"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

18 ene 2011

Restauración gilipollas


Regularmente suelo encontrarme con unos amigos para descubrir nuevos restaurantes en nuestra ciudad. Se que esto puede parecerles una utopía: que yo tenga amigos me refiero. Los tengo aunque mi esfuerzo me cuesta, no crean. Podrán reconocerme como el amigo que suele presentarse voluntario para mudanzas, compras, reparaciones, pintar pisos, acompañar al medico o cuidar de los animales de los demás cuando se van de vacaciones. (incluyendo suegros o padres en la categoría de "animales") Créanme cuando les digo que la mejor manera de conservar un amigo es hacerle gratis todo cuanto los demás le hacen cobrando.

Menos el sexo, claro.

Bueno, si ellas son amigas y ustedes son terriblemente afortunados quizás pueden añadir “sexo” a la ecuación de la amistad. Bien por ustedes.

Mis amigos pueden contarse con los dedos de una mano, exactamente cinco es el numero de personas con quienes me reúno conformando un grupo de seis personas que tanto jode a los camareros que siempre pretenden 4 u 8 comensales. Menos los de los restaurantes chinos que aunque vean llegar a un enfurecido Braveheart con su séquito de doscientos hambrientos luchadores por la libertad, siempre preguntan "¿mesa para dos?". Tengo la teoría de que en el sistema numérico chino no van mas allá del dos. Pero resultó que nosotros éramos seis: tres hombres y tres mujeres. Para los despistados yo soy uno de los hombres. y para los maliciosos ninguna de las tres mujeres quería nada sexual conmigo. Gracias a Dios tampoco los hombres.

Cada vez nos toca a uno escoger el restaurante y en esta ocasión era mi turno así que haciéndome el moderno escogí un restaurante de diseño que había visto recomendado en un suplemento dominical. Craso error. Nunca se fíen de los dominicales donde todo resulta bonito y resplandeciente. Nunca dicen que un libro es aburrido, nunca aparece una modelo mal vestida ni hay entrevistas soporíferas a políticos en declive. Los dominicales de los diarios son como el escaparate de “El Corte Ingles” o como una mujer madura dentro de un corsé: un engaño.

Quedamos los seis en la puerta del restaurante. Gracias a Dios llegué el último porque sino nunca hubiese encontrado el lugar. Mis amigos esperaban junto a una puerta de garaje pintada de color negro. Era la puerta del restaurante moderno. Les saludé a todos estrechando la mano de los hombres y besando en la mejilla a las mujeres (es una mala idea hacer lo contrario siendo heterosexual) y empujamos con fuerza la puerta de garaje para entrar en el restaurante.

Dentro, al final de un pasillo mal iluminado, parecía esperarnos un asesino en serie, o quizás el guardián de las llaves o puede que un maitre. En estos vergeles del diseño es común confundir el camarero con el aparcacoches o quizás con la encargada de la limpieza. Miren que era sencillo: las batas o los uniformes de toda la vida. Blanco o negro, es simple. Pero no. Ahora todos visten extraños uniformes de diseño. Creo que nos aparcó el coche la señora de la limpieza y nos sirvió el aparcacoches . Respecto a la comida dudo aun quien fue el responsable de pertrechar tal tragedia. Ahora sabrán el porque.

Tomamos asiento en una especie de mesa redonda que en realidad era un octógono mal iluminado y junto a una especie de cascada de agua y nos dispusimos a leer la carta del restaurante. Al cabo de diez minutos seguíamos leyendo sin entender si aquello eran platos un juego de palabras. Puede que se hubiesen equivocado y nos hubiesen dado crucigramas. Recé porque la cifra a la derecha no fuese el precio. Mis amigos me miraban con la firmeza de quien sabe que esa misma noche va a perder un amigo (gilipollas) para siempre.

-¿Compartimos un timbal de guisantes de primero? -pregunté como quien no quería la cosa.

El timbal de guisantes resulto tener solo 5 guisantes flotando en una especie de crema de calabaza dentro de un timbal de galleta. Por supuesto yo fui quien se quedó sin su guisante.

