Llevo medio mes de vacaciones gastadas y no he hecho nada
bueno, cosa que tampoco es excepcional pues el resto del año no es
mejor. El problema de las vacaciones es que esperamos demasiado de
ellas, esperamos que, apenas unos días, nos rediman del sufrimiento del
resto del año. Trabajar no es bueno, incluso trabajar poco es malo.
Pero pretender que las vacaciones de verano sean la mejor época del año a
toda costa tampoco parece demasiado lógico. ¿Esforzarse para que? Creo
qué al final resultara que estas vacaciones de verano van a ser tan
aburridas e insatisfactorias como siempre. ¿Han observado ustedes a los perros cuando intuyen que les van a servir la comida o les van a sacar a la calle? Mueven el rabo de un lado a otro, nerviosos, saltando de alegría. ¿Y que sucede cuando están comiendo o en la calle? Nada, no hay alegría, se limitan a caminar o a comer. ¿Por qué digo esto? Porque deben saber ustedes que la felicidad está en la búsqueda, no en la consumación. Gastamos once meses soñando con las vacaciones y luego nos vamos con la suegra, los niños, la sombrilla, la nevera, la mujer, las sillas y las toallas, a una playa abarrotada de otros cuantos gilipollas donde permitimos que el sol nos abrase y nos cobren las cervezas a precio de Champagne francés. ¿Esto es lo que buscamos en la vida?
De acuerdo, pueden ustedes argumentar que también hay gente pasando maravillosas vacaciones en yates o mansiones al borde del mar. Pero esos no trabajan. O también pueden ustedes argumentar que hay gente que pasa once años puteada y ahorrando para irse un mes de vacaciones a Thailandia o a Argentina. De acuerdo, aceptamos pulpo como animal de compañía. Pero esos incansables viajeros pasan once meses al año puteados detrás de una mesa de despacho, soñando con colgarse una mochila a la espalda e irse donde ningún hombre (ni mujer) ha conocido antes.
A lo que vamos, que las vacaciones producen insatisfacción (ya sea por pasiva o activa) a no ser que tengas un yate o una villa en la Toscana.
De acuerdo, pueden ustedes argumentar que también hay gente pasando maravillosas vacaciones en yates o mansiones al borde del mar. Pero esos no trabajan. O también pueden ustedes argumentar que hay gente que pasa once años puteada y ahorrando para irse un mes de vacaciones a Thailandia o a Argentina. De acuerdo, aceptamos pulpo como animal de compañía. Pero esos incansables viajeros pasan once meses al año puteados detrás de una mesa de despacho, soñando con colgarse una mochila a la espalda e irse donde ningún hombre (ni mujer) ha conocido antes.
A lo que vamos, que las vacaciones producen insatisfacción (ya sea por pasiva o activa) a no ser que tengas un yate o una villa en la Toscana.
Siempre dando en el clavo. Creo que lo que nos gusta de las vacaciones (el que las tenga) es el cambio. Ni más ni menos. No es poco, pero cambiar siempre es un poco terapeútico. En el caso de los parados, entre los que me incluyo, se puede sustituir por cambiar los muebles de sitio, cambiar de look, salir más o salir menos, o, simplemente, ver una peli que hace mucho que quieres ver. El cambio mola, si señor. Saludos.
ResponderEliminarEl cambio mola, excepto si es de sexo, es doloroso...
EliminarSiempre suyo
Un completo gilipollas
Desde luego es de gilipollas poner tantas espectativas en las vacaciones...
ResponderEliminarSu sagacidad solo es comparable a la de Sherlock Holmes, querido.
EliminarSiempre suyo
Un completo gilipollas
Aquí una que ha estado puteada ahorrando para las vacaciones... Cuando sea mayor seré rica, decidido. Cordiales saludos.
ResponderEliminarUsted ya está bien rica, querida
EliminarSiempre suyo
Un completo gilipollas
¡Le doy toda la razón! "la felicidad está en la búsqueda" y yo lo corroboro... pensando en la depre post-vacacional ¿para qué nos vamos si sabemos que nos vamos a entristecer al volver?. Definitivamente somos peores que las ovejas (sabía que es el animal más tonto? peor que nosotros?).
ResponderEliminarCon su permiso, me pongo cómoda y me quedo un rato.
Salud y orujo.