
Soy consciente que muchos de ustedes creen que soy un friki, lo que aquí leen no hace mas que alimentar esta idea. Lo se y lo asumo. Pero siempre que crean que hay algo completo, encontraran algo que lo supera. Aunque sea un completo gilipollas.
La conocí en el Salón del Cómic de Barcelona, debería haberme dado cuenta de su nivel de frikismo porque iba disfrazada de noseque heroína del manga que parecía un cruce entre una modosita colegiala, una prostituta de carretera y una elegante maga. Imposible saber si era guapa o no pues llevaba medio kilo de maquillaje y una peluca de color morado que llegaba hasta el suelo. Iba acompañada de un curioso grupo formado por otras dos colegialas-metetrices-magas como ella, un gordo vestido de Batman (sin comentarios) y otros dos muchachos disfrazados de algún monstruo peludo que bien podía ser un gorila amaestrado o una bolsa de aspiradora vuelta del revés. Ella me miró y yo la miré. Ella fingió expresión de asco y yo fingí mi mejor sonrisa (por desgracia mi mejor sonrisa también muestra mi peor dentadura). ¿Cómo conseguí una cita con ella? Fácil, le robé un minibolso de estrellas de colores que colgaba de su espalda y después busqué su nombre en la guía de teléfono y la llamé para anunciarla que había encontrado su bolso. Es fácil convertirse en héroe ¿verdad? No me juzguen, seguro que ustedes han hecho cosas peores por amor.
La (aun mas) friki acudió a la cita a la hora en punto en un bar del centro de Barcelona, iba sin maquillar y debo reconocer que ahora entendía porque se disfrazaba y se maquillaba de aquella manera. Existen mayores posibilidades de ganar una guerra si se domina el arte del camuflaje para llegar hasta el enemigo sin que se de cuenta. No describiré como era, no soy nadie para describir tal inmenso ejercicio de fealdad. Horrible, vamos. Pavorosa, distorsionada, fea a rabiar. Todo adornado con unas gafas de pasta negra como las de Isabel Coixet y un tono de voz barriobajero como el de Belén Esteban. Dos de mis peores pesadillas, ya saben. Pero ella era una mujer y yo soy un completo gilipollas. ¿Que esperan de mi? Ella agradeció el gesto de haberla llamado para devolverle el bolsito con un amago de beso al aire y una media sonrisa tímida. Inmediatamente me reconoció del Salón del Cómic pero no podía saber que yo era el ladrón. Primera batalla ganada. El problema fue continuar la guerra. ¿Que maldito idioma hablaba aquella mujer? Puede que el problema también radicase en que le había hecho creer que era un experto en Manga.
Maldita sea, yo solo voy a esos salones del cómic a ver adolescentes vestidas de colegialas-metetrices-magas. Como todos ¿no? No tengo la menor idea sobre comics, sobre mangas o sobre como diablos se llamen todos esos tebeos que están grapados del revés.
-¿Tu quien crees que es mejor? ¿Naurto o Sasuke? -preguntó ella jugueteando coquetamente con su cerveza.
¿Y yo que diablos sabía de alineaciones de fútbol?
-Messi -respondí rápidamente.
-¿Eso es de Naruto 501?
-No, del Barça.
-¿Y que opinas de Bleach?
Esa respuesta la sabía. Bleach: playa en inglés. Muchos años intentando ligarme suecas en Benidorm dentro de mi bañador Meyba Turbo lo confirman. Algún día pondré una foto. Mejor no.
-La playa me gusta pero me quemo demasiado rápido. Y siempre olvido el bronceador en casa. Además, necesito dos bronceadores como mínimo. Pero este sobrepeso es temporal, retengo líquidos, solo eso.
-He dicho “Bleach”, no “beach” -dijo ella acabando el botellín de cerveza de un solo trago.
La estaba perdiendo. Se imponía un último ataque frontal.
-Vale, lo reconozco. No se demasiado de cómics. Pero debes saber que soy un superheroe. Estaba en el salón buscando villanos. Mi nombre es supergilipollas, el héroe definitivo.
-Mira nene, si quieres follar lo tienes mal. No soy una vestal, lo reconozco. Pero no me acostaría contigo ni aunque fueses disfrazado de Lelouch Lamperouge. ¿Entiendes?
-Absolutamente nada. ¿Que es una vestal?
Moraleja: si quieren ganar una batalla deberían estudiar antes al enemigo.
La (aun mas) friki se fue del bar sin decir ni adiós y yo me quedé solo planeando mi próximo movimiento. Ahora lo se: tengo un año entero antes del próximo Salón del Cómic para preparar un disfraz que la deje sin aliento. Me disfrazaré de vestal, aunque aun no tengo ni idea de que personaje de manga es, nadie lo conoce.
