacían amigos por el tamaño de su pene. Como ves, siempre puedo superarme.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ahora entiendo porque mis amigos solo son pitufos y elfos...


      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

      Eliminar