De segundos pedimos varios platos diferentes con la esperanza de poder probar los unos de los otros. Cuando los trajeron nos dimos cuenta que el tamaño de las raciones no invitaba a compartir nada sino mas bien a pedir media docena de bocadillos en el primer bar que encontrásemos solo salir del restaurante.

Mi plato era “costillar de cordero caramelizado al aroma de eneldo con envolvente de crujiente de remolacha francesa”. En lugar de eso me trajeron un plato de postre con una especie de pan rojo encima. Observé de reojo a mis ya ex-amigos quienes daban vueltas a sus propios platos de postre intentando adivinar que diablos iban a meterse en la boca. Las mas desconfiadas eran las tres mujeres. Suele suceder.

Levanté mi mano y llamé la atención del camarero, maitre, señora de la limpieza, transexual cantador de coplas o quien fuera que fuese el tipo que nos había servido la comida. Bueno, que nos había traído aquellos platitos.

-Disculpe -dije yo mostrando la que en esos momentos podía ser mi mejor sonrisa- Este plato de costillas de cabrito tiene un problema. No veo las costillas ni aún menos el cabrito.
-¿Ha probado usted a mirar debajo del crujiente de remolacha?
-Diablos, nunca hubiese imaginado que se trataba de un juego. Vamos a ver...

Y diciendo esto levanté con cuidado el diminuto crujiente de remolacha para descubrir un -aun mas diminuto- pedazo de costilla de cabrito. O quizás se tratase de un trozo de regaliz chamuscado, a primera vista era difícil diferenciarlos aunque cuando me lo metí en la boca tampoco conseguí nuevas pistas. 135 euros (mas IVA) costaba aquella adivinanza. Cerca de 1500 euros (mas IVA) costó aquella cena. A mi me costó mucho mas. Ahora no puedo contar los amigos con los dedos de una mano. No porque nadie me haya cortado los dedos sino porque he perdido los únicos amigos que me quedaban.

Lo mejor de la noche en el restaurante de diseño fueron los grasientos bocadillos de panceta que nos comimos en un mugriento bar a la salida de lo que se suponía había sido una cena.



15 ene 2011

Los concursos televisivos


Desde que tuve el accidente toda mi actividad se limita a ducharme (una vez a la semana) y recoger la correspondencia, quizás por este obligado sedentarismo sea que me he convertido en un adicto a los concursos televisivos -también conocidos como "timoconcursos"- con títulos tan llamativos como "llama y gana" (¿quien no va a llamar?) o "millonario al instante" (como el nescafé pero con dinero). He de decir en mi descargo que tengo demasiado tiempo libre y que ese tipo de concursos suelen presentarlos jóvenes macizas con grandes escotes. Curiosamente cuanto mas grande es el premio mas grande es también el escote. ¿Cual ha sido el resultado? Pues una factura telefónica de 874,56 euros aunque eso si, he ganado una funda de imitación de cuero para el móvil. La funda mas cara de la historia, creo.

Ofendido y un poco mas pobre, esta mañana he decidido llamar a los departamentos de atención al cliente de las diferentes televisiones para expresar una queja de lo que -yo creo- es una estafa digna del mas sutil criminal. Esta es una de las conversaciones que mantuve con la responsable de atención al cliente de una televisión aunque juro por mi zarigüeya (que no es bizca) que todas mis quejas consiguieron similar infertilidad:
-Hola -digo yo intentando forzar un timbre de voz que imponga respeto- llamo por una reclamación respecto a uno de sus concursos nocturnos.
-Si, un segundo, ahora mismo le atiendo.

Pasan 5 minutos y la misma voz me pregunta de nuevo por qué llamo. Le repito de nuevo lo del concurso y ella me repite que espere de nuevo. A la sexta vez que repite el truco le digo que llamo porque he descuartizado a uno de sus presentadores y lo tengo en bolsas de supermercado en el maletero de mi coche. Creo que así consigo llamar su atención.

