"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

25 ago. 2014

25 de Agosto

Anoche estuve hablando con una mujer en un bar. De acuerdo, mujeres hay en muchos lugares, incluso si lo analizamos en profundidad creo que hay mas mujeres que lugares. Analizar en profundidad es lo mejor cuando estás frente a una mujer. No me malinterpreten, hablo de esa parte intelectual a la que a todo hombre le interesa de una fémina. A ella la encontré en un bar, el mejor lugar donde puedes encontrar a una mujer después de tu propia cama. Se nombre -lo supe después- era Ana. Ella era pequeña y delgada, con labios gruesos y mirada penetrante, llevaba el pelo recogido en una coleta y era de ese tipo de mujeres que asustan a los hombres como yo. Que asustan a cualquier hombre porque se dan cuenta de que hay mujeres mas poderosas que ellos mismos. Su rostro era duro pero hermoso, imaginé que podía ser una boxeadora posando para una revista de moda. O una modelo metida a boxeadora. Pero era muy hermosa, una hermosura de esas que no hacen que te gires en la calle sino que continúes caminando y pienses quien diablos era esa mujer con la que te acabas de cruzar. Una belleza mas allá de lo evidente. Una mujer fuerte, de voz firme y gestos firmes. 

A los hombres suelen asustarnos las mujeres firmes y convencidas pues la realidad es que todos somos simple cazadores de mamuts que pretendemos imponer nuestras (colgantes) razones en el momento de entrar en nuestras cuevas. No queremos que nadie nos moleste, solo sentarnos en el sofá, dejar caer los pies encima de la mesa y contemplar las pinturas rupestres. Pero mujeres decididas siempre las ha habido y siempre las habrá. Es más, cuando una mujer es decidida, a diferencia del hombre, su convicción es firme. La firmeza masculina es solo postureo, quizás porque como no podemos fingir orgasmos al menos podemos fingir algo. Una vez yo fingí que era Brad Pitt pero mi hábil plan para cenar gratis se desmontó cuando descubrieron que Brad Pitt no usa mariconera de polipiel. Los hombres somos incapaces de fingir nada medianamente sostenible.

Entablé conversación con ella de la manera mas tonta cuando volqué a propósito el contenido de una jarra de cerveza en sus tejanos. Entiendo que puede parecer una grosería pero mayor grosería es encontrarse con una mujer así y no hacer nada para llamar su atención, aun a riesgo de caer herido en peculiar batalla. Curiosamente ella no se enfadó, se limitó a mirarme con expresión confundida a la que yo respondí con mi carita de gatito atropellado a medianoche.

Media hora mas tarde estábamos hablando de la vida, de la muerte y de la cocina gallega. Por delante he de confesar que yo estaba un paso mas allá de la confusión. ¿Yo hablando con una mujer sin mirarle a los pechos? De acuerdo, no era una mujer de voluminosos y epatantes pechos pero tenia dos y curiosamente yo tengo dos ojos. Pero no. Me fascinaba la conversación de aquella pequeña y adorable mujer. ¿Y si en realidad era un hombre? Solo me siento cómodo con los hombres. Volví a mirarla, los tejanos mojados y apretados contra sus muslos, sus manos, sus breves pechos contra la camiseta, su voz... todo en ella apuntaba a una mujer y no solo a eso sino que apuntaba a una adorable mujer. A una de esas mujeres por las que se conquistan países o se componen canciones. Una de esas mujeres por las que volverse mujer.

¿Existe el amor a primera vista? Por supuesto que no, el amor a primera vista no es mas que la confusión de un sexo desbordado e incomprensible, que maquilla la atracción animal como atracción intelectual. ¿Quería yo acostarme con aquella mujer? Por definición quiero acostarme con cualquier mujer, incluso quiero acostarme con hombres que parecen mujeres. Recuerdo que una vez quise acostarme con un armario de IKEA modelo Apelung y casi llego a conseguirlo. Por supuesto que quería desnudar a aquella mujer y dejar caer el peso de mi amor (literalmente) sobre ella. Pero no era solo eso. Además de la atracción física también existía una atracción intelectual. Y eso, en pleno verano y con una mujer... es imposible. Al menos en lo que a mi respecta. No entendía nada de nada, por primera vez estaba frente a una mujer a la que deseaba por algo mas que por el interior de sus muslos.

Entrecerré los ojos e imaginé Ana vestida de dominatrix propinándome dolorosos latigazos que arrancaban tiras de piel de mi espalda, la imaginé completamente desnuda y encima de un caballo cabalgando por una playa desierta a mi encuentro, la imaginé en un combate de thai-boxing derrotando a la campeona del mundo en el primer asalto y también la imaginé acurrucada a mi lado haciéndome cosquillas. Simplemente la imaginé y eso es más de a lo que puede aspirar cualquier hombre que se precie de vestirse por los pies (y además no tenga mayordomo).

¿Cómo acabó este enamoramiento de verano? No fornicamos, para mi desgracia (y la de ustedes, morbosos lectores). Pero me dió su número de teléfono, vive en Madrid y algo me dice que este amor de verano podría convertirse en sexo de otoño. 

Quien sabe... soy demasiado gilipollas para entender lo que es el amor y demasiado inexperto para entender lo que es el sexo. Tendré que usar la técnica de la bolsa de plástico flotando en un rio: dejarme llevar. Porque una mujer como Ana es como el mar, por muy hermoso que sea, se ve el principio pero no el final. Esperemos que la bolsa llegue al rio y yo deje de hacer metáforas como Cohelo porque ya empiezo a odiarme a mi mismo mas de lo que me odian ustedes.



9 comentarios:

  1. Estimado Sr. Gili,

    subyugado me hallo por esta pequeña joya y ameniza mi visita a su ciudad casi tanto como lo haría un encuentro como el describe. Es increíble que con este calor pueda componer tamaños textos de verdad.

    Siempre suyo.

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    1. Gracias amigo Felix por sus amable palabras pero debe saber que todo el mérito es de mi aire acondicionado.

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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  2. Las metáforas a lo Coelho se las dicta el amor...Lo disculparemos, en este caso. Me congratula leer que al fin ha conseguido, si bien no fornicio inmediato, al menos un número de teléfono que puede augurar fornicios futuros.

    Cordiales saludos.

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    1. No querida mía... no lo he conseguido. Aun no. Espero conseguirlo, eso si. De hecho espero conseguir todo cuanto no tengo que es todo. Gracias por sus amables deseos. Pero creo que con una mujer asi no se fornica... se le hace el amor. O mejor dicho, ella te lo hace a ti

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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    1. El amor está en el aire, querida. Sobre todo si trabajas en el mundo de la aviación.

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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  4. Vaya, suavidad en las palabras. Me temo que has caído, Fernando. O estás a puntito.
    Saludos.

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    1. Yo siempre caigo, querida. Por desgracia siempre debo levantarme solo porque he caído solo. Es lo que tiene ser un onanista compulsivo.

      Siempre suyo
      Un completo gilipollas

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