
Me perdonarán ustedes si el siguiente post, además del habitual sexismo y simpleza que me caracteriza también destila algo de racismo. Los gilipollas tenemos eso, nuestros defectos no entienden de tendencias y para mi todo eso del respeto a las razas y los sexos no es mas que una moda pasajera que pronto caducará por si misma. Si los hombres hemos estado miles de años despreciando a razas y géneros que no fuesen los nuestros. ¿Qué diablos es entonces esa tontería del Ministerio de la Igualdad o todo eso de que a los inmigrantes hay que respetarlos? No. Los hombres de verdad, los auténticos gilipollas de raza somos sexistas y racistas. Cuando la sociedad vuelva a ser lo que era aquí estaremos, esperando nuestra oportunidad. Agazapados en la sombra.
Bueno, a lo que íbamos que -como siempre- ser gilipollas hace que te distraigas con la primera mosca que pasa frente a tu cara. O con la primera top-model se desnuda frente a ti.
Este post -como siempre- se basa en mi propia experiencia y debería servir, además de para echarse unas risas, para que aprendan ustedes sobre la supervivencia emocional en la difícil sociedad que nos ha tocado vivir.
Regla de oro: cuando una extranjera les dice "te amo" en realidad les esta diciendo "quiero la nacionalidad española". Excepción a la regla: si quien se lo dice es Angelina Jolie puede que realmente les ame, además de que estarán sumidos en un profundo sueño.
Las extranjeras, desengañémonos, nos aman por lo que tenemos, no por lo que somos.
Conocí a Anita en una de esas webs de contactos donde los hombres no hacemos mas que enviar mails a mujeres que nos escogen como bolsos de imitación expuestos en el suelo encima de una manta. Debí pensar que algo anormal sucedía cuando leí el correo.
"Mi gusta mucho tu perfil. Mi busca hombre sincera para formo familia. Escríbeme y yo cuento. Tu mucho guapo".
Que una mujer diga que soy guapo es desconcertante. En su descargo confieso que en mi perfil puse fotos de Brad Pitt. Pero sigue siendo sospechoso. Las mujeres enamoradas no cometen faltas de ortografía, eso lo sabes cualquiera. Visité su perfil, vi sus fotos y era lo de siempre. Rubia, alta, de edad indefinida, delgada y decía vivir en Barcelona aunque posiblemente tenía 50 años, vivía en las orillas del Volga y cuidaba a sus tres hijos llamados Mijail, Andréi y Vasili. Pero resulta que la rubia estaba para hacerle un cuarto hijo. ¿Qué podía perder?
Quedamos esa misma tarde en una céntrica cafetería de Barcelona, ella llegó a la cita solo cinco minutos tarde. Quedaba descartado que viviese en las orillas del Volga. Al verla llegar el corazón casi se me salió del pecho. Era delgadisima, altísima, pelo larguisimo y rubio. Unos ojos azules inmensos y mecánica sonrisa de azafata de congresos. Iba vestida con un vestido blanco corto que dejaba poco espacio a la imaginación (y eso que tengo mucha). Levanté la mano para llamar su atención pero ella parecía no verme. ¿Tan diferentes somos Brad Pitt y yo? Al final la señorita del este me reconoció cuando la zarandeaba al grito de "¡soy yo, rusa de los cojones!". No pareció demasiado contenta al verme, lo admito. Pero la primera impresión en mi caso siempre es mala. Mi físico, mi olor, mis modales... no soy Brad Pitt, eso seguro. Tomamos asiento y pedimos dos cervezas. Dios mio. Yo sentado junto a aquella diosa de mármol. Y digo "de mármol" porque era mas fría que un congelador industrial. Soy consciente que es un tópico que las mujeres del este son frías pero aquella mujer congelaba la cerveza al sostener el vaso entre sus manos. Sus comentarios respecto a mis frases se limitaban a decir "si" o "no" o "clarrro". Nos despedimos y me dijo que me enviaría un mail para confirmar nuestra próxima cita. Lo recibí al día siguiente.
"Tu mucho guapo. Mucho simpático. Yo ti amo. Envíame extracto cuenta banco y quedamos otro vez".
No entendí demasiado que tenía que ver mi dinero con el amor pero le envié el extracto de mi cuenta bancaria. No volví a saber de ella. Creo que el mail debió extraviarse o ella no entendía demasiado de extractos. Posiblemente en su país pagaban con gallinas y vodka. Alguna vez intenté llamarla por teléfono pero debe estar equivocado porque al otro lado siempre contesta la voz de un ruso que dice lindezas del tipo "ti voy a romper piernas si tu molesta Anita". Un malentendido, seguro.