Y encima no pagó las cervezas.
La conocí en el Salón del Cómic de Barcelona, debería haberme dado cuenta de su nivel de frikismo porque iba disfrazada de noseque heroína del manga que parecía un cruce entre una modosita colegiala, una prostituta de carretera y una elegante maga. Imposible saber si era guapa o no pues llevaba medio kilo de maquillaje y una peluca de color morado que llegaba hasta el suelo. Iba acompañada de un curioso grupo formado por otras dos colegialas-metetrices-magas como ella, un gordo vestido de Batman (sin comentarios) y otros dos muchachos disfrazados de algún monstruo peludo que bien podía ser un gorila amaestrado o una bolsa de aspiradora vuelta del revés. Ella me miró y yo la miré. Ella fingió expresión de asco y yo fingí mi mejor sonrisa (por desgracia mi mejor sonrisa también muestra mi peor dentadura). ¿Cómo conseguí una cita con ella? Fácil, le robé un minibolso de estrellas de colores que colgaba de su espalda y después busqué su nombre en la guía de teléfono y la llamé para anunciarla que había encontrado su bolso. Es fácil convertirse en héroe ¿verdad? No me juzguen, seguro que ustedes han hecho cosas peores por amor.
La (aun mas) friki acudió a la cita a la hora en punto en un bar del centro de Barcelona, iba sin maquillar y debo reconocer que ahora entendía porque se disfrazaba y se maquillaba de aquella manera. Existen mayores posibilidades de ganar una guerra si se domina el arte del camuflaje para llegar hasta el enemigo sin que se de cuenta. No describiré como era, no soy nadie para describir tal inmenso ejercicio de fealdad. Horrible, vamos. Pavorosa, distorsionada, fea a rabiar. Todo adornado con unas gafas de pasta negra como las de Isabel Coixet y un tono de voz barriobajero como el de Belén Esteban. Dos de mis peores pesadillas, ya saben. Pero ella era una mujer y yo soy un completo gilipollas. ¿Que esperan de mi? Ella agradeció el gesto de haberla llamado para devolverle el bolsito con un amago de beso al aire y una media sonrisa tímida. Inmediatamente me reconoció del Salón del Cómic pero no podía saber que yo era el ladrón. Primera batalla ganada. El problema fue continuar la guerra. ¿Que maldito idioma hablaba aquella mujer? Puede que el problema también radicase en que le había hecho creer que era un experto en Manga.
Maldita sea, yo solo voy a esos salones del cómic a ver adolescentes vestidas de colegialas-metetrices-magas. Como todos ¿no? No tengo la menor idea sobre comics, sobre mangas o sobre como diablos se llamen todos esos tebeos que están grapados del revés.
-¿Tu quien crees que es mejor? ¿Naurto o Sasuke? -preguntó ella jugueteando coquetamente con su cerveza.
¿Y yo que diablos sabía de alineaciones de fútbol?
-Messi -respondí rápidamente.
-¿Eso es de Naruto 501?
-No, del Barça.
-¿Y que opinas de Bleach?
Esa respuesta la sabía. Bleach: playa en inglés. Muchos años intentando ligarme suecas en Benidorm dentro de mi bañador Meyba Turbo lo confirman. Algún día pondré una foto. Mejor no.
-La playa me gusta pero me quemo demasiado rápido. Y siempre olvido el bronceador en casa. Además, necesito dos bronceadores como mínimo. Pero este sobrepeso es temporal, retengo líquidos, solo eso.
-He dicho “Bleach”, no “beach” -dijo ella acabando el botellín de cerveza de un solo trago.
La estaba perdiendo. Se imponía un último ataque frontal.
-Vale, lo reconozco. No se demasiado de cómics. Pero debes saber que soy un superheroe. Estaba en el salón buscando villanos. Mi nombre es supergilipollas, el héroe definitivo.
-Mira nene, si quieres follar lo tienes mal. No soy una vestal, lo reconozco. Pero no me acostaría contigo ni aunque fueses disfrazado de Lelouch Lamperouge. ¿Entiendes?
-Absolutamente nada. ¿Que es una vestal?
Moraleja: si quieren ganar una batalla deberían estudiar antes al enemigo.
La (aun mas) friki se fue del bar sin decir ni adiós y yo me quedé solo planeando mi próximo movimiento. Ahora lo se: tengo un año entero antes del próximo Salón del Cómic para preparar un disfraz que la deje sin aliento. Me disfrazaré de vestal, aunque aun no tengo ni idea de que personaje de manga es, nadie lo conoce.
Y encima no pagó las cervezas.