-Anoche me gasté 32 euros en llamadas en uno de sus concursos "llama y gana" y no gané nada.
-¿Acertó la pregunta?
-No.
-Entonces parece lógico que no haya ganado.
-¿Entonces por qué se llama el concurso "llama y gana"? Debería llamarse "llama y si sabes la respuesta, gana".
-Es solo un título.
-Es una estafa.
-Es solo un título -repite ella con mecánica voz.
-Además, me tuvieron media hora esperando al teléfono mientras la muchacha de la tele decía que nadie le llamaba y que tenía ganas de regalar dinero.
-Es el procedimiento habitual.
-Por ese precio yo diría que es una estafa. Además la muchacha hablaba todo el rato de regalar dinero y cuando salí en antena me hizo una pregunta. Cuando alguien me regala algo no suele obligarme a acertar una adivinanza.
-Ya entiendo señor, pero es una manera de hablar.
-Pero es una mentira.
-Solo se trata de puntos de vista.
-Ya entiendo, como cuando a uno le pegan un tiro en un robo en un banco porque teóricamente se movió aunque estaba petrificado. El criminal en el juicio dice que el tipo se movió. Puntos de vista.
-No acabo de comprenderlo señor.

Y de esta manera continuamos discutiendo hasta que después de dos horas hablando con aquella mujer por teléfono me doy cuenta de que el número de reclamaciones al que he llamado también omienza por 905. Ahora lo entiendo todo...


10 ene 2011

El señor doctor


Hace tres semanas, cuando salí del hospital después del accidente, tuve que ir a visitar al que sería mi doctor en Barcelona a partir de ese momento. Créanme que estuve rezando horas y horas para que fuese una doctora joven y atractiva pero en vez de eso me tocó un doctor mayor y nada atractivo.  No se de que me asombro. Siempre me sucede lo mismo. 

¿Ustedes también tienen la mala costumbre de enfermar e ir al doctor? ¿Se han dado cuenta de cómo nos tratan los doctores cuando nos visitan? Como si lo único malo que tuviesen fuese la ortografía. Tomas asiento en una incómoda silla de plástico al otro lado de la mesa mientras el doctor garabatea cosas en un papel como si tu enfermedad fuese que te has vuelto completamente invisible después de haber ingerido dos docenas de pepinillos en vinagre. Pasado un rato de incomodo silencio el doctor levanta la cabeza, te mira y entonces suelta un “¿que pasa?” que a ti te suena como si estuvieses frente a un juez que va a llevarte a prisión. o frente a un yonky que te pide unas monedas a la salida del supermercado. Entonces desparramas encima de la mesa todo lo que llevas, radiografías, informes, recetas, el abono del bono-bus y dos monedas de cinco céntimos que encuentras en el fondo de uno de los bolsillos del abrigo. Entonces el médico (o doctor, que desconozco la diferencia) mira y lee todo con cuidado, se guarda la tarjeta del bono-bus pero te devuelve los diez céntimos al tiempo que dice -con una sonrisa mas falsa que tus 1000 amigos del Facebook-:

-Entonces es fractura múltiple de húmero y metacarpianos de la mano. ¿Es eso?

Sientes ganas de contestar “no, me aburría y como pasaba por delante me he dicho, entra a buscar a un desconocido para invitarle a unos gin-tonics, ah... y el cabestrillo lo llevo porque es tendencia, igual que las radiografías que está usted mirando”. Pero en lugar de eso simplemente asientes con la cabeza.

-Una fractura complicada ¿eh? -pregunta el doctor.

Y a mi que narices me pregunta. ¿Pero llevo yo la bata blanca? ¿Llevo yo una plaquita con el nombre de “Doctor Martínez” cosida en el pecho? ¿He gastado yo cinco años de mi vida en una universidad estudiando medicina? ¿Verdad que la respuesta a todas esas preguntas es “no”? ¿Entonces para que me preguntas a mi, alma de cántaro? A no ser que ese médico haya confundido los auriculares del iPod que cuelgan de mi cuello por un fonendoscopio. Porque entonces si que tengo un problema.

Pero en vez de reprochar nada vuelvo a asentir con la cabeza. 

A continuación el doctor dice que me quite el cabestrillo que vamos a mover el brazo. Lo intenta e inmediatamente mil agujas se clavan en mi cerebro y debo morderme la lengua para no gritar.

-¿Duele? -pregunta impávido el doctor.

Debería pegarle a él una patada en los huevos y después retorcérselos mientras le preguntan “¿duele?”. Pero vamos a ver... ¿desde cuando una fractura no duele si la mueves como si agitases una banderola al paso de las carrozas en el desfile del orgullo gay? O una bandera patria en el desfile del día de las fuerzas armadas (¿en que diablos estaría pensado?).