Las semanas pasaron y pronto me di cuenta que nunca mas volvería a saber de la rusa.
Recuerden siempre la regla de oro: no permitan que ninguna extranjera les diga "te amo" a no ser que se llame Angelina Jolie.
Bueno, a lo que íbamos que -como siempre- ser gilipollas hace que te distraigas con la primera mosca que pasa frente a tu cara. O con la primera top-model se desnuda frente a ti.
Este post -como siempre- se basa en mi propia experiencia y debería servir, además de para echarse unas risas, para que aprendan ustedes sobre la supervivencia emocional en la difícil sociedad que nos ha tocado vivir.
Regla de oro: cuando una extranjera les dice "te amo" en realidad les esta diciendo "quiero la nacionalidad española". Excepción a la regla: si quien se lo dice es Angelina Jolie puede que realmente les ame, además de que estarán sumidos en un profundo sueño.
Las extranjeras, desengañémonos, nos aman por lo que tenemos, no por lo que somos.
Conocí a Anita en una de esas webs de contactos donde los hombres no hacemos mas que enviar mails a mujeres que nos escogen como bolsos de imitación expuestos en el suelo encima de una manta. Debí pensar que algo anormal sucedía cuando leí el correo.
"Mi gusta mucho tu perfil. Mi busca hombre sincera para formo familia. Escríbeme y yo cuento. Tu mucho guapo".
Que una mujer diga que soy guapo es desconcertante. En su descargo confieso que en mi perfil puse fotos de Brad Pitt. Pero sigue siendo sospechoso. Las mujeres enamoradas no cometen faltas de ortografía, eso lo sabes cualquiera. Visité su perfil, vi sus fotos y era lo de siempre. Rubia, alta, de edad indefinida, delgada y decía vivir en Barcelona aunque posiblemente tenía 50 años, vivía en las orillas del Volga y cuidaba a sus tres hijos llamados Mijail, Andréi y Vasili. Pero resulta que la rubia estaba para hacerle un cuarto hijo. ¿Qué podía perder?
Quedamos esa misma tarde en una céntrica cafetería de Barcelona, ella llegó a la cita solo cinco minutos tarde. Quedaba descartado que viviese en las orillas del Volga. Al verla llegar el corazón casi se me salió del pecho. Era delgadisima, altísima, pelo larguisimo y rubio. Unos ojos azules inmensos y mecánica sonrisa de azafata de congresos. Iba vestida con un vestido blanco corto que dejaba poco espacio a la imaginación (y eso que tengo mucha). Levanté la mano para llamar su atención pero ella parecía no verme. ¿Tan diferentes somos Brad Pitt y yo? Al final la señorita del este me reconoció cuando la zarandeaba al grito de "¡soy yo, rusa de los cojones!". No pareció demasiado contenta al verme, lo admito. Pero la primera impresión en mi caso siempre es mala. Mi físico, mi olor, mis modales... no soy Brad Pitt, eso seguro. Tomamos asiento y pedimos dos cervezas. Dios mio. Yo sentado junto a aquella diosa de mármol. Y digo "de mármol" porque era mas fría que un congelador industrial. Soy consciente que es un tópico que las mujeres del este son frías pero aquella mujer congelaba la cerveza al sostener el vaso entre sus manos. Sus comentarios respecto a mis frases se limitaban a decir "si" o "no" o "clarrro". Nos despedimos y me dijo que me enviaría un mail para confirmar nuestra próxima cita. Lo recibí al día siguiente.
"Tu mucho guapo. Mucho simpático. Yo ti amo. Envíame extracto cuenta banco y quedamos otro vez".
No entendí demasiado que tenía que ver mi dinero con el amor pero le envié el extracto de mi cuenta bancaria. No volví a saber de ella. Creo que el mail debió extraviarse o ella no entendía demasiado de extractos. Posiblemente en su país pagaban con gallinas y vodka. Alguna vez intenté llamarla por teléfono pero debe estar equivocado porque al otro lado siempre contesta la voz de un ruso que dice lindezas del tipo "ti voy a romper piernas si tu molesta Anita". Un malentendido, seguro.
Las semanas pasaron y pronto me di cuenta que nunca mas volvería a saber de la rusa.
Recuerden siempre la regla de oro: no permitan que ninguna extranjera les diga "te amo" a no ser que se llame Angelina Jolie.