-Duele un poco -contesto yo intentando no llorar.
-Es bueno que duela, eso significa que los músculos se están distendiendo.

¿Desde cuando es bueno que algo duela? Los doctores te hablan como si fuesen verdugos o torturadores profesionales. ¿Han escuchado alguna vez que un doctor pida perdón? Yo tampoco. Y otra cosa... ¿por que ellos nos tutean y nosotros les hablamos de “usted”? ¿Pertenecemos los pacientes a una casta inferior?

Entonces el doctor vuelve a su mesa y dice:

-Probablemente será un año de recuperación y nunca recuperará la movilidad completa. Eso si no hay que volver a operar.

Ahí estamos, fantástico ejercicio de psicología. Me dan ganas de preguntarle si, transcurrido el año, moriré entre agónicos espasmos pero en vez de eso vuelvo a asentir sumisamente con la cabeza. ¿Y que harán si no me recupero al 100%? ¿Me devolverán parte del dinero? Porque si yo voy a un restaurante y no me sirven el postre tampoco me lo cobran.

-Ahora te haremos unas radiografías y te presentaré a los fisioterapeutas.

Yo vuelvo a asentir agradecido. Creo que si me hubiese dicho “ahora te cortaremos el brazo con una sierra mecánica y lo echaremos a los perros” habría reaccionado igual.

Entonces lo entiendo todo.

Los doctores son como los gilipollas un viernes noche en una discoteca. Somos tanques que arrasamos sin piedad con preguntas sin sentido esperando que la otra persona esté confusa y obtener nuestro objetivo. Vuelvo a mirar al señor doctor. Alto, de unos cincuenta años, calvo y con bigotito pasado de moda. Entonces es cuando empiezo a rezar para que el objetivo del médico conmigo no sea el mismo que el mio con las mujeres en la discoteca.

Al menos me consuela saber que mis planes de fornicio nunca salen bien. Espero que los planes del Doctor Martínez respecto a mi salgan igual de mal. El único doctor que quiero en mi espalda es el proctólogo y en la revisión anual. Nadie mas.

Seguiremos informando. Bueno, seguiré informando, que aquí no hay nadie mas, que diablos...

7 ene 2011

Furor vegetariano


Sucedió el miércoles pasado a mediodía, mal presagio de lo que me esperaba la noche de reyes. Ni carbón me trajeron. Y eso que durante dos meses en el hospital me he portado como un angelito. Me encontraba yo el miércoles comiendo una grasienta hamburguesa en el bar de la esquina cuando en el tercer bocado me abordó una muchacha llamando mi atención golpeándome en el hombro herido sin reparar que el cabestrillo significaba que algo no funcionaba en esa parte de mi anatomía. Como movido con un resorte invisible me di rápidamente la vuelta para golpearla con mi mano libre y un bote de ketchup cuando la muchacha soltó de repente una pregunta que me hizo olvidar el dolor del hombro.

.¿Por que acaricias a un perro pero te comes una vaca? -pregunto ella señalándome con un dedo acusador y uña sucia.
-¿Disculpe?

La mujer deslizó encima de mi mesa una especie de panfleto con la misma frase que acababa de escupirme acompañada del lema "Go vegan".

-¿Qué o quién es un "vegan"?
-Menuda incultura. Hazte vegetariano, el mundo iría mejor.
-Yo no tengo perro, en realidad no tengo a nadie a quien acariciar. ¿O acaso está sugiriendo que me coma a un perro? A juzgar por el sabor de esta hamburguesa creo que ya lo estoy haciendo.

La mujer tornó su expresión hacia una mueca de terrible enfado. En ese mismo momento acudió a mi rescate Anselmo, el dueño del bar y responsable de manufacturar las peores hamburguesas de toda Barcelona.

-¿Algún problema, gilipollas? -preguntó Anselmo.
-Gilipollas tu puñetera madre -contestó la defensora de los perros y las vacas.
-Se refiere a mi -dije yo intentando poner paz-. Mi apellido es "Gilipollas". No pasa nada Anselmo, la situación está controlada.
-Deja de molestar a mis clientes, hippie -masculló Anselmo antes de volver a la barra.

En esos momentos todos los clientes eramos una vieja desdentada que se había desmayado en su silla después del noveno carajillo de anís y yo. Observé a la vegetariana, no era fea, todo lo contrario,  en realidad me hubiese vuelto también vegetariano al instante de no ir vestida ella con unos extraños pantalones con la entrepierna a la altura de los tobillos, siete camisetas agujereadas superpuestas y un pelo con rastas que parecía hacer meses que huía del agua. Pero había un error, las siete camisetas escotadas no eran capaces de ocultar un profundo escote que mostraba gran parte de dos grandes razones para seguir siendo carnívoro. Como decía el maestro Groucho Marx, "estos son mis principios pero si no le gustan tengo otros". Yo carezco de principios, sobretodo frente a una mujer escotada. Pero aquella mujer parecía haber nacido enfadada. Algo me decía que no tenía yo ninguna posibilidad de yacer y frotar mi zanahoria con la vegetariana.

-Tiene cara de enfadada -continué- debería comer mas carne roja.
 -No como carne.
-¿Tampoco huevos?
-Go vegan -repitió ella cerrando el puño de manera amenazadora.
-¿No come ni huevos ni salchicha? Que desperdicio de mujer...

Tan poco sutil -y evidentemente obsceno- comentario no pareció hacer gracia a la vegetariana quien solo tuvo que adelantar el puño, el cual impactó en mi ojo derecho. O fue mi ojo derecho el que impactó en su puño. Aun no estoy muy seguro. Sea como fuere he descubierto que, en según que momentos, prefiero comerme una hamburguesa de perro a una vegetariana irascible. Definitivamente el 2011 no me está sentando nada bien.

3 ene 2011

Propósitos para el 2011


Todo blog carente de originalidad que se enorgullezca de ello debe acabar el año con un melancólico post sobre el feliz año nuevo y -tras una obligada resaca- estrenar año con un post sobre los propósitos para los 365 días que se presentan por delante. En los años bisiestos no se formulan propósitos, hasta el mas borracho conoce esto. Atendiendo a que mi originalidad va de capa caída y ya hice un post sobre la llegada del 2011, voy a continuar adentrándome en el mundo de los tópicos y enumerar, para vergüenza pública, mis (des)propósitos para el 2011. Evidentemente ni uno solo tiene porqué ser cumplido. Todo el mundo sabe también que los propósitos de año nuevo son ficción fruto de la culpabilidad de la resaca. Como cuando decimos "te quiero" a alguien antes de acostarnos con él o con ella. Pura ficción.


Mis propósitos para el 2011
-Dejar de ser gigoló amateur y convertirme en gigoló profesional (doblando mis tarifas de 2 euros la hora a 4 euros)
-Adelgazar 87 kilos (y quedarme en solo 100 kgs lo que para un tipo de 1,47 creo que es el peso ideal)
-Aprender a cantar en el karaoke sin escupir sobre las tres primeras filas de mesas.
-Aprender a jugar a las damas sin comerme literalmente las fichas (estando a dieta puede que resulte difícil)
-Dejar de fumar 4 paquetes de cigarrillos al día (con 3 paquetes y medio podré aguantar)
-Encontrar el amor (aunque cueste 100 euros la hora y sea en un bar de carretera)
-Apuntarme al gimnasio
-Borrarme del gimnasio a los diez minutos de haberme apuntado.
-Perfeccionar mi imitación de “Freud comiendo un yogur frente a Marlene Dietrich".
-Fornicar con todas ustedes... o con alguna de ustedes... o simplemente fornicar (aunque sea conmigo mismo)
-Aprender a tocar algún instrumento musical o a alguna top.model noruega.
-Dejar de expulsar ventosidades sumergido en la bañera para hacerme creer a mi mismo que tengo un jacuzzi (sobretodo después de comer fabada o callos).

Bueno, ya soy como ustedes, por fin he conseguido elevarme a los altares del aburrimiento con mis dos últimos post. ¿Estaré dejando de ser gilipollas? A lo mejor el accidente me ha cambiado. Si en mi siguiente post hablo sobre gatitos o sobre niños... pégenme un tiro en la nuca. Háganme ese favor, a mi y al mundo.